La poeta que alguna vez escribió “Yo, la que te espera, soy la que no te espera ya” sigue escribiendo desde el borde, desde el destierro, desde la conciencia de que la palabra puede ser un acto político. En su vida y en su obra, la insurrección es también una forma de ternura.
Ciudad de México, 18 de octubre (MaremotoM).- “Por su capacidad de renovación de la poesía hispanoamericana y por la fuerza de su diálogo entre la sociedad, la historia y la literatura”, la poeta y narradora Gioconda Belli ha sido distinguida con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español 2025, otorgado por la Secretaría de Cultura de México y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El jurado —integrado por Rodrigo Martínez Baracs, Ana Clavel, Natalia Toledo, Claudia Piñeiro y Luis García Montero— destacó en la obra de la autora nicaragüense “el vínculo entre la reflexión íntima y la memoria compartida”. Con este reconocimiento, Belli se convierte en la décima persona galardonada con un premio que busca honrar a quienes han enriquecido el patrimonio literario universal en lengua española.
Recibirá 125 mil dólares, un diploma y una escultura de Vicente Rojo, símbolo del diálogo entre la palabra y la forma que inspira el legado de Carlos Fuentes, autor de La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz.
Gioconda Belli nació en Managua en 1948 y pertenece a una generación de escritores que hicieron de la palabra una trinchera. Integrante del Frente Sandinista de Liberación Nacional, participó activamente en la resistencia contra la dictadura de Anastasio Somoza, lo que le costó el exilio en México y Costa Rica durante los años setenta.
Su primer libro, Sobre la grama (1972), obtuvo el Premio Mariano Fiallos Gil y marcó el comienzo de una poesía sensual, política y profundamente femenina. Poco después, con Línea de fuego (1978), ganó el Premio Casa de las Américas, consolidando su voz en la tradición de las poetas latinoamericanas que hicieron de la militancia una estética.
Tras el triunfo de la Revolución Sandinista, ocupó cargos dentro del nuevo gobierno, sin abandonar la escritura. Publicó poemarios como Amor insurrecto y De la costilla de Eva, donde exploró el deseo y el cuerpo como territorios de emancipación. Su célebre novela La mujer habitada (1988) la convirtió en un referente del feminismo literario latinoamericano.
Con más de una veintena de libros publicados, Belli ha construido una obra que combina la épica colectiva con la intimidad femenina. Su autobiografía, El país bajo mi piel (2001), es ya un clásico de la literatura testimonial latinoamericana. Otros títulos como El infinito en la palma de la mano (Premio Biblioteca Breve y Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2008) o El país de las mujeres (2010) expanden su mirada hacia el mito, la utopía y el futuro.
Su literatura, entre la memoria y la imaginación, propone un pacto entre la historia y el deseo. “La revolución fue una forma de amor”, ha dicho más de una vez. Esa tensión entre lo político y lo erótico, entre el cuerpo y la patria, recorre toda su obra, donde la mujer aparece no como símbolo de sacrificio, sino como sujeto de transformación.
En 2021, Gioconda Belli volvió a exiliarse, esta vez por su abierta oposición al régimen de Daniel Ortega. Dos años después, fue despojada de su nacionalidad nicaragüense junto con otros intelectuales y defensores de derechos humanos. Hoy reside en España, país del que adoptó la nacionalidad, junto con la chilena.
El Premio Carlos Fuentes coloca su nombre junto al de Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Luisa Valenzuela, Diamela Eltit, Margo Glantz, Elena Poniatowska y Luis García Montero, entre otros, pero en Gioconda Belli el reconocimiento tiene también un sentido histórico: es la consagración de una literatura que nació en la insurrección y sobrevivió al desencanto.

La poeta que alguna vez escribió “Yo, la que te espera, soy la que no te espera ya” sigue escribiendo desde el borde, desde el destierro, desde la conciencia de que la palabra puede ser un acto político. En su vida y en su obra, la insurrección es también una forma de ternura.
“Gioconda Belli encarna la tradición de una literatura que no renuncia al amor ni a la rebeldía. En tiempos de oscuridad, su voz nos recuerda que la poesía puede seguir siendo un arma cargada de futuro.”











