La Casa Centanni se ha convertido en el refugio ideal para los showmen que conjugan música, ironía y palabra. Entre jazzistas virtuosos y un público ávido de humor inteligente, aparece Andreas Zanetti, pianista y comediante mexicano que promete un espectáculo inolvidable: una mezcla precisa de música, sarcasmo y una risa que ahoga la tristeza.
Ciudad de México, 15 de julio (MaremotoM).- “Este espectáculo es una combinación de música y humor, con piezas improvisadas que calzan tanto en jóvenes como en adultos”, dice Zanetti. El elenco que lo acompaña no es menor: músicos de altísimo nivel, uno de ellos con cinco Grammys, otro director de jazz en un conservatorio. El repertorio va de Bruno Mars a Carlos Gardel, pasando por tangos, temas de Chicagoy hasta música de cine.
Aunque Zanetti no se autodefine como cantante, sí canta, pero, sobre todo, toca el piano con maestría y entre notas y acordes, desliza chistes, guiños y reflexiones cómicas sobre el absurdo de la vida. “El humor blanco me encanta. Con él la gente llora de la risa y eso es lo que yo quiero”, afirma.

A pesar de que su estilo remite inevitablemente a Les Luthiers o Andrés Bustamante, él sabe que el público mexicano tiene códigos propios. “Si no hablas como habla la gente en la calle, no te entienden. Yo no baso mi comedia en las malas palabras, pero sí hablo como todos hablamos”, explica. Esa mezcla de limpieza verbal e ironía filosa es lo que hace que su humor sea efectivo, pero no agresivo.
Zanetti cree que el sarcasmo es la última frontera de la comedia. Cita a Rowan Atkinson (Mr. Bean): “Si algo te ofende, el problema no es el chiste, el problema es tuyo”. Y aunque toca todos los temas sin censura, intenta no dejar a nadie herido. Solo en una ocasión, dice, alguien se sintió molesto. “Pero le dije: señora, si le ofende, quizás usted tiene algo que trabajar por dentro”.
Más allá del sarcasmo, hay una dimensión emocional profunda en su espectáculo. Recuerda una joven que, tras perder a su padre, fue a uno de sus shows. “Me dijo: pensé que no me iba a volver a reír. Lloré de la risa. Y publicó en redes: ‘Papá, esto te hubiera encantado’”. Para Zanetti, eso es exactamente el propósito del humor: ser una válvula emocional.
El show que presenta es un collage donde caben Casablanca, las bandas sonoras más nostálgicas y una crítica lúdica a la realidad. “La música de cine también puede ser divertida. Comparamos la música romántica de antes con las películas de ahora, y la gente se ríe muchísimo”, asegura.
Zanetti no solo entretiene: invita a mirar la vida con lentes más amables. “La realidad hay que amueblarla para poder sobrevivirla”, dice. Y lo hace a través del piano, la risa y el arte de la palabra.











