Michel Franco ha explicado que el filme plantea una metáfora sobre las tensas —y a veces injustas— relaciones de poder entre México y Estados Unidos, sumergiéndose en temas como migración, deportación y paternalismo disfrazado.
Ciudad de México, 27 de agosto (MaremotoM).- La reconocida actriz Jessica Chastain y el cineasta mexicano Michel Franco se reunieron con medios nacionales y público en Cinépolis VIP Miyana para hablar de Dreams, su nueva y provocadora colaboración. Durante la conferencia de prensa, que incluyó proyección previa, ambos compartieron desde el origen creativo del proyecto hasta el discurso político que lo sustenta.
Chastain destacó el trasfondo sociopolítico de la cinta y cómo su papel exigió salir de su zona de confort: “No haría este trabajo si no fuera político”.
Franco describió el film como una “relación íntima” cargada de dinamismo de poder entre dos mundos aparentemente unidos: México y Estados Unidos.
La actriz también abordó las tensiones de clase implícitas en su personaje, Jennifer, una mujer de elite que cree actuar con amabilidad, pero revela actitudes clasistas hacia quienes están por debajo de su posición: “cree que es generosa, pero en realidad está siendo clasista”
Por su parte, Isaac Hernández, protagonista junto a Chastain, explicó cómo se abordaron las escenas íntimas y de danza con cuidado emocional: “no es solo gente teniendo sexo, ¿qué está pasando emocionalmente en el momento?”.
Según Reuters, Dreams comienza como una historia de amor tóxica entre Jennifer, una socialité estadounidense interpretada por Chastain y Fernando, un bailarín de ballet mexicano interpretado por Isaac Hernández en su debut cinematográfico.
Fernando cruza la frontera para reunirse con ella, pero su llegada desestabiliza la vida acomodada de Jennifer, generando un conflicto punzante entre afecto, ambición y poder.

Michel Franco ha explicado que el filme plantea una metáfora sobre las tensas —y a veces injustas— relaciones de poder entre México y Estados Unidos, sumergiéndose en temas como migración, deportación y paternalismo disfrazado.
La película no se limita al romance, sino que se erige como una crítica política, sin señalar con un dedo, pero fomentando reflexión.
En su estreno mundial en la 75ª Berlinale, Dreams compitió por el Oso de Oro y recibió críticas diversas: mientras The Guardian le otorgó cuatro estrellas por su incisiva exploración del privilegio (inspirada en la “hipocresía woke”), Deadline Hollywood lo consideró emocionalmente plano.
Durante la conferencia de prensa en México, Dreams se reveló más que una historia de amor desigual: se trató de una declaración con tintes políticos, un retrato íntimo de relaciones desiguales, privilegiadas y tóxicas que simulan generosidad. Chastain y Franco no solo presentaron una película, sino una provocación cinematográfica que invita a cuestionar nuestras nociones de empatía, poder y migración.











