La ciencia ficción mexicana está de moda, pero no como un simple capricho editorial, sino como una necesidad de época. Entre la edición genética, las inteligencias artificiales y las realidades virtuales, el género se convierte en un espacio para cuestionar nuestras certezas. No se trata de huir, sino de pensar desde otros ángulos. Como recuerda Elisa de Gortari: “La ciencia ficción revela los mecanismos de la realidad con más precisión que el realismo”.
Ciudad de México, 13 de septiembre (MaremotoM).- En los últimos años, la ciencia ficción ha dejado de ser un género marginal en México para convertirse en un territorio fértil donde los escritores ensayan respuestas a las preguntas más urgentes: ¿qué significa ser humano en tiempos de prótesis, algoritmos y realidades virtuales? ¿Hasta dónde es posible intervenir la biología? ¿Puede la inteligencia artificial crear sus propios códigos morales?
Autores como Roberto Abad, quien ha publicado Umbral, Orquesta primitiva, Cuando las luces aparezcan y El hombre crucigrama, Jorge Comensal, con Las mutaciones, Este vacío que hierve y Materia viva y Elisa de Gortari, autora del poemario Código Konami, de Himnos y de las novelas Los suburbios y Todo lo que amamos lo dejamos atrás, dialogan desde distintas perspectivas sobre un fenómeno que, lejos de ser mera evasión, se ha vuelto uno de los modos más lúcidos de pensar el presente.
También hemos entrevistado a la autora Andrea Chapela, que ha escrito Ansibles, perfiladores y otras máquinas del ingenio (Almadía) y Todos los fines del mundo (Random House).
¿Qué nos hace humanos?
“La categoría de lo humano está en constante mutación”, sostiene Roberto Abad, autor de Umbral, libro recientemente premiado con el Bellas Artes. Para él, reducir lo humano a lo orgánico es anacrónico: “Ya no somos los mismos seres vivos de hace 20, 30 o 50 años: hemos delegado funciones esenciales a la ciencia, lo que nos obliga a reformular el límite entre lo natural y lo artificial”.

Jorge Comensal reflexiona que la diferencia esencial está en la memoria cultural: “Lo que nos define es la transmisión de conocimiento a través de relatos míticos, cosmogonías, poemas épicos, murales, música. Conciencia y emociones parecen semejantes a las de otras especies, pero la escritura nos distingue”.

Para Elisa de Gortari, quien cruza filosofía y ficción en Todo lo que amamos lo dejamos atrás (Alfaguara), lo humano se juega en la interacción entre memoria y organismo: “Nuestra consciencia es una emanación de las leyes de la física y no puede escapar de ello”.
La edición de genes ocupa un lugar central en la imaginación distópica y también en las preocupaciones actuales. Abad plantea el dilema desde la supervivencia: “Si mejorar significa resistir un entorno hostil —climático, ambiental o socialmente—, la modificación genética es una vía de supervivencia. Lo inquietante es la mejora estética: intervenir para satisfacer ideales de belleza antes que necesidades vitales”.
Comensal, que en Las mutaciones ya indagaba la fragilidad de los cuerpos, traza una frontera clara: aceptable si se orienta a la salud, inadmisible si busca “mejorar” a la especie, porque esa noción está cargada de presupuestos problemáticos y puede generar desigualdades extremas.

De Gortari, desde la experiencia cotidiana, reconoce la ambigüedad: “Yo uso lentes y antiandrógenos todos los días; así que no puedo criticar las modificaciones corporales, pero podría temer por un mundo donde solo algunas personas accedan a estos cambios. Una distopía como Gattaca es posible”.
Inteligencias artificiales y moralidad
La expansión de la IA obliga a repensar el papel de los algoritmos en nuestras vidas. Para Abad, “una IA no tiene objetivos morales propios; refleja los imaginarios colectivos de la sociedad que la produce”. Comensal coincide en que la falta de cuerpo impide que tenga identidad personal definida, aunque admite que podría desarrollar reglas independientes de sus creadores. De Gortari se muestra escéptica: “No me queda claro si una IA podría adquirir individualidad, aunque pueda ser mejor que nosotros para resolver problemas matemáticos. Lo que falta son respuestas éticas”.
El boom de lo virtual despierta fascinación y miedo. Abad lo ejemplifica con el documental La singular vida de Ibelin, donde un joven con distrofia muscular encontró en World of Warcraft una forma de vivir intensamente. “Para muchas personas, lo virtual no es un escape, sino una liberación”, concluye.
Comensal advierte lo contrario: “Si la realidad virtual fuera indistinguible de la real, reproduciría los males de la realidad de forma exacerbada. Entonces querríamos huir de ese mundo a la mansedumbre de lo físico”.
“Yo llego a la ciencia ficción porque escribí una serie sobre el tema cuando era más joven y es el género que me interesa leer. Todos estos lugares donde el escenario es otro grado de libertad, donde puedes crear una situación nueva, sobre la pregunta ¿Qué pasaría si…? Aprendí a escribir cuentos con este libro, quería tratar de escribir sobre los cuentos cotidianos del futuro. Estos pequeños lugares de intimidad en ciudades del futuro”, explica Andrea Chapela, una de las autoras más llamativas en torno a la ciencia ficción. Hablaba entonces de Ansibles, perfiladores y otras máquinas del ingenio (Almadía)
Es cierto que hay una distopía, pero los personajes de Chapela son entrañables y uno los reconoce y los quiere inmediatamente. Hay una Ciudad de México inundada y la gran pregunta del libro es cómo transformarán estas máquinas de ingenio las experiencias del amor, la amistad, la culpa, el envejecimiento o la muerte.
De Gortari recuerda a su maestra de filosofía Sonia Rangel, quien preguntaba: “Cuando te ríes en un chat, ¿tu risa es real?” Para ella, lo que ocurre detrás del teclado también pertenece a lo real, aunque anticipa que los jóvenes buscarán separar cada vez más lo digital de lo tangible.
La ciencia ficción como filosofía
¿Es la ciencia ficción un mero escape? Los autores coinciden en que no. Para Abad, es una vía de reconocimiento y exploración. Comensal la define como “una investigación seria de mundos posibles dentro de lo imaginable”. De Gortari la ve como “una lente de aumento que permite anticipar fenómenos no solo tecnológicos, sino también emocionales o psicológicos”.

“No me interesa pensar en distopías, lo que me interesa es qué pasa con nosotros, con nuestras relaciones, la tecnología no se va a detener y somos nosotros los que tenemos que decidir si nos influye o no”, afirma Andrea Chapela.
“Sí hablo del futuro en un sentido imaginativo de pensar qué pasaría si… Uno de los cuentos que me parecía como fantástico era cuando una pareja estaba discutiendo si quiere ponerse un chip para escuchar los pensamientos del otro, pero también creo que lo que nos hace humanos se juega con las relaciones que tenemos con otro. Este año hay un cerdo que tiene un chip”, agrega entre risas.
A estas voces se suman otros autores mexicanos que cultivan la ciencia ficción con originalidad: Iliana Vargas (Joni Munn y otras alteraciones del psicosoma, 2019), Bernardo Fernández BEF (Gel azul, 2009), Raquel Castro (Ojos llenos de sombra, 2012).
“Me parece que la ciencia ficción es un arma muy poderosa para pensar preguntas filosóficas grandes, hacer lo que los filósofos llamaban como estos juegos de pensamiento. La ciencia ficción hace eso y lo juega desde las herramientas de la ficción. Estamos en un momento muy raro de la historia de la humanidad en nuestra relación con el futuro y con las posibilidades de ese futuro. Creo que es una herramienta que los jóvenes tenemos para tratar de volvernos a inventar cosas. En un momento en el que parece que hemos llegado a cierto fin de la imaginación, cierto fin de los modelos de mundo, cierto fin de ciertas cosas, creo que las herramientas de la ciencia ficción y su imaginación son una forma de tratar de volver a abrir ese futuro un poco que se ha ido cerrando”, afirma Andrea Chapela.
La ciencia ficción mexicana está de moda, pero no como un simple capricho editorial, sino como una necesidad de época. Entre la edición genética, las inteligencias artificiales y las realidades virtuales, el género se convierte en un espacio para cuestionar nuestras certezas. No se trata de huir, sino de pensar desde otros ángulos. Como recuerda Elisa de Gortari: “La ciencia ficción revela los mecanismos de la realidad con más precisión que el realismo”.
Los editores mexicanos de ciencia ficción
Aunque durante décadas la ciencia ficción en México circuló en ediciones dispersas o colecciones aisladas, hoy la situación es distinta: varios sellos están apostando de manera decidida por el género, creando un ecosistema editorial que sostiene el auge actual.
Fondo de Cultura Económica (FCE)
Ha abierto espacio en su colección Colección Popular y en lanzamientos recientes a obras especulativas y de autores que dialogan con la ciencia ficción. Es uno de los pocos sellos grandes que conserva un interés constante en este tipo de literatura.
Almadía
Este sello independiente oaxaqueño ha publicado a escritoras jóvenes que cruzan la narrativa con lo especulativo (Andrea Chapela, Elisa de Gortari). Almadía ha sido clave en legitimar la ciencia ficción como literatura de prestigio.
Ediciones Antílope
Con catálogos arriesgados, mezcla ensayo, narrativa experimental y géneros híbridos. Ha difundido autores que trabajan el borde entre lo realista y lo especulativo.
Nitro/Press
Fundada en 2010, es uno de los sellos independientes que más ha apostado por literatura de género en México: ciencia ficción, terror, noir. En sus colecciones han aparecido cuentos y novelas de corte futurista y distópico.
Resistencia
Especializada en novela gráfica y cómic, ha editado a Bernardo Fernández BEF y a otros autores que llevan la ciencia ficción al terreno visual.
Editorial Sexto Piso (México)
Aunque es un sello internacional, desde su oficina en México ha publicado autores que dialogan con lo fantástico y lo especulativo (incluyendo traducciones de Ursula K. Le Guin y Stanislaw Lem).
Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y UNAM
Desde sus colecciones universitarias se han publicado antologías de ciencia ficción mexicana contemporánea, dándole un marco académico y de preservación al género.
Ediciones Periféricas, Paraíso Perdido y Ediciones Oblicuas
Pequeños sellos que han abierto catálogos dedicados al terror y la ciencia ficción, apuntalando la visibilidad de nuevas voces jóvenes.
Ferias y revistas
Además de las editoriales, hay espacios que han dado cabida al género:
La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) ha creado ciclos donde se habla de ciencia ficción y fantasía.
Revistas como Tierra Adentro y Punto de Partida de la UNAM han publicado relatos y dossiers temáticos sobre literatura especulativa.











