Kenzaburo Oe

Kenzaburo Oé, un Premio Nobel que muere

La editorial pidió que no se entreviste por respeto a la familia e indicó que próximamente habrá una ceremonia pública en memoria del laureado escritor. Conocido por su postura pacifista y antinuclear, Oé fue parte de una generación de escritores “profundamente herida” por la Segunda Guerra Mundial, “pero llena de esperanzas de un renacimiento”

Ciudad de México, 13 de marzo (MaremotoM).- El escritor Kenzaburo Oé (Ose, 1935 – Tokio, 2023) fue el símbolo y el portavoz de su generación y uno de los grandes escritores japoneses de nuestro tiempo. Obtuvo los galardones literarios más importantes de su país, ratificados en 1989 por el Europalia de la Comunidad Europea y en 1994 por el Premio Nobel de Literatura. En 2007, obtuvo la máxima condecoración francesa, la Legión de Honor.

La editorial Kodansha informó este lunes el deceso, que se produjo por causas naturales el pasado 3 de marzo y que la familia ya realizó el funeral.

La editorial pidió que no se entreviste por respeto a la familia e indicó que próximamente habrá una ceremonia pública en memoria del laureado escritor. Conocido por su postura pacifista y antinuclear, Oé fue parte de una generación de escritores “profundamente herida” por la Segunda Guerra Mundial, “pero llena de esperanzas de un renacimiento”.

Oé nació en la prefectura de Ehime (suroeste de Japón) en 1935, un sitio remoto que evoca frecuentemente en sus escritos como un microcosmos de la humanidad. Posteriormente estudió literatura francesa en la Universidad de Tokio y ganó el Nobel en 1994, convirtiéndose en el segundo autor japonés en lograr este reconocimiento.

El autor hizo su debut literario con el texto Un trabajo extraño (1957) y en 1958 ganó el reconocido premio Akutagawa para jóvenes autores con La presa, sobre un piloto afroestadounidense cautivo en una comunidad rural japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. En 1963, el nacimiento de un hijo discapacitado, Hikari, da un giro a su vida personal y un nuevo impulso a su obra.

“En la estela de Dostoievski y los grandes novelistas europeos del siglo XIX, el escritor japonés había sido capaz de crear no sólo un vasto mundo propio y reconocible sino un universo moral en el que laten las grandes cuestiones que plantea la condición humana”, dice Carlos Alfieri, en una entrevista por Salto Mortal, “una espléndida novela de más de 800 páginas que publicó la editorial Seix Barral”.

Kenzaburo Oe
Ha muerto por causas naturales a los 88 años. Foto: Cortesía

El nacimiento de su hijo Hikari, discapacitado, en 1963, convulsionó su vida y dejó hondas huellas en sus libros. Las novelas Una cuestión personal (1964), que refleja su tragedia de padre y El grito silencioso (1967) lo situaron como uno de los más notables escritores de su país, mérito que consolidaría con sus obras posteriores: Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura (1969), Las aguas han inundado mi alma (1973), Juegos contemporáneos (1979), Cartas a los años de nostalgia (1987), La torre del tratamiento (1990), entre otras. “Buen conocedor de Cervantes y de la literatura latinoamericana, Kenzaburo Oé fue profesor en El Colegio de México en la década de 1970, época en que tuvo trato frecuente con escritores como Octavio Paz, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. Fustigador implacable de la tradición bélica de su país, simpatizante de causas de izquierda, atormentado por las heridas que laceran a los hombres, en su gran literatura se conjugan una mirada sombría y pesimista a lo Céline, con un llamado de resonancias religiosas al rescate de la dignidad y a la regeneración”, dice Carlos Alfieri, en una entrevista para la Casa de Estudios Ortega y Gasset.

En dicha entrevista niega su amistad con Yukio Mishima, de la que tanto se ha hablado en la prensa y dice, entre otras cosas, “siempre he estado en contra, y lo sigo estando, de esa estética de Mishima, de esa cultura de emperador que tenía, de su credo imperialista, de su actitud nacionalista exacerbada, hasta tal punto que alentó la idea de crear un ejército propio para enfrentarse al movimiento contestatario de los años 60. A mí me consta que al principio Mishima apreciaba mi trabajo, pero en un período de seis meses se convirtió en un completo enemigo mío y yo de él”.

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