Recientemente estrenó en salas y en la plataforma MUBI el tan esperado filme de body-horror, La sustancia (Reino Unido-Francia, 2024), de la cineasta y guionista francesa Coraline Fargeat, con un elenco de primera línea comandado por Demi Moore, Margaret Qualley y Dennis Quaid, en el que trata la superficialidad de una sociedad cada vez más narcisista que vive para y por la belleza y juventud del cuerpo a costa de lo que sea.
Ciudad de México, 24 de octubre (MaremotoM).- A través de una estética que recuerda a filmes como El demonio neón, de Nicolas Winding Refn o Titane, de Julia Ducournau y con varios guiños a obras maestras de Kubrick como El resplandor y Odisea 2001, La sustancia es, más allá de una película que vende por sus aristas escandalosamente grotescas, asqueantes y repulsivas, un filme con un mensaje poderoso y contundente: la degradación de un mundo en el que sólo cuenta la apariencia y el dinero.
¿Qué harías si pudieras convertirte en tu mejor versión, más joven, más bella, más sexy, sólo con inyectarte una sustancia? Suena muy tentador, sobre todo en un sistema que margina y desecha a todo aquel que no cumple con los estándares de belleza establecidos. A esa disyuntiva se enfrenta el personaje de Demi Moore, Elisabeth Sparkle, una famosa actriz, entrada en sus cincuentas, cuya carrera se desmorona cuando su productor, Harvey (sí, como Harvey Weinstein), un hombre repulsivo interpretado con repugnante verosimilitud por Dennis Quaid, decide reemplazarla por una chica más joven y voluptuosa. Por lo que, cuando Sparkle recibe la extraña oportunidad de probar esta nueva sustancia que parece milagrosa, no lo piensa mucho y se da una primera inyección que parece y es tan traumática como un parto, ya que de alguna manera da a luz a su “yo” más joven y perfecto, una despampanante Margaret Qualley, a quien llama Sue.
Sue es hermosa, con senos y glúteos firmes, piel tersa y bronceada, ojos azules y muy joven, pero en esencia sigue siendo Elisabeth, porque como indican las instrucciones de la sustancia “siempre eres una” no existe “la otra”. Pero como todo en este mundo tiene condiciones: “tendrás que cambiar de cuerpo cada siete días, sin excepciones”.
Al principio, todo parece funcionar muy bien. Sue reemplaza a Elisabeth en el programa de mayor audiencia de la televisión en el que la vemos bailar, sudar y presumir sus atributos, pero ¿quién quiere regresar a un cuerpo flácido y arrugado cuando puedes ser siempre joven? Así, Sue comienza a robar cada vez más tiempo lo que tendrá consecuencias horripilantes en el cuerpo de Elisabeth, que finalmente es ella misma.
El filme de Fargeat, destaca particularmente por su fotografía llena de colores vibrantes, acompañada de una potente música electrónica que, de a ratos, da la sensación de estar viendo un videoclip, así como una narrativa ágil que engancha y seduce desde el primer momento, una Demi Moore como nunca la habíamos visto y un muy cuidado e intencional diseño sonoro en el que todas las acciones de los personajes se escuchan con un detalle asombroso y que también refuerzan esos primeros planos que resultan inmensamente grotescos, porque esta es una película grotesca en muchos sentidos. Quizás el más terrible sea en la podredumbre de una sociedad que cimienta su sentido en el modelo aspiracional de belleza del cuerpo, el narcisismo y los estereotipos que han sido exacerbados por las redes sociales.

La sustancia es un filme que aborda muchas temáticas muy pertinentes y que invitan a la reflexión: la baja autoestima, el odio a uno mismo, la presión a la que son sometidas sobre todo las mujeres de las que se espera que sean perfectas y estén siempre bellas y jóvenes, la degradación de la industria del entretenimiento, en particular de Hollywood, la soledad, el peligro de las adicciones, la obsesión, la cosificación de la mujer y la necesidad de afecto y atención.
No obstante, la fuerza de su manifiesto se debilita en los últimos veinte minutos que se tornan burdos, caricaturescos, vomitivos e incluso involuntariamente cómicos en un exceso de sangre, pellejos, prostéticos que no sólo asquean al espectador más resistente, sino que van en detrimento de la que hasta entonces era una farsa inteligente, sólida y crítica, lo que resulta en un filme irregular, aunque impactante, que no deja a nadie indiferente.
Fuente: Alterna Cine / Original aquí.











