Jimmy Kimmel

EL REGRESO DE JIMMY KIMMEL CON UN DISCURSO DE ALTO VOLTAJE

En su monólogo de regreso, Jimmy Kimmel advirtió que su programa no estaba siendo transmitido en todo Estados Unidos, ya que dos cadenas locales habían decidido suspender la emisión de Jimmy Kimmel Live! tras la polémica con la Casa Blanca y las presiones políticas.

Ciudad de México, 24 de septiembre (MaremotoM). — Tras 48 horas “rarísimas”, en sus palabras, Jimmy Kimmel volvió a Jimmy Kimmel Live! con un monólogo de alto voltaje en el que agradeció apoyos inesperados, aclaró su postura sobre la polémica que lo sacó del aire y lanzó una defensa sostenida de la sátira política y la Primera Enmienda. La sorpresa de la noche fue la presencia de Robert De Niro, que se sumó como invitado estelar en un gesto de solidaridad hacia el conductor.

Kimmel abrió con humor (“no sé quién tuvo 48 horas más raras, yo o el CEO de Tylenol”) y relató la avalancha de llamadas que recibió, desde colegas de late night —Stephen Colbert, John Stewart, Seth Meyers, Jimmy Fallon, John Oliver, Conan O’Brien, James Corden, incluso Jay Leno— hasta conductores en Irlanda y Alemania.

El actor de Taxi Driver y El irlandés, Robert de Niro, participó en un sketch uno de los críticos más firmes de Donald Trump, apareció para respaldar a Kimmel y remarcó que la comedia y la crítica son esenciales en una democracia.

En la escena, el actor encarnó a un supuesto funcionario nombrado por Donald Trump, caricaturizando el estilo autoritario y caótico de la administración. Con tono de parodia mafiosa, De Niro reemplazaba al presidente de la FCC en un diálogo con Kimmel, en el que imponía tarifas absurdas por cada broma crítica hacia el expresidente y ofrecía gratis los elogios.

El sketch no fue un cameo fugaz: duró varios minutos y permitió a De Niro desplegar su talento cómico, exagerando gestos y frases para convertir la escena en una sátira política de largo aliento.

Al inicio del sketch, responde con tono intimidante cuando Kimmel lo acusa de usar tácticas mafiosas: “¿Qué carajos me dijiste?”.

Su personaje afirma con arrogancia que puede hablar con impunidad, en contraste con las restricciones que impone al resto.

 De Niro bromea que los chistes dependen de su contenido: si uno elogia el “hermoso, grueso cabello amarillo” de Trump, es gratis; pero si alguien hace un chiste como “es tan gordo que necesita dos lugares en el jet de Epstein”, eso “cuesta un par de dedos, quizá un diente”.

Cierra diciendo: “Buena suerte contigo. Y te estaré observando, Kimmel. Tal vez no en ABC, eso dependerá de ti”.

El conductor sorprendió al agradecer a quienes no comparten sus ideas pero “defendieron su derecho a expresarlas”, mencionando a Ben Shapiro, Clay Travis, Candace Owens, Mitch McConnell, Rand Paul y Ted Cruz. Citó a Cruz para subrayar el punto: si el gobierno decide qué se puede decir en TV, “eso terminará mal para los conservadores”. “No creo haber dicho esto antes, pero Ted Cruz tiene razón”, remató.

Aclaración sobre la polémica

Kimmel afirmó que nunca buscó trivializar el asesinato de un joven ni culpar a un grupo específico: “Puse un mensaje en Instagram enviando amor a su familia y pidiendo compasión y lo sostengo”. Admitió entender el enojo de quienes se sintieron aludidos y subrayó que el atacante “era una persona enferma que creyó que la violencia era la solución, y no lo es. Nunca”.

El conductor acusó intentos de presión contra el programa y criticó declaraciones del presidente de la FCC, Brendan Carr, a quien tildó de contradictorio por defender la sátira en 2022 y, según Kimmel, avalar tácticas para “cambiar conductas” de cadenas ahora.  

Robert de Niro
Robert de Niro, presente. Foto: Cortesía

Disney, el regreso y el contexto político

Kimmel leyó —con sorna— “la única condición” de su regreso: instrucciones para reactivar Disney+ y Hulu y luego agradeció a ABC/Disney por 23 años de libertad creativa, aunque admitió su desacuerdo con haber sido bajado del aire. Advirtió que, según él, el presidente de EE. UU. “quiere que nos despidan a mí y a cientos de personas que trabajan en estos programas”.

En el cierre, Guillermo Rodríguez —cómplice histórico del programa— tomó el micrófono: “Este mundo necesita más gente como Jimmy Kimmel… te amo y estoy contigo todo el camino”. Kimmel remató el gag con celos ficticios (“¿por qué Ryan Seacrest dice que le mandas mensajes?”) y siguió con la rutina habitual.

Con su retorno, Kimmel convirtió el monólogo de bienvenida en un documento político-humorístico sobre los límites del poder frente a la sátira. La aparición de Robert De Niro reforzó la idea de que la defensa de la libertad de expresión trasciende el entretenimiento y toca el corazón mismo de la democracia estadounidense.

Jimmy Kimmel
La polémica revela cómo la sátira sigue siendo un campo de batalla entre poder y libertad. Foto: Cortesía

A través de su plataforma Truth Social, Trump criticó que ABC hubiese vuelto a emitir el show, escribiendo: “No puedo creer que ABC Fake News le devolvió el trabajo a Jimmy Kimmel. ¡Le dijeron a la Casa Blanca que su show estaba cancelado!”

“Algo pasó entre entonces y ahora porque su audiencia se FUE, y su ‘talento’ nunca estuvo ahí. ¿Por qué querrían a alguien de vuelta que hace tan mal trabajo, que no es gracioso y que pone en peligro a la cadena con 99% de porquería demócrata?”

Más allá de la crítica verbal, Trump insinuó acciones legales contra ABC: dijo que el regreso podría constituir una “contribución ilegal de campaña” y amenazó con “poner a prueba” a la cadena.

En su post, también recordó una disputa previa en la que afirmó haber recibido 16 millones de dólares tras presionar a ABC, argumentando que si ya había logrado convencerlos antes, podría hacerlo otra vez con consecuencias mayores.

En su monólogo de regreso, Jimmy Kimmel advirtió que su programa no estaba siendo transmitido en todo Estados Unidos, ya que dos cadenas locales habían decidido suspender la emisión de Jimmy Kimmel Live! tras la polémica con la Casa Blanca y las presiones políticas.

Dijo que, pese a estar de vuelta, “no estamos al aire en el 20% del país”, lo que consideró un hecho sin precedentes para un late night.

Mencionó específicamente que Seattle y Washington D.C. habían bloqueado la transmisión esa noche, un gesto que interpretó como censura política.

Lo remató con sarcasmo: “Estamos en Nashville, Nueva Orleans, Portland, Salt Lake City y St. Louis… excepto en la ciudad de mi esposa, donde su familia no puede ver el show. Tendrán que ir a YouTube”.

Con esto, Kimmel quiso mostrar que su regreso fue “a medias”: volvió, pero en un escenario fragmentado, con restricciones inéditas que ilustran la tensión entre medios, política y libertad de expresión.

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