CUANDO LA ESTUPIDEZ MATA

Quizás el gesto más revolucionario que hoy pueda realizarse consista en abrir un libro. Hay que leer a los clásicos para no ser masa, sino un ciudadano libre y responsable.

Ciudad de México, 26 de julio (MaremotoM).- Donald Trump y Netanyahu gobiernan gracias a mayorías democráticas. Esa paradoja invita a plantearse si la soberanía popular es algo real o una construcción artificial.

¿Cómo es posible que dos políticos corruptos y sin escrúpulos hayan llegado al poder mediante las urnas?

Esta aberración solo puede explicarse mediante el embrutecimiento de una sociedad que no asume su responsabilidad de obrar conforme a una perspectiva consistente y madura.

La sociedad prefiere ser masa, es decir, mantenerse en una minoría de edad permanente, dejando que otros amueblen sus mentes con mentiras, bulos e infamias.

Los profesores hemos contemplado este proceso con desolación. Hace mucho tiempo que la cultura fue derrotada por la propaganda, la publicidad y los prejuicios.

El viejo sueño de un pueblo que se gobierna a sí mismo ha desembocado en una pantomima donde el poder manipula a los ciudadanos, logrando que voten en contra de sus propios intereses. Los latinos le dieron la victoria a Trump y ahora muchos están siendo deportados como criminales.

Los jóvenes españoles creen que sus males proceden de la inmigración y fantasean con el regreso de un neofranquismo con políticas populistas, capaces de garantizar el trabajo, la seguridad y el acceso a la vivienda.

Todos los que vivimos esos años sabemos que las nuevas generaciones no soportarían convivir con la represión, la tortura, la falta de libertad y la censura. En la España de Franco, los sueldos eran bajos, no se toleraba la disidencia y las viviendas baratas eran de pésima calidad.

No hay muchos motivos para mirar el futuro con optimismo, pero resignarse no es una opción razonable. Hay que luchar contra el mal y su principal aliado, la estupidez. Es una batalla agotadora, pero cada vez más necesaria.

Quizás el gesto más revolucionario que hoy pueda realizarse consista en abrir un libro. Hay que leer a los clásicos para no ser masa, sino un ciudadano libre y responsable. No se me ocurre otra forma de enfrentarse a esa estupidez que hoy está matando en Gaza, Ucrania, Sudán y otros tantos países donde se pisotea la inocencia y se escarnece la utopía de la paz.

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