Charlie Sheen

CHARLIE SHEEN: EL RESUCITADO QUE HA CONVERTIDO LOS ESCÁNDALOS EN TESTIMONIO

Hoy, Charlie Sheen vive lo que llama “tiempo extra o la décima vida”. Ya no es el hombre que coleccionaba titulares por sus excesos, sino alguien que aprendió a narrar sus heridas sin esconderlas. Su resurrección no borra sus escándalos: los convierte en testimonio de que, incluso en el epicentro del caos, puede encontrarse una salida.

Ciudad de México, 9 de septiembre (MaremotoM).- Hace poco más de una década, Charlie Sheen era sinónimo de exceso: adicciones, fiestas interminables, prostitutas, demandas, peleas con los estudios y titulares que parecían anunciar su autodestrucción. Hoy, con 60 años cumplidos, el actor ha emergido de aquellas cenizas: sobrio, reflexivo y dispuesto a contar su historia sin filtros. “Prefiero estar algo blando y vivo que demacrado y muerto”, resume su nueva filosofía.

El propio Sheen recuerda aquellos tiempos como una montaña rusa que nunca se detenía. En 2011, cuando fue despedido de la serie Two and a Half Men, era el actor mejor pagado de la televisión.

El colapso fue público: insultos a su creador Chuck Lorre, conferencias de prensa desbordadas, frases delirantes como “Tiger blood” y “Winning!” convertidas en memes globales y un desfile de fiestas con “diosas” —como él llamaba a las mujeres con las que convivía en mansiones repletas de drogas y alcohol.

A ello se sumaron episodios violentos con exparejas, detenciones por posesión de sustancias, el uso compulsivo de cocaína y la confesión, en 2015, de ser portador de VIH, tras años de especulaciones y chantajes. “Durante mucho tiempo, el sexo y las drogas eran lo único que me importaba. Todo lo demás venía después”, confiesa ahora en sus memorias.

La intervención organizada por su padre, Martin Sheen, disfrazada de fiesta de cumpleaños, fue el punto de inflexión. La llamada telefónica sorpresa de Clint Eastwood lo sacudió: “Es un tropiezo, hijo. Tienes que enderezarte”. Por primera vez, Charlie aceptó que debía buscar ayuda.

Desde entonces, lleva ocho años sobrio y casi una década de vida ordenada. “Nunca me consideré víctima. Todo lo hice por decisión, pero entendí que debía cambiar o morir”, admite.

Jon Cryer, compañero en Two and a Half Men, fue testigo directo de ese ciclo autodestructivo. En el documental reconoce: “Parte del ciclo de Sheen ha sido arruinarlo todo, tocar fondo y luego reconstruirse con mucho positivismo, solo para volver a ponerse en riesgo”. Hoy, aunque su relación sigue marcada por el distanciamiento, Cryer reconoce su renacimiento como auténtico.

Martin Sheen, por su parte, subraya en cámara lo doloroso que fue permitir que su hijo enfrentara solo sus consecuencias: “A veces el mayor acto de amor es soltar”.

Este proceso de cambio se cristaliza en dos proyectos: la autobiografía The Book of Sheen (lanzada hoy) y el documental aka Charlie Sheen, que se estrenará mañana en Netflix . Ambos repasan desde su infancia en los sets de Apocalypse Now hasta su resurrección actual, pasando por el torbellino de los 2000 y 2010.

En ellos, Sheen no borra nada: recuerda la liposucción que se hizo tras un comentario burlón de una escort, la sobredosis de cocaína que casi le cuesta la vida y el aislamiento familiar que provocaron sus excesos. También habla de la reconciliación, como la que mostró al caminar la alfombra roja junto a Denise Richards en la premier del documental.

Hoy, Charlie Sheen vive lo que llama “tiempo extra o la décima vida”. Ya no es el hombre que coleccionaba titulares por sus excesos, sino alguien que aprendió a narrar sus heridas sin esconderlas. Su resurrección no borra sus escándalos: los convierte en testimonio de que, incluso en el epicentro del caos, puede encontrarse una salida.

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