La Universidad del Claustro de Sor Juana recibe otra vez a Estela de Carlotto

Desde hace cerca de veinticinco años este Claustro ha realizado distintas acciones para promover los Derechos Humanos, compartiendo este espacio con personas que han hecho de la justicia y de la paz una razón de vida, hemos organizado encuentros nacionales e internacionales,  la creación del Centro de Estudios sobre la Paz y la Memoria Pier Paolo Passolini y distintas actividades académicas que derivaron en la creación  en 2008 de la Licenciatura en Derechos Humanos y Gestión de Paz, única en su tipo en nuestro país.

Ciudad de México, 20 de julio (MaremotoM).-   Ninguna sociedad, ninguna relación, ningún vínculo es posible si no podemos apelar a la verdad, si no podemos acceder a ella, aspirar a ella.  Si no es desde la verdad el tejido de la realidad se desdibuja y todo esfuerzo en busca de sentido, todo intento de significado se pierde en las entrañas perversas de los intereses y la manipulación, en las fauces del horror.

En la barbarie el otro, la otra, no existen, no hay diferencia ni exterioridad, no hay pregunta que cuestione el orden establecido. En la barbarie el nombre de Lilith es borrado de la historia, Huitzilopochtli corta la cabeza a su hermana Coyolxauhqui, luna y placenta y Caín mata a Abel; en la barbarie el cuerpo de Yocasta se balancea impotente para siempre y las hijas de Dafnis permanecen titubeantes frente al Oráculo y en la barbarie se intenta silenciar la voz de Sor Juana.

Estela de Carlotto
Estela de Carlotto en el Claustro Sor Juana. Foto: Cortesía

En la barbarie no hay otro, no hay otra, no hay verdad posible; en los andamios y en las fosas, en los espacios de trabajo y en la calle, sólo se manifiesta el miedo, el odio, el desprecio y la indiferencia. En la barbarie no hay forma de nombrar al otro y si no hay forma de nombrarla tampoco hay manera de nombrar su ausencia, no hay pregunta que busque la verdad. En la barbarie no hay memoria; sobre el olvido de las víctimas, frente al sinsentido del sufrimiento injusto e inmerecido se propone superar el dolor, el sufrimiento aletargando la memoria y la conciencia, dejando que el tiempo oculte la verdad.

Si no hay memoria, “¿de dónde vendría la inspiración para preocuparnos por el sufrimiento ajeno y para la visión de una nueva y mayor justicia? como bien lo plantea Johann Baptist Metz o Walter Benjamín en su razón anamnética.

La memoria debe ser la expresión de resistencia contra el horror, contra el abuso, contra la indiferencia; la memoria es la responsabilidad del sobreviviente. Por eso es importante entender la dimensión ética que su defensa implica para interpretar la realidad, la historia, lo que pasa, lo que nos pasa, y hacer evidentes los artificios del engaño y la falsedad, de los prejuicios y los intereses pragmáticos o utilitarios, ideológicos, políticos o económicos; por eso vale la pena resguardar todo aquello que nos permita reconstruir la memoria y entender la responsabilidad que tenemos al interpretar la realidad y el tiempo con intención de verdad.

Acaso el derecho a la verdad es uno de los más importantes derechos que como seres humanos tenemos.

Hoy nos reunimos para hacer memoria, para recordar la importancia del respeto absoluto a los derechos humanos para todas las personas, en todo tiempo, en todas las naciones y pueblos del mundo; derechos fundamentales civiles, culturales, económicos, políticos y sociales que deben ser defendidos cada día, todos los días; derechos que le dan sentido a la convivencia y la hacen posible, derechos que deben ser garantizados de manera irrestricta por todos los Estados, también el nuestro.

Hoy nos reunimos para hacer conciencia de lo que desde diferentes poderes se intenta encubrir, apartar y disfrazar con mentiras, con un discurso que a fuerza de insistir pretende convencer; acaso nos corresponde vacunarnos contra la amnesia, contra el olvido pactado y conveniente; defender los valores democráticos que han sufrido una verdadera pérdida de sentido, defender el Estado de Derecho y la ley  y definir e interpretar la justicia y la paz no desde la abstracción sino desde la redefinición de la solidaridad como expectativa compartida, como la disposición de reconocer a todos los seres humanos con rostro, nombre y circunstancia, desde la igualdad que la vida misma implica y reinterpretar las necesidades y derechos de todas, de todos, y exigir que se cumplan sus reclamos, que se institucionalice la inclusión y la comunicación, que la solidaridad se exprese en la voluntad de reconocer y fortalecer los lazos que nos unen para constatar que, a pesar de las diferencias, no estamos solos y que somos y queremos ser ciudadanos de una sociedad de iguales, que se pretende democrática, y de una comunidad internacional corresponsable y justa.

Desde hace cerca de veinticinco años este Claustro ha realizado distintas acciones para promover los Derechos Humanos, compartiendo este espacio con personas que han hecho de la justicia y de la paz una razón de vida, hemos organizado encuentros nacionales e internacionales,  la creación del Centro de Estudios sobre la Paz y la Memoria Pier Paolo Passolini y distintas actividades académicas que derivaron en la creación  en 2008 de la Licenciatura en Derechos Humanos y Gestión de Paz, única en su tipo en nuestro país.

En noviembre de 2011 creamos, en colaboración con la Embajada Argentina, la Cátedra Abuelas de Plaza de Mayo que ha realizado desde entonces actividades de la importancia de la Jornada Ecuménica por la Paz en la que participaron representantes de veinte religiones en julio del año pasado, en este Claustro hemos recibido a las madres y los padres de personas desaparecidas en nuestro país, a las caravanas de madres migrantes

En 2011 el Consejo Universitario decidió otorgar la Presea Sor Juana Inés de la Cruz, nuestro máximo reconocimiento, a las Abuelas de Plaza de Mayo. De esta manera expresamos nuestra admiración y reconocimiento a este grupo de mujeres comprometidas con la verdad, que asumieron como deber moral defender la vida, la memoria, la justicia, la democracia, los derechos humanos, la libertad y la palabra y han contribuido a hacer de este mundo un espacio más habitable, más tolerante, más justo, más digno. Su ejemplo ha inspirado durante todos estos años nuestro quehacer, nuestro compromiso con la búsqueda de la verdad, la construcción de la democracia, la promoción del diálogo y la paz.

Para nuestra casa de estudios es un honor recibir de nueva cuenta a Doña Estela en este espacio en el que Sor Juana escribió, “¿Quién creerá que firmando ajena muerte el mismo juez en ella se condena?

La ambición de sí tanto le enajena que con el vil temor ciego no advierte que carga sobre sí la infausta suerte, quien al Justo sentencia a injusta pena.

Jueces del mundo, detened la mano, aún no firméis, mirad si son violencias las que os pueden mover de odio inhumano;

Examinad primero las conciencias, mirad no haga el Juez recto y soberano que en la ajena firméis vuestras sentencias.”

Todo lo que hacemos en este Claustro es con la conciencia de que el ser humano tiene que ser el fin último de todas nuestras acciones y que el humanismo no es una doctrina, una ideología o un conjunto de ideas, sino el marco general de nuestra conducta que respeta la autonomía y la dignidad de todos los seres humanos. Tal vez la única manera de rescatarnos del olvido, de la impotencia ante la muerte, del extremo del dolor en donde no queda ya ni el grito ni las lágrimas sino tan sólo el silencio sordo que todo lo abarca y lo consume; tal vez la única manera de librarnos del estado de indiferencia ética, sea recuperando el habla para que el mundo y el ser humano de nuevo se hagan presentes, para que lo que se dice se cumpla gracias a la escucha, al entendimiento del ser de cada persona para darle de nuevo sentido a la  verdad, a la vida compartida, a la paz, a la buena voluntad.

Comprender significa, quizá, ir más allá de las definiciones y los límites para hacer de lo que se escucha algo propio, algo que nos acontece en nuestra propia vida, algo que pasa por nuestros ojos y nuestros oídos, por la piel y las entrañas.

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