Daniel Corona

EL TEMPLO SHAOLIN: UNA MEMORIA VIVA ENTRE CHINA Y EL VALLE DE MÉXICO

Quienes quieran acercarse pueden hacerlo sin requisitos previos. “Kung fu y tai chi tienen un estilo para cada persona”. Niños, adultos mayores, competidores o quienes apenas buscan respirar mejor. Todo cabe en esa escuela que nació antes de tener nombre, en un departamento lleno de estudiantes chinos, en un viaje universitario de 1977 que sembró una semilla que todavía sigue creciendo.

Ciudad de México, 21 de noviembre (MaremotoM).- En el corazón de la Ciudad de México funciona una escuela que no comenzó como escuela, sino como un hilo familiar, un relato íntimo tejido con viajes imposibles, estudiantes chinos en un departamento de Mixcoac y una curiosidad que terminó convirtiéndose en vocación.

El Templo Shaolin de México —hoy una asociación civil consolidada, con sedes en la capital y varios estados del país— tiene más de veinte años de existencia formal y más de cuarenta de historia silenciosa, doméstica, casi accidental. Su fundador, Daniel Corona, habla de ese origen con la naturalidad de quien conoce un linaje no escrito.

“La asociación se constituyó en 2005”, recuerda, “pero en realidad tiene unos 45 o 48 años, desde que mis papás empezaron los intercambios culturales con China”. Fue 1977 la fecha que partió todo en dos: el primer viaje organizado por la UNAM y la antigua Sociedad de Amistad con China, una época en que el país asiático no era destino turístico, sino un territorio que todavía despertaba recelo y desconocimiento.

Templo Shaolín de México
El Templo Shaolín de México en la embajada de México en China. Foto: Cortesía

En ese grupo viajaban sus padres y, aunque él apenas era un bebé, las imágenes de su infancia quedaron llenas de rostros chinos soplando velas o caminando por la playa. “Yo decía: ¿por qué en mis memorias infantiles siempre hay chinos? Hasta que me explicaron que los estudiantes se quedaban en la casa”.

De ese clima nacieron los primeros impulsos por las artes marciales, aunque no de forma directa. “Yo empecé en karate”, cuenta, una práctica japonesa que nada tenía que ver con lo que sus padres habían visto en Beijing o Henan. Fue su hermana Elisa quien insistió en buscar algo auténticamente chino. Derivaron primero en escuelas que imitaban la estética de Bruce Lee, instituciones que aseguraban enseñar kung fu pero que, con el tiempo, revelaban su impostura. “Era frustrante. Por eso decidimos buscar las artes marciales chinas originales, los maestros reales, entender de dónde venían”.

Templo Shaolín de México
El Templo Shaolín de México en la embajada de México en China. Foto: Cortesía

El camino los llevó a un descubrimiento mayor: que “kung fu” y “wushu” no son disciplinas cerradas, sino un universo de estilos ancestrales. “China es enorme. Cada región desarrolló técnicas distintas. Hay tantos estilos que siempre hay uno que se ajusta a lo que buscas”. En los años cincuenta, cuenta, el gobierno chino intentó ordenar ese caos fértil: clasificar, nombrar, distinguir. Como si se tratara de un gran recetario nacional —dice él— donde el mole, según quien lo cocine, cambia de color y de acento, pero conserva la misma raíz.

Su escuela, que hoy alberga varios grupos en la capital y en estados como Hidalgo, Quintana Roo y Morelos, mantiene esa misma idea de diversidad. Junto a los alumnos que buscan competir en Asia —tres ya se llevaron medallas de oro en campeonatos oficiales de Tai Chi y Kung Fu— hay quienes llegan por razones más íntimas: artritis, estrés, diabetes, la necesidad de mover el cuerpo entero y no solo las extremidades. “El valor más grande de estas disciplinas es la salud. Física, mental y espiritual”.

Corona insiste en que la medicina tradicional china parte de una noción simple: el cuerpo enferma por estancamiento de la sangre. “Si no hay circulación, hay enfermedad. Por eso el movimiento debe ser integral. Caminar solo ejercita las piernas; levantar pesas solo fortalece los brazos. Kung fu y tai chi mueven todo el cuerpo al mismo tiempo”. Sus alumnos, entre ellos personas con esclerosis múltiple, han documentado mejoras médicas visibles, algo que lo impulsa a seguir registrando cada caso.

Templo Shaolín de México
Seminario con maestros chinos. Foto: Cortesía

El Templo Shaolin de México recibe cada año a maestros chinos que viajan para impartir clases y compartir filosofía. El intercambio funciona también en sentido contrario: competidores mexicanos viajan a entrenar y a participar en mundiales. La escuela ha crecido tanto que pronto abrirá un cuarto punto de estudio en la capital. “La mayoría de quienes llegan no quieren competir. Vienen por salud, por cultura, por aprender algo distinto”.

Al hablar de política, Corona es prudente. “Las decisiones de China son difíciles de juzgar sin tener toda la información”, comenta. En su lectura, la transformación del país asiático en cinco décadas es una evidencia que pesa más que los juicios externos. “En 1977 México era próspero y China era pobre. Cuarenta años después viajamos en direcciones opuestas”. Su escuela se mantiene lejos de esas polémicas, enfocada en lo que considera la esencia de ese legado cultural: disciplina, salud, movimiento.

Su relación con la práctica es profunda, pero también práctica. Además de dirigir la escuela, es competidor activo: dos veces campeón panamericano de Kung Fu y Tai Chi, con medallas de plata en campeonatos mundiales en China. Aun así, insiste en que su “vocación está en dar salud”. Habla entonces de su padre, dueño de librerías, quien prefería vender libros antes que abrir un bar. “Decía que vender libros era ganar dinero ofreciendo algo bueno. Creo que heredé ese sentimiento”.

Templo Shaolín de México
Daniel Corona es maestro y además competidor. Foto: Cortesía

Esa filosofía —vivir de algo que hace bien a otros— sostiene al Templo Shaolin de México tanto como cualquier forma técnica. “Este es el negocio perfecto”, dice. “Hago ejercicio, estoy sano, me pagan y les doy salud a los demás. ¿Para qué poner otro negocio?”. Recuerda un proverbio chino que repite con frecuencia: dedícate a lo que te gusta para que nunca tengas que trabajar.

Quienes quieran acercarse pueden hacerlo sin requisitos previos. “Kung fu y tai chi tienen un estilo para cada persona”, asegura. Niños, adultos mayores, competidores o quienes apenas buscan respirar mejor. Todo cabe en esa escuela que nació antes de tener nombre, en un departamento lleno de estudiantes chinos, en un viaje universitario de 1977 que sembró una semilla que todavía sigue creciendo.

Templo Shaolin de México
Sitio web: kungfu.com.mx