Ricardo Jacob, Enrique Vela y Gustavo Jacob forman No Habrá un Final Feliz, un combo que, en palabras del primero, puede “ser todo lo progre, electrónico o hasta medio cumbianchero, pero lo que más nos gusta es el pop, el sofisti-pop”.
Ciudad de México, 9 de octubre (MaremotoM).- Ricardo Jacob, Enrique Vela y Gustavo Jacob forman No Habrá un Final Feliz, un combo que, en palabras del primero, puede “ser todo lo progre, electrónico o hasta medio cumbianchero, pero lo que más nos gusta es el pop, el sofisti-pop”.
Los tres acordaron hacer una pieza diaria desde cero, sin límite de duración y publicar los resultados en Instagram. Cerca de 80 días, por separado, grabaron algo diariamente que ahora entregan en tres álbumes bajo el nombre de No Habrá Final Feliz, pero con el título de Ideas diarias Vol. 1, 2 y 3 respectivamente.
Cada uno de estos álbumes contiene piezas acabadas, algunas se antojan viñetas a las cuales hace falta un poco de producción, pero en conjunto arrojan un cuadro de las semillas que alimentan a la banda cuando el trabajo es colectivo.
Ricardo Jacob en el Vol. 1 se decanta por una electrónica de la old school, de tendencia cósmica, espacial, con momentos melódicos (“La oveja negra”, “La isla de las tres sirenas”), tintes cinematográficos (“El complot”, “Fan club”), atisbos a una música de cámara (“Sin luz”, “El eclipse”), hasta llegar al cierre, una larga composición (“Viaje pleyadiano 1-10”), de suave melodía y que funciona como un guiño a la escuela electrónica francesa, particularmente a la instaurada por Jean Michel Jarre.
Por su parte, en el Vol. 2 Enrique Vela trabaja composiciones más breves, algunas de ellas con tintes de música de raíz (“Flasherito”, “Chuya vie”), otras con aire de synth pop (“Nos estrellamos en el mar”, “Mínimo esfuerzo”), rolas decididamente inclinadas al pop (“Sospecho de ti”), visitas a la electrónica de la vieja escuela (¨Parche”) y otros que se antojan más bocetos de composiciones futuras (“Autobús”, “Antes de ir”, “Borrachera”, “Frío”). Si el primer volumen mira más a la electrónica, éste funciona como una bisagra que al tiempo que posee su propia personalidad, enlaza los dos volúmenes restantes.
En Vol. 3, Gustavo Jacob se inclina más a la fusión, el progresivo, ciertas inflexiones clásicas (probablemente bajo la influencia de Gyorgy Kurtag “Nunca amanece” o “Larutina”), miradas al funk (“Marty Funkhauser”), algo de jazz (“Alpha chino”). Varios temas parecen haber sido escritos para un score (“Crome yellow”,”Angustia en la aldea”, “Modisto de señoras”, “Zapatteyale tanteto”). Vol.3 es el disco con más detalles “vanguardistas” y en él tambien encontramos un pequeño preludio (“Nicobro Pranganini”) y piezas de corte progresivo ( “Alubia salpicón”, “Progre de mí”).
Todo un festín sonoro el que entrega No Habrá Final Feliz y de donde, seguramente saldrán ideas para un álbum de inminente aparición que no es la suma de las partes, sino resultado del trabajo conjunto.











