Fernando Iwasaki

En América Latina escribimos sobre la tierra quemada: Fernando Iwasaki

“En la prédica maoísta había una expresión que era tremenda y que utilizó mucho en el Perú Sendero Luminoso: «incendiar la pradera». Creo que en este momento, no sólo en América Latina sino en todo el planeta, estamos creando ficción sobre la tierra quemada”.

Ciudad de México, 26 de mayo (MaremotoM).- Nací en Lima en 1961, vivo en Sevilla desde hace más de treinta años y tengo un apellido japonés, como todo el mundo. Estudié historia y literatura porque no tuve valor para estudiar música o bellas artes, pero he tenido la fortuna de vivir rodeado de artistas. Me encanta saber que las personas que más quiero y admiro son mejores que yo, porque así, cuando llegue el momento de ver toda mi vida como si fuera una película, sabré si fui o no un digno actor secundario.

Así se presenta en su página el autor peruano Fernando IWasaki, quien hoy se presentó en un tema que parecería que la violencia es inherente a estas tierras. No solo en cuanto a lo obvio: los feminicidios, la guerra de cárteles, la violencia política, sino también en nuestra literatura.

El título de la mesa que abrió las jornadas de hoy en la V Bienal Mario Vargas Llosa era Literatura y violencia política. Acompañado por los escritores Santiago Gamboa, de Colombia, y Soledad Álvarez, de República Dominicana, y con la moderación del guatemalteco David Unger, el escritor peruano-universal, Fernando Iwasaki comenzó su intervención diciendo que:

“En la prédica maoísta había una expresión que era tremenda y que utilizó mucho en el Perú Sendero Luminoso: «incendiar la pradera». Creo que en este momento, no sólo en América Latina sino en todo el planeta, estamos creando ficción sobre la tierra quemada”.

“Como vivo en Andalucía y he visto arder muchos bosques”, continuó el autor de Neguijón (Seix Barral, 2005), “créanme que la desolación que transmite un bosque absolutamente arrasado por el fuego es algo apocalíptico”.

Para el escritor, actualmente, en todo el mundo, estamos consumiendo ficciones postapocalípticas. “Son ficciones que nos hablan de una humanidad superviviente después de una gran tragedia”, dijo, pero advirtió que esto no tiene que ver con el confinamiento por la pandemia, “porque muchísimas series, películas, incluso cómics ya partían de una suerte de destrucción y por lo tanto, nos hemos acostumbrado a consumir este tipo de creaciones”.

La reflexión de Iwasaki continuó en el sentido de que las utopías de Kafka suponían el Estado. “En El proceso y en muchas obras de Kafka la pesadilla parte de un poder superior. En novelas postapocalípticas, como 1984 o Un mundo feliz también es indispensable que exista un Estado”, continuó el escritor.

V Bienal Mario Vargas Llosa
David Unger y Santiago Gamboa, dos integrantes de la conferencia. Foto: Cortesía

“Hoy todas las ficciones postapocalípticas parten de la desaparición del Estado. No existe esa fuerza represora que ejerce la violencia, lo que hay es un nihilismo desatado con individuos antisociales en un mundo sin ley. Hemos pasado de los simios a los zombies”.

Después de reafirmar que es en este mundo postapocalíptico en el que estamos creando ficción, Iwasaki invitó a los asistentes a recodar el primer versículo del Apocalipsis: “Bienaventurado el que lee” y recordó la literatura en la que la violencia no es explícita, sino implícita, en donde lo importante no es lo que está en la foto, sino lo que no sale en la foto. Por ejemplo: en “Casa tomada”, de Julio Cortázar o en la novela de Piedad Bonnett, Qué hacer con estos pedazos (Alfaguara, 2023): “en enfrentarse a esos fragmentos, está esa violencia fuera del marco de la foto”.

 

Fuente: La libreta de Irma / Original aquí.

 

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