Marcha antifascista en Berlín

La ley de los tres segundos

En la Ciudad de México, los helicópteros andan paseando magnates cada cinco minutos, para evitarles las penurias del tráfico, pero en Berlín el sistema de transporte es funcional, las calles no están colapsadas y los helicópteros son usados casi exclusivamente por la policía.

Ciudad de México, 15 de diciembre (MaremotoM).- Mientras escribo esto, una marcha de la ultraderecha y una marcha antifascista suceden en Friedrichshain, el barrio donde vivo en Berlín. Iría de mirona, pero me he enterado tarde.

Paseaba con Lúa cuando vi pegado un cartel: “Contra la marcha de la ultraderecha en F-hain 14.12.24”. ¡Ah caray, es hoy!, me dije. La marcha empezó hace una hora y a juzgar por los -6 grados centígrados, la gente debe de estar marchando rapidito para calentar el cuerpo. Además, una suave brizna pone los dedos rígidos si no se llevan guantes y eso puede ser un problema para quienes llevan pancartas y banderas. Mientras escribo esto, escucho el sonido de un helicóptero, cosa rara por aquí. En la Ciudad de México, los helicópteros andan paseando magnates cada cinco minutos, para evitarles las penurias del tráfico, pero en Berlín el sistema de transporte es funcional, las calles no están colapsadas y los helicópteros son usados casi exclusivamente por la policía.

Hay muchas cosas sucediendo, y yo, que no estoy ni aquí ni allá, siento que mi mente se encuentra suspendida en quién sabe qué nebulosa, como el personaje Qfwfq de Italo Calvino: últimamente no distingo dónde termina el hilo de mis pensamientos ni a partir de qué impulso mis pies empiezan a moverse.

Marcha antifascista en Berlín
Una muestra de la marcha con frío. Foto: Cortesía

El cartel tenía un código QR para un canal de Telegram al que he ingresado. Me entero de que Friedrichshain es un distrito que se ha identificado históricamente con la izquierda. La marcha de la Aktionsbündnis Berlin, es decir, la extrema derecha, es tomada como una provocación para el barrio. Es como si el ultraderechista mexicano Eduardo Verástegui organizara una manifestación en, por ejemplo, ¿Iztapalapa? O lo mismo que hizo Sandra Cuevas cuando visitó la Central de Abastos montada en sus motonetas policíacas y la corrieron a chanclazos. Mientras escribo esto, alguien publica en el grupo de Telegram: “La barricada antifascista en Frankfurter Allee se mantiene estable con varios cientos de personas. Los fascistas aún están al principio. Podrían dirigirse hacia Nöldnerplatz si avanza… Bloqueo espontáneo en la Neue Bahnhofstrasse”. Parece ser que el recorrido ha avanzado lentamente, es decir, que, al contrario de mi aseguración, poco les importa el mal clima. Pero me da curiosidad saber de qué clase de bloqueo hablan. Ahora viene lo truculento: con la cantidad de policías cubriendo el área, es posible que haya un encuentro violento.

Estoy experimentando el típico fear of missing out, esa horrible sensación que nos hace sentir que nos estamos perdiendo de los eventos que pasan frente a nuestras narices. Una parte de la ruta planeada estaba a unas tres calles de aquí. De no haber sido por ese letrero que leí, mi mente hubiera interpretado este helicóptero, que sigue y sigue dando vueltas, como un magnate excéntrico que le gusta pasear por las mismas calles para generar cantidades idiotas de CO2 sólo porque puede. Respiro. Hace poco escuché que existe una regla llamada “La ley de los tres segundos”. Consiste en que, cuando sientes inmovilidad o no puedes empezar a hacer eso que te da pereza, miedo, hastío, pánico, etc., solo inicies la actividad durante tres segundos. Luego de empezar es muy probable que se realice la actividad entera. Por ejemplo, si yo decidiera aplicar esa ley ahora mismo, dejaría el teclado, me levantaría de la silla, me pondría todas las capas térmicas para salir a la calle y me iría caminando hasta el encuentro, acompañada de mi perra. Un minuto después, saciada mi curiosidad, me iría de regreso a casa, congelándome, si es que no me tocan un par de golpes por algún aficionado de la ultraderecha que se sintió envalentonado al verse rodeado de gente que, entre otras tantas cosas, quiere a los inmigrantes y cualquier persona racializada fuera, o un arresto de la policía que me mandaría a mi país en dos patadas y sin mi perra.

Leo ahora en el grupo: “Se están leyendo las condiciones a los nazis. No tienen altavoces ni equipo técnico. Aún no han comenzado”. ¿No han comenzado qué? ¿Las condiciones de qué? Todo parece un juego de mesa. Mientras escribo esto se reproduce aleatoriamente el Divertimento, acto tres, de la ópera Silvia, de Léo Delibes (sugiero a la lectora deleitarse con la canción de un minuto mientras acabo este texto). Me da gusto saber que, tanto aquí como allá, los civiles de la ultraderecha parecen nunca estar bien preparados. Su ventaja es llegar a posiciones de poder y pertenecer a las oligarquías donde pueden mover las cosas a su antojo. Pero cuando se trata de demostraciones callejeras, nunca sale bien. Así les fue a FRENAAA, en el 2021, marchando desde la comodidad de sus autos, y también cuando hicieron su plantón con casas de campaña vacías en las planchas del Zócalo capitalino en la CDMX. Su poder consiste en torcer las narrativas de los medios de comunicación y adquirir posiciones de poder, cuando salen a las calles en general hacen el ridículo.

La marcha de la ultraderecha en el barrio de Friedriechshain cambió de ruta varias veces en los últimos días. Así lo declararon en el grupo hace unos días: “El pánico se va extendiendo poco a poco en la Aktionsbündnis Berlin. ¡Así es! ¡Los nazis y otros derechistas no tienen cabida en Friedrichshain! ¡Juntos detendremos a la derecha!” El helicóptero se ha ido, gracias al cielo, y mi ansiedad baja poco a poco. Alguien comparte un artículo de investigación de Monitor Berlin que rastrea cómo las reuniones de networking de la actual organización de manifestantes fascistas fueron financiadas con el dinero del Estado, impulsadas especialmente por un político de nombre Matthias Helferich. Este señor, perteneciente a la AfD, el partido de ultraderecha en Alemania que se posicionó en las últimas elecciones, está alentando a las juventudes fascistas a continuar con las promesas del partido. Justo cuando me dispongo a calentar agua para tomarme un té, comienza la caravana de patrullas y ambulancias. Respiro hondo para que no me gane el salir a la calle, aunque se va acercando la hora del segundo paseo de Lúa y podría aprovechar la ocasión. Gracias a la cuenta @StadtrandMedia, en la red social X, puedo ver de cerca un poco más el minuto a minuto: gente formando barricadas en las calles, provocaciones, detenciones. Los números totales: 60 fascistas marcharon y más de mil antifascistas se reunieron para hacerles frente.

Con la llegada de la temprana noche, antes de las 4 pm., la gente se va a los cafés y las tiendas por bebidas calientes. La brizna de la tarde abre paso a la segunda nevada del año. Toda pequeña acción política, así sea la revuelta en un distrito, es una demostración de algo mucho más grande. A pesar de mis intentos para salir a la calle, me digo que la ley de los tres segundos en realidad consistía en lo mismo de siempre: no dejar que la vida me aleje del teclado y de la escritura, como siempre suele. Por hoy, me conformo con haber terminado esta pequeña crónica y les dejo aquí, fotos de cómo fui monitoreando las marchas de hoy.

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