Valeria Luiselli

ECOS DE LAS TIERRAS FRONTERIZAS, PAISAJE SONORO DE VALERIA LUISELLI, DEJA EN SHOCK AL HAY FESTIVAL

La pieza es un comprimido de las primeras 12 horas de grabaciones sonoras a lo largo del camino entre Tijuana -San Diego-Ciudad Juárez, hasta la desembocadura del Rio Bravo en el Paso Texas.

Querétaro, Querétaro, 7 de septiembre (MaremotoM)- En shock quedó el público del Hay Festival tras presenciar una hora y media de grabaciones de Ecos de las Tierras Fronterizas, el paisaje sonoro y visual que desde hace cinco años ocupa a la escritora Valeria Luiselli y un pequeño equipo de dos ingenieros sonoros Ricardo Giraldo y Leonardo Heiblum.

Se trata de un proyecto de 10 años que producirá una pieza final de 24 horas de duración con historias orales de los habitantes y los sonidos de la naturaleza recopilados a lo largo de toda la frontera Mexico-Estados Unidos, pues según la autora de Los Niños Perdidosun día es la cantidad de tiempo que dura más o menos una manejada en línea recta a 100 km por hora empezando en San Diego hasta el final de Texas, donde desemboca el Río Bravo en el Golfo de México”.

Valeria Luiselli
Valeria Luiselli duda en publicar otro libro en Estados Unidos, donde vive hace 20 años. Foto: Cortesía

El performance sonoro y visual que se presentó la noche del viernes en el Teatro de la Ciudad queretano duró 72 minutos e incluye grabaciones hechas casi siempre del lado de Estados Unidos y algunas entrando y saliendo de México pues dijo Luiselli: “Tristemente no recorremos México por carrera libremente por razones de seguridad que los reporteros conocen bien, pero procuramos siempre entrar a México, en Ciudad Juárez, en Tijuana, en Mexicali, en los lugares donde podemos entrar y salir de las garitas sin problemas”.

Desde hace 5 años, el colectivo se armó con geófonos –unos micrófonos que se conectan a la Tierra y permiten escuchar las resonancias internas– para conseguir grabaciones en los cruces migratorios de mucha actividad debajo del río, de tormentas, de pájaros, murciélagos en vuelo, ballenas cantando y hasta del movimiento de las hojas de los árboles o de las espinas de los cactus y del zaraguayo comiendo. Además, se escucha a los “coyotes” tanto humanos como animales, gente en los diners, muchas conversaciones con la migra y las voces de niños que participaron en un taller en San Ignacio, en Texas, y consiguieron a su parecer las mejores grabaciones del proyecto.

“La pieza empieza debajo del mar, en Tijuana-San Diego, con la inmigración de las ballenas. Sube a la playa, que de lado de México se llama Playas de Tijuana, y de lado gringo se llama Imperial Beach. Luego recorremos toda California, Arizona, las minas de cobre de Arizona, la nación Tohono O’odham, que está al lado de una zona de pruebas militares. En Nuevo México grabamos sobre todo la reservación de los apaches mezcaleros, que también está al lado de una zona de pruebas militares, en donde el gobierno de los Estados Unidos pronó la primera bomba nuclear antes de lanzarla a Hiroshima”.

Valeria Luiselli
El libro premiado. Foto: Cortesía

Durante el performance se escucharon historias de aquellos descendientes de testigos de las pruebas nucleares en la reservación Apache acompañadas de fotografías a blanco y negros de los lugares y de un mapa que iba a marcando los puntos de registro y avance del proyecto.

Dilema de migrante

Con 20 años viviendo en Nueva York y considerándolo su casa tanto como México, Valeria Luiselli se cuestiona seriamente su papel como migrante ante las políticas agresivas de Donald Trump. Incluso confesó que esto ha afectado su obra al grado de cuestionarse si publicar o no un libro en Estados Unidos:

“He permanecido en NY también porque es donde tengo un buen trabajo con el cual puedo sostener a mis dos hijas, a mi madre, a mis sobrinas, hay mucha familia. Y por primera vez en 20 años, me estoy planteando, por ejemplo, no publicar un libro, que es es un poco un seguimiento del ensayo de Los Niños Perdidos, en Estados Unidos porque es un libro que sin duda me pondría en un radar en el que no quiero estar, aunque la cobardía no es uno de mis defectos”.

La escritora adelantó que ese libro lo escribe tanto en inglés como en español como la mayoría de sus obras y aborda su periodo como profesora de escritura en los centros de detención de adolescentes indocumentadas. Y aunque durante 5 años estuvo impedida de escribir sobre eso, ahora que ya expiró ese plazo, hasta le parece “un poco atípico de mí tener esta reticencia y me da coraje”.

La autora confesó que sus decisiones de vida las ha tomado “siempre como el borras, sin ver dónde caigo, pero es la primera vez que me enfrento con algo así en una vida de escribir”. Por ello ha decidio que debe escribir este nuevo libro en español  y publicarlo en México, porque la mayoría de las personas en Estados Unidos son monolingües e ignorantes y no lo van a leer si lo publico en español. Entonces, estaré más cubierta por lo menos”.

¿Paracaidista de situaciones?

Con Ecos de las Tierras Fronterizas, Luiselli, quien también conversó en una mesa con Gaby Wood, la directora literaria del Premio Booker, se desmarcó del “paracaidismo de situaciones”.

“No nos gusta grabar e irnos, de hecho las partes del proyecto que están mejor son las grabaciones hechas  en lugares en donde hemos estado múltiples veces, donde hemos hecho relaciones con las personas. Solo que claro, todo eso toma tiempo para que pueda tener esa naturaleza, que no sea solo eso, caer como con paracaídas en un lugar y extraer historias y salir, sino realmente tener un vínculo más profundo con el espacio”.

Para el colectivo, grabar en Texas a partir de Ciudad Juárez  “es como el doctorado del proyecto, pues es dificilísimo, entre otras cosas porque es la frontera líquida, porque hay un muro, pero está interrumpido en muchas zonas por tierras privadas. Y ya nos pasó una vez que seguimos el caminito junto al muro, que era un camino federal, estatal, y entramos a otro caminito pensando que era aparte, y resulta que era propiedad privada y un texano encabronado puede dispararte”.

Sonido para balancear el horror

El horror de la frontera se ha narrado tantas veces que ya es difícil que nos importen las cosas que parecen demasiado jodidas o rotas, dijo la autora, por esos  el proyecto Ecos de las Tierras Fronterizas usa el sonido para mostrar

la belleza y la complejidad de esa zona devastada con historias que son capaces de balancear el horror y encontrar cierta ternura y emotividad en medio de la mierda.

El sonido me importa mucho y es fundamental y quizás uno de los medios más poderosos y con la capacidad de situarnos en el tiempo de manera muy profunda. En un momento en que nos cuesta mucho estar en el tiempo, en el que siempre estamos urgidos de devorar a velocidades no humanas las imágenes que nos son dadas, el sonido te permite sentarte y escuchar. Y eso es un antídoto, el único quizás, que yo he encontrado hasta ahorita a nuestra creciente falta de presencia en el mundo”.

Lo descubrió durante sus grabaciones en la época de la separación de familias 2018. “Era una grabación en la que se escuchaba a una niña pidiéndole a un migra que por favor le llamara al teléfono que traía a su tía y que no se la llevara. Después de años de estar metida en eso, entrevistando niños, viendo imágenes, haciendo investigación, nunca nada me había quebrado como me quebró esa grabación de 40 segundos. Dije, bueno, pues ahí el sonido hace algo. Nos llega realmente hasta de manera anatómica adentro”.

Público en shock

Tras la presentación del performance sonoro y visual el público quedó pasmado durante unos minutos sin atreverse a preguntar a los autores ¿qué harían con todo eso? Cuando se recobraron del asombro, compartieron que tras una primera presentación de la instalación sonora en una galería de Chelsea, NY, en diciembre de 2024, comenzaron a explorar la posibilidad de convertirlo en un podcast, una pieza teatral, una estación de radio o incluso llevarlo al pueblo de Shakespeare, Nuevo México, donde se recrean historias del viejo Oeste como linchamientos y balaceras entre bandidos.

Sería el sueño guajiro de Luiselli, “comprar ese pueblo-teatro (que hasta ahora pertenece a un ranchero muy mala onda)  y transformarlo en un archivo sonoro de la frontera en donde la gente puede seguir archivando sonidos, historias que no se suelen contar. Hay un montón de historias de esta zona fronteriza que se tendrían que escuchar aquí.

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