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Algunos apuntes sobre el estado de la industrial editorial mexicana 2023

El pasado jueves tuve la oportunidad de participar en la asamblea anual de la CANIEM, es decir, la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana que engloba a alrededor de 240 editoriales mexicanas agrupadas entre los grandes sellos de libros de texto y académicas, comercial, independientes, infantiles, universitarias y despachos de edición del país.

Ciudad de México, 23 de marzo (MaremotoM).- La Caniem, que este año cumple 60 años, está dirigida actualmente por el ingeniero Hugo Setzer, director de la editorial académica Manual Moderno y a quien le ha tocado llevar las riendas en una parte de este sexenio que, para los libros y la cultura escrita, han sido particularmente difíciles por muchos motivos, entre los que enumeraré los más significativos.

El primero fue el cierre de librerías durante la pandemia y el lento reaccionar que tuvo la industria ante este fenómeno. Recuerdo estar, dentro del comité directivo de la Cámara y, en un nuestras reuniones en zoom preguntarnos qué hacer y no encontrarle la cuadratura al tema.

A la pandemia se le sumó la salida del gobierno federal del sistema: dejaron de ser coeditores de muchas editoriales independientes, dejaron de comprar libros para las bibliotecas de aula, ocurrió la famosa quita del FCE-Educal a sus acreedores y finalmente, dejaron comprar los libros de texto de secundaria, con lo que realmente le dieron un gran golpe a los editores mexicanos, sobre todo a los más pequeños, ya que los editores de libros de interés general suelen ser grupos mucho más consolidados y con más estrategias de venta.

Aún así, los números que, si bien podrían ser mejores, son representativos de una industria editorial en proceso de recuperación.

En 2022 se solicitaron 27,582 mil números de ISBN, pero de estos, el 36% fue asignado a libros digitales, lo que aumenta su presencia en el mercado nacional de libros en este formato. Parece un gran número, pero aún así, representan apenas el 10% de los ISBN solicitados en América Latina, donde Brasil, en el mismo periodo, solicitó más del 179 mil números y el menor, Costa Rica, 1900.

Según Nielsen Bookscan, en 2023 se espera que el volumen de facturación por libros en nuestro país alcancen los 29 millones de ejemplares, con una facturación de 7,631 millones de pesos, esto representa un aumento del 1.3 en comparación con el año anterior.

En México, el volumen de venta no lo tienen los lectores de ficción, sino los de no ficción, que representan más del 52% de la venta del año. Es decir, hay más lectores de libros utilitarios que de novelas o géneros parecidos.

Grano de Sal
Con todo para el 2024. Foto: Cortesía

En México, el costo promedio de los libros es alto, ya que ronda los 263 pesos, de estos, el promedio de los libros infantiles es de 203 pesos, siendo los más bajos del mercado, por los 309 que cuestan los libros de interés general.

Una nota alarmante es que, de los mayores de 18 años que leyeron un libro, hubo un decremento de dos puntos porcentuales el 2023, bajamos de 43% al 4o.8. Casi el 72% de los lectores en nuestro país prefiere leer en formatos impresos, pero el 28% que lo hace en otras plataformas avanza.

Ley general de Bibliotecas

Finalmente, entre los gastos en insumos culturales, México y sus industrias culturales públicas y privadas, gastan alrededor de 28,769 millones de pesos, siendo el quinto rubro en el capítulo de cultura, con un porcentaje de 4.7% y en donde nos lleva de calle el gasto en la elaboración de artesanías, que es del orden del 24% anual. Sí, gastamos más en sombreros y tazas decorativas que en libros.

Solo para precisar un poco el tema de la facturación, son facturaciones aun sin el desglose: es decir, sin la repartición de los costos de la cadena del libro, es decir: este monto se reparte entre librerías, editoriales, distribuidores, gente del mundo de la edición y al final de la cadena, como siempre, los autores.

 

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