La película Gaza, la franja del exterminio nos pone frente al espejo y nos dice: toda la humanidad es la culpable. Fundamentalmente porque no hay ningún discurso que nos explique lo que está pasando: vemos lo que pasa. Un chico reza o canta en el medio de Palestina y al dar la vuelta la vista se cae un edificio entero a causa del bombardeo.
Ciudad de México, 15 de enero (MaremotoM).- El pasado viernes 10 de agosto fui al estreno en la Cineteca Nacional de Gaza, la franja del exterminio, del director Rafael Rangel.
Estaba un poco nerviosa, porque ya había escrito sobre esa película (en un libro que saldrá muy pronto) y probablemente, después de la lluvia, de la cantidad de gente que protestaba por el genocidio de Israel y por esa cantidad de cosas que podríamos hacer, pero no hacemos, era dable que no quisiera volver a ver la película.
Sin embargo, eran las 1930 y yo sentada ahí, con los ojos tan abiertos como mi corazón, para absorber la cara y los cuerpos de los niños ensangrentados, los rostros de los padres con desesperación e impotencia y yo odiando todavía más a Benjamin Netanyahu, el primer ministro de Israel, acusado de una corrupción tremebunda y que es el vocero de la ultraderecha del país, para exterminar al pueblo palestino.

Dice el periodista Témoris Grecko, un estudioso de este tema, que además viaja todo el tiempo para la zona, que muchos de los miembros del ejército israelí no llaman palestinos a los habitantes de la Franja de Gaza, sino que los denominan “árabes” y que entonces se vayan a algún país de esa nacionalidad.
En otro libro que pronto saldrá Leeré hasta mi muerte digo: “Pero no hay remedio. Siempre está esa historia de las razas detrás de todo, que es más historia que el dinero, la educación, la posición social. Como mirar fuera de foco a otras realidades distintas. ¿Como tomar agua de un lago, comer hierbas, dormir con un saco de oso o de lobo en el invierno? No lo sé, pero lo imagino. Y la vida de ellos es tan plácida, que tienen algo para enseñarnos, pero somos tan racistas como los racistas que dicen: fuera de aquí, haremos un tren o un puente que comunique pueblo a pueblo”.
La historia de las razas es más fuerte que la vida del hombre en la Tierra. Pereceremos como especie, pero hasta el final seguiremos teniendo ese instinto que nos hace ser diferentes a un negro, a un chino, a un árabe, incluso a un pobre, puesto que la condición económica hoy se ve como una condición de raza.
LA PELÍCULA GAZA
La película Gaza, la franja del exterminio nos pone frente al espejo y nos dice: toda la humanidad es la culpable. Fundamentalmente porque no hay ningún discurso que nos explique lo que está pasando: vemos lo que pasa. Un chico reza o canta en el medio de Palestina y al dar la vuelta la vista se cae un edificio entero a causa del bombardeo.
La misma embajadora de Palestina en México, Nadya Rasheed, lo certifica: “Quiero comenzar por expresar mi más profunda gratitud al director Rafael Rangel por su valiente e invaluable esfuerzo para exponer la terrible verdad del genocidio que Israel ha desatado sobre Gaza durante los últimos 15 meses. A mis paisanos palestinos que arriesgaron todo para capturar las impactantes imágenes que hemos visto esta noche y a los fotógrafos que documentaron estos horrores con sus teléfonos permitiendo que el mundo viera la verdad: su valentía no tiene igual y sus voces son imparables”. Así comenzaba el discurso en la Cineteca luego de ver Gaza…
¿Quién es Rafael Rangel? Nació en 1962, es director, productor y guionista. Estudió Arquitectura en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (1979-1982). Se inicia en el cine como asistente de producción en la película Dunas, de David Lynch 1984.
Escribe, dirige y produce los cortometrajes Int. 19/2003, en el que una mujer contrata a un hombre para que le quite la vida y evitar que se cumpla una profecía, actúan Nuria Bages y Julio Bracho; Peces de asfalto/2005, basado en hechos reales, es la historia de un niño de la calle violado constantemente por un policía hasta que decide enfrentarlo. En el reparto: Julio Bracho, Francesca Guillén y Luis de Santiago; Sangre circular/2008, donde un escultor es convertido en estatua por una de sus obras, con Julio Bracho y Helena de Haro.

Es director de ficción, aunque ha hecho varios documentales, con su concepto de “cine salvaje”, guiado por los lineamientos del brasileño Eduardo Coutinho (1933–2014), considerado uno de los más importantes documentalistas de la historia del cine brasileño e internacional. Reconocido por su estilo humanista, su capacidad para escuchar y su enfoque en las historias de personas comunes, Coutinho revolucionó el género documental al priorizar las voces de sus protagonistas y al crear un cine profundamente personal y reflexivo. Su estilo es llamado “antropología salvaje”, que no observa ni interpreta, sólo prioriza las voces de sus sujetos, construye una relación dialógica con ellos y cuestiona las estructuras jerárquicas del conocimiento.
En el cine de Rafael Rangel todo es salvaje, incluido el de la ficción. Aunque ese no es el tema de esta nota, donde precisamente adoptamos su “antropología salvaje” para comprender exactamente hasta donde ha llegado la disputa entre palestinos y judíos, teniendo a la Franja de Gaza como fruto de un genocidio feroz.
Dice Lina Meruane: “Palestina me llama. No me quedo ni un minuto extra en Londres, arrastro mi maleta hasta Heathrow y después de darme un par de vueltas por la terminal descubro por fin la zona apartada que se le reserva en cada aeropuerto del mundo a la línea aérea El Al. Pronto detecto a los agentes de la seguridad israelí, son idénticos a los tiras de la dictadura chilena. Los mismos anteojos oscuros de marco metálico, el mismo corte de pelo militar, el mismo modo tieso al andar. El rostro seco. Ante todo, pienso, mientras me acerco: no perder nunca la calma y decir siempre la verdad”.
Pienso mucho en estos días en Daniela Weiss, colona ortodoxa israelí y supremacista judía, es miembro del movimiento extremista de colonos sionistas israelíes y fue la alcaldesa de Kedumim, un asentamiento ilegal israelí ubicado en la Cisjordania ocupada, en Palestina. Su rostro, sus manos, su sonrisa no admite una sola línea palestina. Para ella no existen “los vecinos” y su mandato es borrarlos.
Sin embargo, hoy casi el 90 por ciento de los judíos quieren que se acabe la guerra en Gaza. Los dirigentes de Hamás también y devolverán a los judíos que secuestraron el fatídico 7 de octubre. Estamos por los dos Estados y que, como canta la hermosa Nour frente al mar en Gaza, la franja del exterminio, que algún día todo esto termine.











