Al despedirse, su voz suena serena, convencida de que filmar sigue siendo una forma de entender. “Velasco amaba este país, sus volcanes, sus paisajes. Yo también. Filmarlo es otra manera de pintarlo.”
Ciudad de México, 20 de octubre (MaremotoM).- En la mirada del documentalista Jorge Prior, el arte mexicano sigue latiendo con la misma fuerza que cuando José María Velasco pintaba el Valle de México. Su reciente trabajo, un documental dedicado al gran paisajista del siglo XIX, es tanto un homenaje visual como una reflexión sobre la permanencia de la mirada: la del pintor, la del país, la del propio cineasta que desde hace más de cuatro décadas ha retratado a los artistas que definieron la identidad visual de México.
El proyecto nació a partir de la colección resguardada por el Centro Cultural Kaluz, conformada por obras reunidas durante setenta años por la historiadora y coleccionista María Elena Altamirano y su familia.

Prior tuvo acceso a ese archivo íntimo: cuadernos de apuntes, hojas secas guardadas por el propio Velasco, pequeños estudios de color, esbozos de árboles y volcanes. “Tuve la fortuna de meterme a ver las intimidades, cosas muy personales que de otra manera es imposible tocar. Dejar un testimonio de cómo se guardó todo ese material era necesario”, dice el realizador.
El documental acompaña la revalorización internacional de Velasco. Este año, una muestra sobre su obra viajó a Gran Bretaña y próximamente a Estados Unidos. Para Prior, la vigencia del pintor es indiscutible: “Velasco sigue influyendo en artistas contemporáneos. Hay pintores que buscan los mismos puntos desde donde él se instaló para hacer nuevas lecturas del paisaje. Eso demuestra que su mirada continúa viva.”
El filme de Prior no se limita a la reconstrucción biográfica. Explora la doble vocación de Velasco como científico y artista. “Tenía una curiosidad inmensa. Estudió medicina, recolectaba plantas, hacía anotaciones. En los cuadernos que filmé se ve ese afán de entender el mundo con rigor, no sólo de representarlo”, explica el director. Esa aproximación lo emparienta con los naturalistas decimonónicos, pero también con el México moderno que aprendió a mirar su geografía como destino.

El documental traza una geografía afectiva. La cámara de Prior se detiene en los paisajes que pintó Velasco —el Ajusco, la Villa de Guadalupe, el Valle de México—, lugares donde aún se adivina la huella de su mirada. “La casa de Velasco sigue en pie, justo al lado de la Basílica. Está vacía, pero es un sitio lleno de memoria. El Kaluz quiere hacer ahí un museo de sitio. Ese espacio dice tanto como sus cuadros.”
Jorge Prior ha construido, a lo largo de su carrera, una de las filmografías más coherentes y persistentes del documental mexicano. Desde El ombligo de la luna (1986) hasta Malgré Tout, Jesús Contreras (2014), su cámara ha sido testigo del arte y la historia. Ha retratado a José Clemente Orozco, a Roberto Montenegro, a Julio Ruelas, a Melquiades Herrera. Su trabajo combina precisión estética y rigor histórico, con la convicción de que el arte es una forma de memoria nacional.
“Debo tener más de cien documentales”, dice con naturalidad. “En los noventa hice una serie de noventa programas sobre artistas plásticos. Ahora los reviso y me asombra ver a Magali Lara o a Carla Rippey jóvenes, trabajando con el mismo entusiasmo. Me interesa revisitar esos archivos y mostrar cómo el tiempo cambia la mirada.”
El documental sobre Velasco forma parte de esa misma voluntad de preservar y compartir. “Velasco es un referente absoluto del paisaje mexicano. Pintó el Valle de México desde todos los ángulos. Ver ese valle ahora, tan distinto, siempre será refrescante. Sus cuadros son un espejo de lo que fuimos y de lo que todavía podríamos ser.”

Prior pertenece a una generación de documentalistas que entendieron el cine como una herramienta para pensar el país. Profesor durante dos décadas en la Universidad Metropolitana, ha impulsado una visión del documental educativo y cultural alejada de la rigidez institucional. “El interés de casi todos los documentalistas es mirar la realidad nacional. Hay muchos trabajos sobre los desaparecidos, sobre la violencia. Yo elegí otra línea: el arte, pero al final todo habla de México. El arte también es una forma de resistencia.”
Su filmografía es testimonio de esa coherencia. Ganador del Ariel de Plata, del Premio Nacional de Periodismo y del Mundo Latino en el festival de Trieste, Italia, Prior continúa trabajando con la misma curiosidad de sus primeros años. “Estoy haciendo una serie sobre fotografía junto con Artes de México, que se llama Luz portátil. Ya tenemos diez videos y pronto los lanzaremos.”
Al despedirse, su voz suena serena, convencida de que filmar sigue siendo una forma de entender. “Velasco amaba este país, sus volcanes, sus paisajes. Yo también. Filmarlo es otra manera de pintarlo.”











