Cuando le preguntan por el término emergencia climática, Escrivà no titubea: “Emergencia climática ha quedado vacía de contenido. Se banaliza si no va acompañada de acciones reales”
Ciudad de México, 6 de octubre (MaremotoM).- Andreu Escrivà (València, 1983), licenciado en Ciencias Ambientales y doctor en Biodiversidad, es hoy un nombre en primera fila en la divulgación del cambio climático en español. Su nueva obra, Emergencia climática —Preguntas, respuestas, mitos y excusas (Los Libros del Lince, 2024), no pretende ser un tratado técnico, sino un espejo para quienes se preguntan qué hacer ante un mundo que arde.
“Emergencia climática no es solo una advertencia, es una exploración sin complejos de un mundo en llamas”, escribe en la contraportada. En su texto rehúye el academicismo y la saturación de datos: busca que cada lector reconozca su lugar ante el desastre.
Cuando le preguntan por el término emergencia climática, Escrivà no titubea: “Emergencia climática ha quedado vacía de contenido. Se banaliza si no va acompañada de acciones reales”
Él prefiere la expresión crisis climática, porque “si dices que hay una emergencia pero no actúas como tal, pierdes credibilidad”.
De hecho, en su libro, el término “cambio climático” aparece unas setenta veces, mientras que “crisis climática” y “emergencia climática” se usan menos deliberadamente. Esa elección, según él, no es casual: busca evitar que el lenguaje se vuelva mero eslogan vacío.

Para Escrivà, una de las mayores barreras para actuar está en nuestros hábitos: “Somos muy reacios a cambiar lo que consumimos, porque construimos identidad con lo que compramos, lo que comemos, cómo viajamos”.
“Ahora parece que todo es sostenible, cuando no lo es. Necesitamos una regulación urgente contra el greenwashing”, ha dicho a la agencia EFE.
No basta con usar un producto “ecológico” si la empresa detrás sigue invirtiendo en combustibles fósiles. El cambio verdadero, dice, exige que evaluemos la proporción de acciones frente al impacto global
Escrivà no es optimista ingenuo. Sabe que muchas pérdidas ya son irreversibles, pero sostiene: “Aún no es tarde para evitar un cambio climático catastrófico”´
También lanza duras críticas al modelo mediático y a la sobreexposición digital:
“Muchas veces hemos pensado que decir los grandes datos es suficiente, pero hay que traducirlos, conectar con lo que le importa a la gente”, fue la manifestación ante Amnistía Internacional.
“Durante el confinamiento yo no leí ni una página. No podía. Lo único ‘productivo’ fue limpiar y tirar papeles”. Para él, el problema no es solo qué decimos del clima, sino cómo lo vivimos en el día a día.
Escrivà busca que su libro funcione como guía y como vacuna contra la desinformación. En Emergencia climática, desmonta mitos y apunta que no basta con teorías: se necesita acción colectiva. En su entrevista con IHOBE declaró:
“No tenemos que decir que vamos a vivir peor para frenar el cambio climático, sino que vamos a frenarlo para vivir mejor”
La conversación concluye con una idea estimulante: la educación ambiental pública debe dejar de ser un extra y volverse parte del tejido social. Solo así podremos exigir, entender y decidir juntos hacia dónde vamos en este planeta que arde.











