“Ha sido una experiencia brutal, terrible, la experiencia más oscura que he tenido a lo largo de 20 y tantos años de hacer cine y paradójicamente también la más luminosa; se tocaron los dos extremos, fue para mí claramente una metáfora del yin yang de la vida hacer esta película”
Ciudad de México, 15 de octubre (MaremotoM).- Como parte de la programación que presenta el DOCSmx, hoy a las 19 de la tarde se proyecta GAZA, la franja del exterminio, en el Goethe-Institut Mexiko. La película está dirigida por el cineasta mexicano Rafael Rangel, nacido en Morelia, Michoacán, en 1962 y que ya lleva siete documentales, dos largometrajes de ficción y una manera de ver el cine muy distinta de lo que se acostumbra, sobre todo la manera de filmar y la manera de mostrar sus productos.
En una charla con Palestina al grito de libertad, en la voz de Ema Pargas, Rangel dio algunas claves para explicarse su cine y al mismo tiempo capitalizar gran parte de lo que vemos en la realidad.
“Ha sido una experiencia brutal, terrible, la experiencia más oscura que he tenido a lo largo de 20 y tantos años de hacer cine y paradójicamente también la más luminosa; se tocaron los dos extremos, fue para mí claramente una metáfora del yin yang de la vida hacer esta película”

–Cuando la vi sentía mi cuerpo demasiado pesado, físicamente me sentía agotada, fue como ver un año de genocidio, todas esas emociones que sentimos las sentí en una hora y media que dura este documental. ¿Desde cuándo conoces la causa palestina?
–Mira voy a reconocer que el conocimiento de esta situación entre Israel y Palestina era de un modo superficial, como cualquier persona que más o menos está enterada de las noticias y que se detonó a partir del 7 de octubre; hubo ahí un rompimiento de paradigma porque obviamente cuando cuando me enteré yo de lo sucedido del lado de Israel con este denominado inicialmente acto terrorista de Hamas en el territorio israelí, bueno todo esto digo rompimiento de paradigma porque la perspectiva que estoy seguro que la mayoría del mundo teníamos, me incluyo, era la historia invertida, entonces esta historia invertida coincidía muy bien con la narrativa de este acto terrorista, que ahora lo entrecomillo y como dije coincidía con la narrativa que veníamos arrastrando desde que esta situación tiene 48 años, entonces prácticamente uno nace con ella. Le endilgo todo este cambio de narrativa a los medios y un ejemplo de ello pues es esto mismo que estamos haciendo con simples celulares o una computadora. Ustedes y yo tenemos esta conversación y gracias a estos medios ya es muy difícil que estos pseudo líderes o estos criminales nos engañen o engañen a la población. Comenzamos a tener una objetividad de los hechos y a darnos cuenta realmente qué es lo que está sucediendo. Gracias a ello y a pesar de este precio tan alto que están pagando los palestinos, el mundo entero se está enterando de la realidad de los hechos y de qué es lo que está sucediendo, de lo que ha sucedido a lo largo de 48 años. Como cineasta llego a la conclusión que hay que hacer algo al respecto, sentí la necesidad de narrar la verdadera historia. Fue que comencé a tocar puertas en las redes de todos los que estaban transmitiendo desde Palestina. Toqué muchas puertas y no obtuve respuestas, pero hubo un momento en el que una persona, fotógrafo de guerra, me contestó. La gran paradoja es que me contestó para decirme que no; antes de que me cerraran la puerta del todo, puse el pie y comencé una conversación con él, con Mahmoud Sakho. Del diálogo que comenzamos a tener, le hice ver esta necesidad de hacer un testimonio perecedero; la televisión es un monstruo que traga lo del momento, la actualidad y luego pasa otra cosa y otro asunto, entonces le convencí, le expliqué que él no se preocupara por cómo hacer una película, mi labor era esa y que tuviera una colaboración conmigo, le convencí y pues debo decirlo también, hablamos de cosas ordinarias y vulgares como son los honorarios y todo esto, llegamos a un acuerdo y así fue como comenzamos a colaborar en diciembre. Le empecé a dar indicaciones y él entendía perfectamente. Una de las cosas que me llama la atención es darme cuenta de cómo son las personas palestinas: tienen una capacidad impresionante de todo, o sea, intelectual y física, estas adversidades en las que han nacido. Mahmoud tiene 24 años, o sea, él nació en la cárcel de Palestina y así se ha desarrollado y eso le ha permitido también tener otro nivel de todo, de fortaleza, de intelectualidad, de entendimiento. En el medio de mi estudio y él en medio de la guerra comencé a dirigir mi película.
–Viajé luego a Egipto, llegué al aeropuerto y aquí es donde entra Jimena, mi hija, que siempre ha sido una colaboradora conmigo, muy eficaz; entonces ella se puso en contacto con una persona en el Cairo, que me recibió, que curiosamente, ahora me viene a la memoria un poco todo esto, yo ya como les dije, ya conocía a Mahmoud, palestino, ahora conozco a una persona de Jordania, que vive en el Cairo y bueno como pequeña anécdota curiosa, es cuando yo con él, su nombre y como se llama, se llama también Mahmoud. Mientras esperábamos mi maleta en la banda del aeropuerto, comenzamos a conversar y a conocernos; era taxista en el Cairo y cuando le platiqué a lo que iba, pues no daba crédito, entonces ahí tomó su teléfono, habló algo que no entendí, luego ya me explicó lo que había hecho: acabo de hablar a la base de mi trabajo, para pedir mis vacaciones del año, porque me quedo contigo, porque quiero colaborar a esto que vienes y no sólo eso, sino que poco a poco fui llamando, en los días posteriores llamó gente que se sumaba al proyecto y de pronto ya tenía un gran equipo de árabes colaborando en este proyecto.
–Para mí eso fue revelador del temperamento del árabe, este nivel de compromiso y pues esta hermandad que se tiene. Para cerrar esta anécdota, mi maleta no llegó nunca, al día siguiente sí y así fue como comenzó esta segunda etapa de este proyecto. Del Cairo son seis horas a la frontera de Rafá, yo intenté tres veces, obviamente mi destino final era, ingenuamente debo decirlo, entrar a Palestina. Era imposible hacerlo y menos con una cámara fotográfica o con cualquier cosa que pudiese ser un medio de comunicación.
–Son seis horas del Cairo a la frontera con Palestina y Gaza, no, Gaza está en medio, yo me refiero a Rafá. Ok, hay una cosa importante también, azarosa y muy importante, porque resulta que Mahmoud, palestino, resulta que él es de Rafá, entonces esta coincidencia fue muy buena, porque ya todos los palestinos habían sido orillados a desplazarse a Rafá, que fue el último vestigio donde podían estar los palestinos, dos millones y medio de palestinos ahí, hacinados en el área de Rafá, que es una población muy pequeña. Esta casualidad que Mahmoud fuese de Rafá, nos hizo ganar tiempo para todo este documental, porque pudo permanecer ahí, solo que su casa fue bombardeada, perdió todo. En ese tiempo el puesto de control, el lugar de control que permite la entrada o salida de Palestina del lado de la frontera de Egipto, aún no había sido destruido, ahora está destruido, pero en ese tiempo él pagando cinco mil euros pudo salir, entonces finalmente nos pudimos reunir todos en el lobby de mi hotel y antes de esto, antes de que lograra salir de Palestina de Rafá, pues teníamos comunicación, volvemos a la tecnología moderna y yo cuando me acercaba a esta frontera, que era imposible cruzar la puerta, el puesto de control, entonces yo permanecía en Egipto, dividido por esta barda terrible que construyó Israel.
–Estábamos divididos por esa barda, Mahmoud y yo, entonces volvemos al temperamento palestino, porque él, pues viendo al cielo que no le cayera un misil, tenía un sentido del humor negro y los dos nos jactábamos de estar haciendo una película, un testimonio de este genocidio, de este exterminio, a pesar de la milicia israelí. Llegamos a la conclusión que nos estábamos burlando del quinto ejército más poderoso del planeta, él y yo, humildemente, con un par de teléfonos celulares, él de un lado de la barda y yo del otro, haciendo un testimonio, a pesar de esta situación del ejército israelí, entonces. En ese tono estuvimos trabajando. Luego hubo otra otra bella coincidencia también, porque desde México entré en contacto con Nur, la niña de 16 años que cierra el documental. Nur, la conozco perfectamente, ¿qué quieres que hagamos con ella?, me dice Mahmoud. Lo que se ve en la película fue lo que hicimos, fue la dirección, estando de un lado y del otro y él enviándome el material y yo dándole indicaciones; las tomas tienen que ser más largas, aléjate, acércate, necesitamos un close-up de esto, la vida cotidiana de ella, qué es lo que hace, que nos platique. En el Cairo nos pusimos a editar, el material que teníamos no era suficiente para una narrativa completa, entonces él me dice, no te preocupes, vamos a necesitar mucho más material, no te preocupes, todos los que estamos enviando material al exterior, desde dentro de Palestina, somos una población pequeña, todos nos conocemos, ellos ya saben lo que estamos haciendo y están en la mejor disposición de colaborar en este proyecto. Así es como comenzamos a hacer una búsqueda exhaustiva de todo este material que se ve en el documental, y también tiene su parte muy dramática eso, porque como ejemplo, estábamos un día editando, él en comunicación constante con todas las personas que nos permitían la utilización de su material, entonces en medio de la edición, el niño que ustedes ya vieron el documental, lo van a recordar, el niño que trae una playera de un futbolista, no recuerdo si de Ronaldo o de alguien que viene caminando, habla la cámara, ya escucharon lo que dice que es una cosa muy dramática y entonces voltea y me dice, estoy hablando con el hermano de quien hizo este vídeo y me está diciendo que acaba de morir el chico que hizo el vídeo. Estábamos editando con los dos Mahmoud, con otras personas también y con una capacidad de trabajo impresionante. Una película se tarda más de un año en hacer y a esta la logramos hacer en un mes. Gracias a la capacidad de trabajo de ellos, no, porque vivimos literalmente en el lobby del hotel, se turnaban, ellos descansaban, uno dormía en el sillón, 15 minutos despertaba y seguíamos trabajando y se turnaban uno a otro y otro a otro. Con mis amigos cineastas de México, no hubiese logrado hacer esto, definitivamente, aquí hay muchos vicios de trabajo, muchas poses de diva, lo siento mucho por mis amigos que quiero mucho en el cine, del medio, y justamente concluyo que por no, por tratarse de gente que no es de cine en Egipto, fue que logré hacer este, este documental.
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