Con esta novela, Keiichiro Hirano confirma su lugar entre los grandes narradores de su generación. Su escritura desarma al lector con la lentitud de un veneno, lo obliga a desconfiar de la memoria y a pensar que la identidad, como la felicidad o la fe, tal vez no sea más que una historia bien contada.
Ciudad de México, 7 de noviembre (MaremotoM).— ¿Quiénes somos cuando nadie nos mira? ¿Qué parte de nuestra identidad pertenece realmente a nosotros y cuál es una construcción que sostenemos con mentiras, hábitos y nombres ajenos? En Cierto hombre, del japonés Keiichiro Hirano, esas preguntas se vuelven una trama apasionante que roza el thriller psicológico, pero que en el fondo es una meditación existencial sobre la fragilidad del yo.
Publicada por primera vez en 2018 y ahora disponible en México por Hachette, la novela llega con el prestigio de haber ganado el Premio Yomiuri de Literatura, uno de los galardones más importantes del ámbito japonés —otorgado en el pasado a autores como Kenzaburō Ōe, Haruki Murakami y Yasunari Kawabata—, pero también con la rareza de ser la primera obra de Hirano traducida al español. Su autor, nacido en Gamagori en 1975, fue considerado un prodigio desde que ganó el Premio Akutagawa a los 23 años y se ha consolidado como una de las voces más refinadas e inquietantes de la narrativa japonesa contemporánea.
El protagonista de Cierto hombre es Akira Kido, un abogado de mediana edad especializado en divorcios, cuya vida se desliza entre la rutina, la decepción matrimonial y el cansancio moral. Todo cambia cuando una antigua clienta, Rie Takemoto, le pide que investigue la identidad de su marido fallecido. El hombre con quien compartió años de su vida no era quien decía ser. Detrás de su nombre había otro hombre, otro pasado, otra vida.
Kido acepta el encargo, pero lo que empieza como un caso casi detectivesco se transforma en una obsesión filosófica: el deseo de entender cómo alguien puede renunciar a sí mismo y convertirse en “otro”. La investigación lo lleva por archivos, testimonios y recuerdos, pero también por un laberinto interior en el que su propia identidad comienza a desdibujarse.
“Uno puede borrar su historia, cambiar de nombre, pero nunca deja de ser quien fue”, dice en un momento el narrador. Sin embargo, Hirano parece sugerir lo contrario: que quizás la identidad no sea más que un relato mutable, una ficción sostenida por los demás, por la mirada de quienes nos rodean.
El estilo de un autor que interroga la verdad
Hirano escribe con la precisión de un moralista y la inquietud de un psicoanalista. Su lenguaje, sobrio y elegante, construye un Japón cotidiano, lleno de silencios y gestos contenidos. No hay giros espectaculares ni violencia explícita, pero el suspenso psicológico es constante. Cada revelación acerca del “cierto hombre” muerto en la historia nos obliga a revisar lo que creemos saber sobre los vivos.
En Japón, la crítica comparó Cierto hombre con las novelas de Kazuo Ishiguro y con las películas de Hirokazu Koreeda. No solo por su tono melancólico, sino por su exploración de la culpa, la memoria y el deseo de redención. “Hirano indaga en los intersticios de la verdad y deja al lector frente a un espejo empañado”, escribió el Asahi Shimbun al reseñar el libro.

Entre la intimidad y la filosofía
En México, la llegada de Cierto hombre coincide con un renovado interés por la literatura japonesa que va más allá del manga y los grandes nombres. Este libro, traducido con un lenguaje cuidado y transparente, muestra otra faceta del Japón contemporáneo: una sociedad donde la perfección exterior convive con la despersonalización, donde la soledad no es una excepción sino una forma de vida.
Hirano no busca provocar ni consolar. Es un narrador que desmantela la idea de identidad como algo fijo, y lo hace con una serenidad inquietante. Akira Kido, el abogado que persigue una mentira ajena, termina enfrentado a sus propias omisiones, a las grietas de su matrimonio y a la posibilidad de desaparecer él mismo, reinventarse, mentirse con la misma frialdad con que se miente un muerto.

“¿No somos todos un poco impostores?”, se pregunta el protagonista en una de las escenas más intensas del libro. Y esa pregunta se extiende al lector como un eco. Cierto hombre no ofrece respuestas, sino un vértigo: la sospecha de que tal vez la verdad de una vida no está en lo que se dice, sino en lo que se oculta.
Con esta novela, Keiichiro Hirano confirma su lugar entre los grandes narradores de su generación. Su escritura desarma al lector con la lentitud de un veneno, lo obliga a desconfiar de la memoria y a pensar que la identidad, como la felicidad o la fe, tal vez no sea más que una historia bien contada.
Keiichirō Hirano (Japón, 1975) es uno de los narradores más destacados de su generación. Nacido en Gamagōri y formado en Derecho en la Universidad de Kioto, ganó a los 23 años el Premio Akutagawa por Eclipse, convirtiéndose en una revelación literaria en Japón.
Autor de novelas como At the End of the Matinee y Cierto hombre —esta última ganadora del Premio Yomiuri de Literatura—, Hirano explora cómo los seres humanos se reinventan y ocultan bajo distintas máscaras.











