El rostro perfecto de Thelma & Louise se transformó en un artista complejo que ha dejado huella dentro y fuera del cine.
Ciudad de México, 25 de agosto (MaremotoM).- A sus 61 años, Brad Pitt no solo sigue siendo el galán que conquistó Hollywood en los noventa: también es un actor de prestigio, un productor multipremiado y un hombre que ha sabido atravesar crisis personales para reinventarse.
El rostro perfecto de Thelma & Louise se transformó en un artista complejo que ha dejado huella dentro y fuera del cine.
Brad Pitt entró a la gran pantalla con papeles menores hasta que su aparición como el aventurero en Thelma & Louise (1991) lo convirtió en símbolo sexual global. Sin embargo, no se quedó en la imagen: protagonizó películas icónicas como Seven, Fight Club y The Curious Case of Benjamin Button y ganó el Oscar como actor de reparto por Once Upon a Time in Hollywood.
En paralelo, consolidó su rol como productor con Plan B Entertainment, responsable de títulos de enorme impacto como 12 Years a Slave (Oscar a Mejor Película), The Big Short, Moonlight, Minari, If Beale Street Could Talk y She Said. Su ojo para elegir historias con densidad social y estética lo convirtió en referente detrás de la cámara.
Entre Angelina Jolie y la reconstrucción personal
Su matrimonio con Angelina Jolie fue el espectáculo mediático de Hollywood: la pareja perfecta que deslumbraba en las alfombras rojas y que también se comprometía con causas humanitarias. El divorcio, finalizado legalmente en 2024 tras ocho años de batallas, lo dejó en el centro del ojo público. Él mismo lo minimizó en su reciente entrevista con GQ: “No creo que fuera algo tan mayor. Solo algo que se concretó. Legalmente”.
En ese mismo diálogo confesó sentirse en paz, viviendo “una vida contenida, cálida y segura” al lado de amigos cercanos y de su actual pareja, Inés de Ramón.

Superó además un periodo marcado por el alcoholismo. Desde 2016 asiste a Alcohólicos Anónimos y ha hablado de lo “increíble” de esa experiencia, donde encontró fraternidad y honestidad. Esa reconstrucción personal es, tal vez, la clave de su nuevo equilibrio.
Pitt no es solo cine. La arquitectura es otra de sus grandes pasiones. Narró series documentales sobre diseño, estudió proyectos con Frank Gehry y fundó la Make It Right Foundation, con la que levantó viviendas sostenibles tras el huracán Katrina en Nueva Orleans. El proyecto enfrentó demandas por defectos en las casas, pero es todavía una muestra de su compromiso social más allá de Hollywood.

Lejos de ser un actor distante, Pitt se ha pronunciado en varias causas:
Apoyó la investigación con células madre embrionarias y la campaña presidencial de John Kerry en 2004.
Defendió el matrimonio igualitario en California y participó en obras contra la Proposición 8.
Junto a George Clooney y Don Cheadle impulsó la organización Not On Our Watch, para denunciar crímenes de lesa humanidad en Darfur.
Donó millones de dólares a campañas contra la pobreza y la propagación del SIDA.
Sobre la política estadounidense, expresó preocupación por la polarización con Trump y el Brexit, analizando cómo los discursos simplistas atraen a sectores castigados por la crisis económica.
En sus discursos públicos, incluso al recibir el Oscar, no evita las alusiones críticas y aprovecha el escenario para hablar de unidad y justicia social.
La camaradería con George Clooney es otro rasgo que lo define. Juntos protagonizaron la saga Ocean’s Eleven y han compartido proyectos sociales. Clooney lo llama su “hermano” y Pitt, con humor, suele referirse a él como un compañero vital en esta etapa madura de sus carreras.
En la portada de GQ, a sus 61 años, Pitt luce botas Saint Laurent de más de 4.500 dólares: elegante, seguro, consciente de su legado. También protagoniza F1: The Movie, la cinta más taquillera de su carrera. Pero más allá del brillo, lo que sorprende es su madurez: ya no el ícono rebelde de los noventa, sino un hombre que combina sobriedad, inteligencia creativa y sensibilidad social.











