¿Qué es ser crítico de cine hoy? Saber todas las tecnologías o dar la opinión sin tener ningún compromiso con los que hacen la película. Esa es la gran pregunta y la gran respuesta, en un documental exquisito donde todos queremos escuchar la frase certera y sabia de Carlos Boyero.
Ciudad de México, 27 de diciembre (MaremotoM).- Hay una gran motivación para ser crítico de cine y eso es no querer hacer nada. Una profesión que consagra la pereza, esa falta de querer destacar en la sociedad y de pasárselo bien, con la ayuda de algunas drogas, de buenos litros de alcohol y de muy rica comida, es a la que se rinde Carlos Boyero, el crítico de El País.
Claro que a este niñato que siempre estaba en nuestros grupos, que no se comprometía con nadie, que se quedaba hasta que terminara la fiesta y que hoy todos sus amigos “hacen algo para la sociedad”: son directores, actores, camarógrafos, encontró una profesión que le ha dado popularidad, buen dinero y la farra interminable.
Claro también que cuando no te callas nada, que a esos beneficios del oficio le vienen tus opiniones irredentas y “cabronas”, tienes que lidiar o al menos mantener a un montón de enemigos, entre ellos el gran cineasta Pedro Almodóvar, algo que al parecer Carlos Boyero se lo lleva bastante bien, pues él es uno de los críticos de cine que hace precisamente crítica de cine.
Hoy, que todos los reporteros deben no sólo dar su opinión (en lo posible siempre buena) de la película, además realizar entrevistas a los actores, productores y directores, el periodista es alguien que se puede conquistar con un buen cóctel o con una prohibición a no entrar a las otras películas.
El crítico (HBO), un documental de Javier Morales Pérez y Juan Zavala, describe el retrato del último de su generación, como dice Espinof, “la estela de una profesión entre el vividor y el influencer que nunca volverá a sus glorias de antaño”.

Esta es la otra cuota de la película: la resistencia de Carlos Boyero. Cuando nos sacan de nuestra profesión u oficio sin duda no somos nada. El caso de él es extremo: sin padres, sin hijos, sin pareja, su vida, con amigos que quién sabe por qué siguen siendo amigos de él, desde Fernando Trueba hasta Antonio Resines, se da el lujo de detestar a las nuevas corrientes del cine coreano, se va en medio de la función de una película de Abbas Kiarostami y odia al nuevo cine de mujeres cuando se pone como una cuota para quedar bien con la política de moda.
Carlos Boyero es un ser que no hay que poner de ejemplo ni de modelo. Sin embargo, cuántos de estos críticos (los últimos que tienen los gastos pagos en los festivales) han hecho y formado nuestro gusto por el cine.
Nacho Vigalondo, Alex de la Iglesia, Icíar Bollaín, Antonio de la Torre, una joven reportera de cine, un colega de él con el que comparte un almuerzo donde no se termina el vino y toman té de manzanilla al final, dan su opinión sobre Boyero. Todas encontradas.
¿Qué es ser crítico de cine hoy? Saber todas las tecnologías o dar la opinión sin tener ningún compromiso con los que hacen la película. Esa es la gran pregunta y la gran respuesta, en un documental exquisito donde todos queremos escuchar la frase certera y sabia de Carlos Boyero.











