Cantinflas es un cómico que se encuentra arraigado en el imaginario popular mexicano, junto a Resortes, Tin Tan, Capulina, Piporro y otros tantos. Vale la pena revisitar sus películas, especialmente las sátiras políticas que hasta la fecha no caducan.
Ciudad de México, 12 de agosto (MaremotoM).- Las películas Si yo fuera diputado, Su Excelencia y El Ministro y yo, de Cantinflas -con la dirección de Miguel M. Delgado- son una denuncia contra el gobierno y la diplomacia, centrándose en las mañas electorales y en el hombre que cree tener autoridad y “mira por encima del hombro” a la ciudadanía.
Mario Moreno en la trilogía hace gala de su sello personal al cantinflear (según el diccionario: hablar sin comunicar nada útil), sin embargo, en los discursos dirigidos al pueblo y a los funcionarios, “entre broma y broma, la verdad se asoma” y arremete contra el poder.
Si yo fuera diputado (1952) es una película protagonizada por Cantinflas, Gloria Mange y Andrés Soler. Cantinflas es un peluquero que atiende regularmente a don Juan, el corte de cabello lo intercambia por clases de derecho. Pasado el tiempo y ante las injusticias que acontecen en la comunidad, el joven peluquero es llamado a postularse como diputado por la gente que lo rodea, entre ellos su enamorada Sarita.
En su discurso de campaña, Cantinflas dice: “Pueblo que me escucha, aquí me tienen delante de ustedes y ustedes delante de mí y es una verdad que nadie podrá desmentir. Y ahora me pregunto ¿y por qué estoy aquí? Y enseguida tengo mi respuestación, porque yo soy muy rápido en todo. Estoy aquí porque no estoy en ninguna otra parte y porque ustedes me llamaron. Y si el pueblo me llama, el pueblo sabrá por qué lo hizo. Yo contrariamente a lo que dijo cierto sujeto que no quiero pronunciar su nombre pero que lo estoy viendo, no represento a ningún partido, y no represento a ningún partido, porque me represento yo solito, porque como dice el dicho “más vale solo que mal acompañado”. Agradezco estos aplausos tan desnutridos a la par que merecidos, que me incitan a seguir discursiando. Y ustedes se preguntarán, este joven de tan tierna edad, de aspecto tan distinguido, de facciones regulares y agradables, ¿será capaz de conducir la nave a buen puerto? ¿será capaz de sortear todos los peligros hasta encontrar el faro de felicidad donde nos deje positivamente seguros? Y este joven, este mismo, entre paréntesis es el que les habla, les contestará: A pesar de ser tan pollo, tengo más plumas que un gallo y sobre todo tengo ganas de hacer justicia y darle al pueblo lo que el pueblo necesita. Yo al revés de otros les voy a dar pan, pero mucho pan, no bolillo como siempre les han dado”.
En las palabras de Cantinflas, dejando a un lado sus pleonasmos y jiribillas, se puede apreciar un discurso contra la institución partidista y a favor de las candidaturas independientes. El respaldo que recibe el peluquero por parte de un abogado y la colonia es una muestra de política ciudadana; a diferencia de la candidatura de don Próculo representante del partido hegemónico, quien tiene un cacicazgo local mediante negocios infames y pistoleros que le hacen el trabajo sucio. Un muchacho que vive entre gente necesitada tiene más posibilidad de ser mejor funcionario que un señor rancio y avaro, como los que abundan desgraciadamente en la política. Creen poder comprar el puesto para incrementar su fortuna, ellos ganan dinero y al mismo tiempo muchos perdemos educación, salud, alimento, trabajo, seguridad y la tranquilidad.
Siguiendo con el cine de comedia y política de Mario Moreno, Su Excelencia (1967) es una película protagonizada por Cantinflas y Sonia Infante. Lopitos es un oficinista en la Embajada de la República de los Cocos, donde es normal ver un tumulto de gente que quiere tramitar su visa. Por cuestiones del destino, Lopitos da un discurso en la Magna Asamblea Internacional, una parodia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Al subir al estrado, Cantinflas pronuncia: “Señor Primer Ministro, Señor Ministro de Relaciones Exteriores, […]. Me ha tocado en suerte ser el último orador, cosa que me da mucho gusto porque como quien dice así me los agarro cansados. Sin embargo, sé que a pesar de la insignificancia de mi país que no tiene poderío militar ni político, ni económico, ni mucho menos atómico; todos ustedes esperan con interés mis palabras ya que de mi voto depende el triunfo de los verdes o de los colorados. Estamos pasando un momento crucial en que la humanidad se enfrenta… ante la misma humanidad. Estamos viviendo un momento histórico en que el hombre científica e intelectualmente es un gigante, pero moralmente es un pigmeo.
[…] No considero justo que la mitad de la humanidad sea la que fuere quede condenada a vivir bajo un régimen político y económico que no es de su agrado, solamente porque un frívolo embajador haya votado o lo hayan hecho votar en un sentido o en otro. Por eso yo, su amigo el que les habla no votaré por ninguno de los dos bandos. Y yo no votaré por ninguno de los dos bandos debido a tres razones: primero, porque repito que no sería justo que el sólo voto de un representante que a lo mejor está enfermo del hígado, decidiera los destinos de cien naciones; segunda, porque estoy convencido de que los procedimientos, repito, recalco, los procedimientos de los colorados son desastrosos (aplausos de los verdes); y tercera, porque estoy convencido de que los procedimientos de los verdes tampoco son de lo más bondadoso que digamos (aplausos de los colorados). Y si no se callan de plano yo ya no sigo […]
Insisto que hablo de procedimientos y no de ideas ni de doctrinas, para mi todas las ideas son respetables, aunque sean ideitas o ideotas, y aunque no esté de acuerdo con ellas. […] Todos creemos que nuestra manera de ser, nuestra manera de vivir, nuestra manera de pensar y hasta nuestro modito de andar son los mejores, y […] tratamos de imponérselo a los demás y si no los aceptan, decimos que son unos tales por cuales, y al ratito andamos a la greña. ¿Ustedes creen que eso está bien? Tan fácil que sería la existencia si tan solo respetásemos el modo de vivir de cada quien. Hace cien años ya lo dijo una de las figuras más humildes, pero más grandes de nuestro continente: “El respeto al derecho ajeno es la paz” (aplausos de todos).
[…] Yo estoy de acuerdo con todo lo que dijo el señor representante de Salchichonia, con humildad, con humildad de albañiles no agremiados, debemos de luchar por derribar la barda que nos separa, la barda de la incomprensión (un general lo mira antipáticamente), la barda de la mutua desconfianza, la barda del odio. El día que lo logremos, podremos decir que nos volamos la barda. ¡Pero no la barda de las ideas! Eso no, nunca. El día que pensemos igual y actuemos igual, dejaremos de ser hombres para convertirnos en máquinas, en autómatas. Ese es el grave error de los colorados, el querer imponer por la fuerza sus ideas y su sistema […] Hablan de libertades humanas, pero yo les pregunto, ¿existen esas libertades en sus propios países? Dicen defender los derechos del proletariado, pero sus propios obreros no tienen ni siquiera el derecho elemental de la huelga. Hablan de la cultura universal al alcance de las masas, pero encarcelan a sus escritores porque se atreven a decir la verdad. […] El que quiera ser colorado que lo sea, pero que no pretenda teñir a los demás.
[…] y ahora mis amigos verdes, ¿qué dijeron? Ya votó por nosotros, pues no jóvenes. […] Ustedes también son medio soberbios, como si el mundo fueran ustedes […] Y hablan de paz, de democracia y de cosas muy bonitas, […] también pretenden imponer su voluntad por la fuerza, por la fuerza del dinero. […] Ustedes […] se han olvidado de los más bellos valores del espíritu, pensando sólo en el negocio. Poco a poco se han ido convirtiendo en los acreedores de la humanidad y por eso la humanidad los ve con desconfianza. […] El señor embajador de Doladoria dijo que el remedio para todos nuestros males estaba en tener automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión. Y yo me pregunto ¿para qué queremos automóviles si todavía andamos descalzos? ¿para qué queremos refrigeradores si no tenemos alimentos que meter dentro de ellos? ¿para qué queremos tanques y armamentos si no tenemos suficientes escuelas para nuestros hijos? (aplausos).
Debemos de pugnar para que el hombre piense en la paz […] Está aspiración no será posible si no hay abundancia para todos, bienestar común, felicidad colectiva y justicia social. Es verdad que está en manos de ustedes los países poderosos de la Tierra, verdes y colorados, el ayudarnos a nosotros los débiles; pero no con dádivas ni con préstamos o alianzas militares. Ayúdenos pagando un precio más justo, más equitativo por nuestras materias primas, ayúdenos compartiendo con nosotros sus notables adelantos en la ciencia y en la técnica, pero no para fabricar bombas, sino para acabar con el hambre y la miseria (aplausos). […] Practiquen la tolerancia y la verdadera fraternidad que nosotros sabremos corresponderles, pero ya dejen de tratarnos como simples peones de ajedrez en el tablero de la política internacional. Reconózcanos como lo que somos, no solamente como clientes o como ratones de laboratorio, sino como seres humanos, que sentimos, que sufrimos, que lloramos.
Señores representantes […] hace exactamente 24 horas que presenté mi renuncia como embajador de mi país […] consecuentemente no les he hablado a ustedes como Excelencia, sino como un simple ciudadano, como un hombre libre, como un hombre cualquiera, pero que, sin embargo, cree interpretar el máximo anhelo de todos los hombres de la Tierra. El anhelo de vivir en paz, el anhelo de ser libres, el anhelo de legar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un mundo mejor en el que reine la buena voluntad y la concordia. Y qué fácil sería señores, lograr ese mundo mejor en que todos los hombres […] pudiésemos vivir como hermanos, si no fuéramos tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos. Si tan sólo rigiéramos nuestras vidas por las sublimes palabras que dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin frac ni condecoraciones: “amaos, amaos los unos a los otros”, pero desgraciadamente ustedes entendieron mal, confundieron los términos, ¿y qué es lo que han hecho? Lo que hacen: armaos los unos contra los otros. He dicho…”
El discurso de Mario Moreno al estilo Chaplin en su película El gran dictador (1940) cuestiona las medidas políticas de países comunistas y capitalistas, Salchichonia supongo en referencia a Polonia (ahora gobernada por la derecha) y Doladoria a Estados Unidos (ahora con un gobierno demócrata de pseudoizquierda). Polonia en la década de los 60´s (cuando se realizó la película) se caracterizaba por ser comunista bajo el gobierno de Aleksander Zawadzki y Estados Unidos en dicho tiempo libraba la Guerra Fría, representando al bloque occidental capitalista.
Dicen que “hablando se entiende la gente”, sin embargo, los grupos de poder jamás dejarán en paz a sus dominados, oprimidos, sometidos; para vivir bien unos cuantos (al menos en lo económico) en un país capitalista, se tiene que vivir mal en otras naciones. Los recursos naturales y la mano de obra de un país “pequeño” son entregados a un país “grande”. Los créditos bancarios y de organizaciones supranacionales se encargan de primeramente seducir, para después secuestrar a naciones necesitadas de apoyo. Los países comunistas o del llamado Tercer Mundo, por si fuera poco, mediante su gobierno corrupto terminan con las pocas oportunidades a favor del pueblo.
En la actualidad es complicado esbozar un panorama político internacional porque países que catalogamos como capitalistas o comunistas, comparten estrategias para prevalecer en la cima. Estados Unidos, Rusia y China juegan con ambos sistemas económicos e ideologías, la agenda ante medios de comunicación y las acciones ante instituciones financieras son parecidas. El egoísmo de unos cuantos hombres se impone al objetivo que tiene la mayoría de alcanzar el bien común. La educación y la cultura tampoco ayudan, al promover ideas mediante universidades y museos que refuerzan al grupo opresor. La trinchera que queda es la de un círculo de personas muy amplio, de distintas profesiones y con un sueño en común, que combaten desde la cotidianidad.
Para cerrar la trilogía del personaje con el bigotito peculiar, la película “El ministro y yo” (1976) tiene a Cantinflas, Chela Castro, Lucía Méndez y Ángel Garasa en los papeles principales. Narra la historia de Mateo Malgarejo, mecanógrafo que de pronto debido a su simpatía y disposición por ayudar, es contratado por un alto funcionario para trabajar en la burocracia. Con el día a día en la oficina, se da cuenta del maltrato por parte de los empleados públicos a la gente, el servilismo de funcionarios ante la autoridad, el nepotismo, entre otras cuestiones que entorpecen la administración gubernamental.
Cuando es despedido injustificadamente, Mateo ofrece las siguientes palabras a sus excompañeros: “Ustedes tienen un concepto muy equivocado de lo que es la burocracia. ¿Saben de dónde proviene esa palabrita? Buro del francés “bureau” que en español quiere decir escritorio, y cracia del griego “kratos” que significa poder, en otras palabras, es decir, ustedes ejercen el poder desde los escritorios. Pero no toda la culpa es de ustedes, no, si ustedes son buenas gentes. La culpa más bien es de sus superiores, de gente […] que son aves de paso, que no han sabido inculcar en los empleados públicos el verdadero sentido de la burocracia y de la responsabilidad que esta encierra, porque las fallas en la administración frenan el desarrollo, el progreso, la democracia. ¿Saben lo que es democracia? El poder del pueblo por el pueblo, y aunque ustedes también son pueblo, se olvidan de los que están allá afuera, de los que esperan, de los que hacen cola como estos (señalando a las personas con papeles en mano) que también son pueblo. Y que ellos dependen de ustedes, pero ustedes también dependen de ellos, porque ellos pagan sus impuestos, sus contribuciones, están pagando el sueldo de todos ustedes, sus vacaciones, sus servicios médicos y sus jubilaciones. En otras palabras, todos necesitamos de todos. Vivimos en un mundo agresivo, en un mundo ambicioso, en un mundo donde nadie creemos en nadie, en donde hemos perdido hasta nuestra propia fe. Porque… ¿por qué les estoy hablando? Si a lo mejor ni me entienden, estoy predicando en el desierto, de manera que ya me voy […] Adiós mis excompañeras y excompañeros de trabajo, si a eso se le puede llamar trabajo” (los ciudadanos que esperan realizar un trámite aplauden y vitorean).
Sobra ejemplificar las vivencias del mexicano de a pie en cuanto a los trámites burocráticos, aquel que no conoce a quien atiende o carece de recursos para pagar coyote y agilizar el papeleo está destinado a esperar horas formado afuera de la dependencia o en un banquillo incomodo de oficina, mientras el personal administrativo chismorrea o se hace guaje; quienes (en su mayoría), son gente sin vocación que siguen entrando por palancas o compran la plaza. Total, las personas que no alcancen a realizar el trámite absurdo impuesto por el gobierno pueden volver el día de mañana para seguir esperando, seguramente no tienen vida personal, familiar, laboral o recreativa.
Cantinflas es un cómico que se encuentra arraigado en el imaginario popular mexicano, junto a Resortes, Tin Tan, Capulina, Piporro y otros tantos. Vale la pena revisitar sus películas, especialmente las sátiras políticas que hasta la fecha no caducan.











