En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, tuve la oportunidad de entrevistar a Manuel Mörbius, un escritor de ciencia ficción, horror y terror, que ha extendido sus inquietudes con el sonido y sus interrelaciones al campo de la literatura, sobre todo en su último libro, Arqueologías del ruido futuro, editado por Mandrágora Ediciones.
Ciudad de México, 1 de diciembre (MaremotoM).- Al leer estas historias pude notar una constante presencia del sonido, más específicamente el ruido como protagonista principal, cuéntame cómo nació esa inquietud en ti, para brindarle ese papel.
-Fíjate que desde hace un par de años, me metí en estas cuestiones a partir del trabajo en la radio. Me tocó estar primero en operación y después en producción y me empezó a llamar mucho la atención la configuración de los sonidos, comprender el ruido y entender por qué los sonidos nos causan cierta sensación, por ejemplo en las películas de miedo, la tención de unas cuerdas y en la ciencia ficción los sintetizadores, estos sonidos de flashes, música diseñada para generar misterio, descubrimiento o esa sensación épica con características grandilocuentes o de algo desconocido, por ejemplo el sonido del theremin, que si bien son notas extrapoladas también representan la otredad y atmósferas distintas. Me pongo a investigar más a profundidad, consigo un sintetizador y empiezo a tocar. A partir de esa experiencia me doy cuenta de que cuando escuchas algo el cerebro interpreta y también es muy corpóreo. El ruido se puede volver un personaje y hay una multiplicidad de cuestiones, por eso titulé el libro como Arqueologías del ruido futuro (Mandrágora Ediciones), porque hay una búsqueda para entender qué generan los ruidos y cuáles son esos sonidos. Todo empezó con la inquietud de saber cómo suena un museo, regularmente son zonas silenciosas, hay voces que te van llevando por el recorrido o puedes escuchar detalles con el código QR y se me ocurrió plasmar historias a partir de una sonoridad guardada, entendiendo que los objetos guardan también una memoria acústica, como los monolitos o los vestigios. Es un viaje para sacar esa arqueología de los sonidos. Los seres tienen sonidos, las personas tienen sonidos, hasta el espacio exterior tiene sonidos porque hay elementos gaseosos. Si no existiera el vacío del espacio y pudiéramos escuchar el sol, lo que escucharíamos sería un martilleo constante, a nivel planetario, día y noche. A partir de ahí se originan estas historias y al final viene un ensayo que estuve trabajando en el Seminario de Estéticas de Ciencia Ficción inscrito al INBAL. Ahí tuve la fortuna de indagar en mis intereses, leer ensayos como el de Ramiro Sanchiz, Posthumanismo sónico (Holobionte) donde habla de David Bowie, libros sobre música, músicos, metal apocalíptico, futuristas o géneros varios pero no de manera específica con el sonido y con la literatura. Por eso me incliné a crear un híbrido entre ensayo y narrativa, que es con lo que cierra el libro, para repensar la ciencia ficción y los géneros especulativos en general con muchísima más seriedad, con muchísima mayor precisión en las intenciones. Entender la intencionalidad del género fantástico como un valor para explicar sensibilidades y experiencias humanas sociales, que tiene mucho que ver con la otredad.

-En tu libro hablas de otros planetas, maquinarias que aún no existen, de otros planos y además hay varios códigos QR para hacer más completa la experiencia. Tu libro es un artefacto para viajar en más de un sentido. ¿Cuándo nace en ti ese interés por la Ciencia Ficción?
-Si creciste en los 80 estás empapado de ciencia ficción, por ejemplo, Robocop es una película brutal, por decir lo menos, que originaba una discusión en casa sobre lo que había entendido. También vi Alien, Star Wars, Blade Runner, Volver al Futuro, etc. Cuando creces y estás en ciertas ciudades que son muchísimo más aceleradas y violentas, la ciencia ficción es sobrevivencia, un universo que nunca termina. Y a través de la lectura y escritura intentas diferenciar realidad y contexto. Te sumerges en lecturas de Ballard, Ursula K. Le Guin, Octavia E. Butler para intentar interpretar el mundo que habitas, a través de extrapolaciones que son elementos en el imaginario cultural. ¿Qué los puede hacer estallar y brincar? Hay múltiples maneras de imaginar y rediseñar contextos, mundos, para reflejar cosas que están sucediendo en la actualidad.
-En uno de los cuentos hablas de que todo lo que escuchas crea un rizoma dentro de ti y toma forma. ¿Crees que tu bagaje musical está plasmado en el libro, representado por Dead Can Dance, The Cure, Klaus Shultze, por nombrar algunos?
-Es complejo que estuviera todo, pero sí está lo que más me ha inquietado o me ha influido. Por ahí hay un cuentito que se llama Música de criptas que es precisamente cuando estás en presencia de lo gótico por primera vez, un chavito de playera negra, pantalón negro y zapatos negros, en su primera experiencia con las sonoridades, la música que te gusta a un alto volumen, la primera tocada, cuando no puedes ni hablar. Una memoria que se crea a partir de ese acontecimiento acústico y sonoro. Con la música hay una parte muy social, bailamos o vamos a conciertos, pero también hay experimentación. Explorar los sonidos, los ruidos, para buscar otras capas de sensibilidad, otras experiencias acústicas que no necesariamente son las notas acostumbradas o en el orden habitual. Hay música concreta ya reconocida para generar atmósferas y yo quería abordar la ciencia ficción a partir de una exploración sensitiva, con sonidos a veces irreconocibles que ponen tu mente a imaginar mil posibilidades, para quitarle la hegemonía a lo visual.
El libro de Manuel Mörbius, Arqueologías del ruido futuro (Mandrágora Ediciones), se puede encontrar en la FIL, del 5 al 8 de diciembre en el área internacional, Stand II-22.











