El Kuelgue

EL KUELGUE DESEMBARCA EN MÉXICO, CON UNA IDENTIDAD IMPOSIBLE DE COPIAR

Lo notable es que esa libertad creativa no se traduce en caos, sino en un universo estético elegante, lleno de detalles, con una sonoridad que se permite lo absurdo sin perder delicadeza. Las puestas en escena —que mezclan teatralidad, humor y un uso casi coreográfico del espacio— han sido históricamente parte del sello de la banda. Fue esa singularidad la que los llevó, hace más de una década, de los teatros porteños a festivales de toda América Latina y Europa.

Ciudad de México, 20 de noviembre (MaremotoM).- El Kuelgue volvió a cruzar fronteras y su llegada a México confirma lo que desde hace años se sabe en Buenos Aires: pocas bandas han logrado construir una identidad tan propia dentro de la música latinoamericana.

Formados en Villa Crespo en 2004, el grupo liderado por Julián Kartun —actor, músico, performer— aterriza en el Lunario del Auditorio Nacional con una propuesta que no se parece a ninguna otra. No es rock, no es funk, no es teatro musical, no es improvisación… y es todo eso a la vez.

En la conferencia de prensa ofrecida hoy en la Ciudad de México, Kartun explicó esa mezcla con una sinceridad que arrancó sonrisas: “Nunca decidimos qué género hacemos. Nunca nos sentamos a decir ‘vamos por acá’. tocamos, improvisamos, nos dejamos llevar, y eso se convierte en canciones”. A su lado, Mariano Otero, productor y motor musical de la banda, agregó: “El Kuelgue funciona como un organismo vivo. Cada disco, cada concierto, cada viaje, va moviendo el sonido hacia lugares nuevos”.

Lo notable es que esa libertad creativa no se traduce en caos, sino en un universo estético elegante, lleno de detalles, con una sonoridad que se permite lo absurdo sin perder delicadeza. Las puestas en escena —que mezclan teatralidad, humor y un uso casi coreográfico del espacio— han sido históricamente parte del sello de la banda. Fue esa singularidad la que los llevó, hace más de una década, de los teatros porteños a festivales de toda América Latina y Europa.

El Kuelgue
El Kuelgue se formó en Buenos Aires, en el corazón del barrio de Villa Crespo durante el año 2004. Foto: Cortesía

“México siempre nos sorprende”, dijo Kartun, sentado frente a un auditorio lleno. “Hay un público que escucha, que se deja llevar. No sabemos qué va a pasar mañana en el Lunario, pero eso es parte del juego. Cada show es distinto”. Lo dice con naturalidad, pero quienes conocen la historia de El Kuelgue saben que esa capacidad de reinventarse en vivo es una de sus fortalezas: nada se repite, nada está del todo fijado. La improvisación, incluso hoy, sigue siendo un pilar.

Desde sus primeras presentaciones en Buenos Aires, pasando por los shows en los que abrieron los conciertos de Paul McCartney en 2016, hasta sus colaboraciones con artistas como Julieta Venegas y Adrián Dárgelos, El Kuelgue se ha mantenido como una banda transversal: atrae a públicos diversos, generaciones distintas y oyentes que buscan una propuesta fuera de las lógicas convencionales.

México los recibe en un momento de madurez creativa. Con más de 15 años de trayectoria, cargan un repertorio amplio, lleno de canciones que se mueven entre el absurdo, la poesía urbana y la observación cotidiana. Otero lo resumió de forma precisa: “Lo que hacemos no es una fórmula; es una manera de estar en el escenario. Y esa manera cambia todo el tiempo”.

Mañana, el Lunario será el escenario donde ese universo —cálido, impredecible y profundamente musical— volverá a expandirse. El Kuelgue llega sin necesidad de etiquetas, confiado en una identidad construida a fuerza de riesgo y libertad. Y el público mexicano, que siempre responde con atención y entusiasmo, será testigo de otro capítulo de una banda que se rehace en cada concierto.

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