Mario Maldonado, joven e incisivo reportero, autor de un libro sobre otro de los personajes que hicieron del Gobierno peñista un periodo pródigo en escándalos financieros y políticos (Lozoya, el traidor, Planeta, 2021), realiza en Confesiones desde el exilio: Enrique Peña Nieto (Planeta), a partir de entrevistas cara a cara con el expresidente.
Ciudad de México, 29 de abril (MaremotoM).- Aunque parecía imposible, nunca hubo un regreso más anunciado. El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que había dejado huella en la historia de México como emblema de autoritarismo, represión, corrupción y antidemocracia durante más de 7 décadas y cuya derrota en cada elección había sido el principal objetivo de sus competidores y el de millones de ciudadanos, volvió por sus fueros luego de dos sexenios panistas en 2012 de la mano de un hombre joven, visto como apuesto y audaz.
Su rostro y voz se hicieron multitudinariamente conocidos gracias a una intensa campaña de posicionamiento a pesar de contar con una trayectoria más bien breve, pero en cargos estratégicos que lo fueron preparando para el que creía su papel vital, la Presidencia de la República, dados sus orígenes familiares y una presunta profecía que lo había anunciado mucho tiempo atrás: Enrique Peña Nieto o EPN, hijo predilecto de Atlacomulco, Estado de México.
Mario Maldonado, joven e incisivo reportero, autor de un libro sobre otro de los personajes que hicieron del Gobierno peñista un periodo pródigo en escándalos financieros y políticos (Lozoya, el traidor, Planeta, 2021), realiza en Confesiones desde el exilio: Enrique Peña Nieto (Planeta), a partir de entrevistas cara a cara con el expresidente, documentos e investigación periodística, un gran recuento de una etapa turbulenta que comenzó como una promesa y terminó en una pesadilla; los responsables de cada decisión y los entretelones tras la actuación de un grupo que se hizo del poder máximo a cualquier costo.

Entre Madrid y Punta Cana (República Dominicana), los dos puntos donde vive su aparentemente dorado exilio, Enrique Peña Nieto, el polémico expresidente de México (2012-2018), dio a Mario Maldonado una serie de entrevistas exclusivas para conformar su versión de los hechos que marcaron su paso por el principal cargo político nacional.
Sin los eufemismos y afanes de justificación que caracterizan los libros de otros expresidentes, Peña Nieto admite errores, diferencias y una lucha abierta entre distintos personajes que lo privaron de conocer detalles cruciales, lo llevaron a tomar decisiones mal pensadas y, al final, causaron en su partido un cisma cuyas consecuencias aún son palpables en su disminución de influencia. Pero ¿cómo pasó del encumbramiento de una carrera vertiginosa teñida por el éxito, a la sombra de auténticos tiburones de la vida pública, a la peor aprobación de un mandatario en funciones?
En Confesiones desde el exilio: Enrique Peña Nieto (Planeta), Maldonado reconstruye la telaraña de relaciones y acontecimientos que prepararon el regreso del PRI a la Presidencia, los años de imparable ascenso de una figura en apariencia irresistible en su encanto y que conquistó a gobiernos de todo el mundo, para precipitarse en una catarata de escándalos que acabarían favoreciendo a su peor crítico, el que lo relevaría en el poder y en quien tiene, sin embargo, a su mayor aliado, siempre y cuando se mantenga al margen de lo que ocurre en el país. Este agudo análisis esclarece cómo un grupo se hizo con el poder de manera impúdica, hasta que las consecuencias los alcanzaron.
De la multimillonaria e ilícita operación, cuestionada por la prensa desde el tiempo de la elección, la principal secuela sería la detención de varios de los gobernadores a los que Peña Nieto describió como el “Nuevo PRI”: César Duarte, de Chihuahua; Javier Duarte, de Veracruz; Robeto Borge, de Quintana Roo y Roberto Sandoval, de Nayarit, además de uno de sus principales operadores financieros durante la campaña, Emilio Lozoya Austin, quien fue director de Pemex. Sobre el propio Peña pesan sospechas por su estilo de vida, que él desmiente en este libro y explica que se trata de recursos familiares; después de todo, nunca se proclamó como alguien venido de abajo, sino que era heredero de varios linajes atlacomulquenses.











