Sara Sefchovich dice que ya no leerá novelas. Sólo lee ensayos. La novela, sin embargo, sigue teniendo esa dosis de un mundo posible, el que ella te augura, aunque luego son más las decepciones que las ilusiones hechas, pero al mismo tiempo uno refrenda la confianza una y otra vez.
Ciudad de México, 27 de diciembre (MaremotoM).- Hay que pensar en hacer una lista que huye, por más textos largos o recomendaciones que uno hace. Los libros recomendados son los que ha leído el que escribe la nota. Pero de todos modos, la haremos, porque es nuestra tradición e ir al fondo, a la raíz, siempre es revolucionario.
Sara Sefchovich dice que ya no leerá novelas. Sólo lee ensayos. La novela, sin embargo, sigue teniendo esa dosis de un mundo posible, el que ella te augura, aunque luego son más las decepciones que las ilusiones hechas, pero al mismo tiempo uno refrenda la confianza una y otra vez.
En ese sentido, la gran novela del año fue Fortuna, de Hernán Díaz, editada por Anagrama. Un libro que leí de cabo a rabo y me gustó mucho, pero que al mismo tiempo no me emocionó como El evangelio del Nuevo Mundo, de Marysé Conde. Esos son los libros: algo que nos toca, que nos deja temblando o ido de la sociedad por un tiempo. Así que vamos a ello.

1.
El evangelio del Nuevo Mundo, de Maryse Condé (Impedimenta)
En la madrugada de un domingo de Pascua, una madre recorre desgarrada las calles de Fond-Zombi, en la isla de Martinica y un bebé abandonado en una cabaña llora entre las pezuñas de una mula. Ya adulto, ese bebé, llamado Pascal, vive apaciblemente con su familia adoptiva. Es atractivo, mestizo sin saberse de dónde y sus ojos son tan verdes como la mar que lo ha visto crecer. Pero el misterio de su existencia no tarda en hacer mella en su interior. ¿Cuáles son sus orígenes? ¿Qué se espera de él?

2.
Cien cuyes, de Gustavo Rodríguez (Alfaguara)
“Cien cuyes es una novela tragicómica, situada en la Lima de hoy, que refleja uno de los grandes conflictos de nuestro tiempo: somos sociedades cada vez más longevas y cada vez más hostiles con la gente mayor. Paradoja que Gustavo Rodríguez aborda con destreza y humor. Un libro conmovedor cuyos protagonistas cuidan, son cuidados y defienden la dignidad hasta sus últimas consecuencias”, ha dicho el jurado que le ha otorgado el Premio Alfaguara.

3.
Fulgor, de Alma Mancilla (Salto de Página)
Salto de Página, esa editorial que saca libros poderosos y extraños, ha publicado Fulgor, de la escritora mexicana Alma Mancilla.
Entre la realidad y la ciencia ficción, con recuerdos insólitos, con una narradora no confiable, alma va construyendo una novela que al principio es onírica, pero que poco a poco trata temas como la tradición, la femineidad, la salud mental y la capacidad de redención.

4.
La cofradía de las viudas, de Mónica Hernández (Planeta)
Están los nombres de las impresoras. Estas mujeres imprimieron lo que era el secreto del Santo Oficio. “¿Por qué les daban estos trabajos secretos? Sabían leer y escribir, tenían algo más en lo que ocupaban su vida. Me pareció un homenaje a la letra impresa”, expresa Mónica Hernández.

5.
La encomienda, de Margarita García Robayo (Anagrama)
La narradora de estas páginas vive a cinco mil kilómetros de su país natal, trabaja para una agencia de publicidad, quiere tramitar una beca para irse a escribir a Holanda y mantiene periódicas videoconferencias con su hermana. Esta le manda encomiendas, paquetes que incluyen comida, dibujos de sus sobrinos y de vez en cuando alguna sorpresa, como una vieja fotografía. A menudo la comida llega podrida.

6.
Fortuna, de Hernán Díaz (Anagrama)
Al fin y al cabo, ¿no es también el dinero una ficción? Y, como plantea Hernán Díaz en la novela, ¿acaso no es el capitalismo en sí mismo un narrador muy poco fiable?

7.
Una leona rampa en la noche, de Héctor Iván González (Carena)
Una leona rampa en la noche trata del encuentro de Román con M, una mujer mayor, que lo vuelve su amante. Román, veinteañero impetuoso, ha dejado la escuela para conseguir dinero, abandonando así su sueño de ser escritor, mientras M es parte de la élite económica. Ella rehúye los problemas, Román los encara sin medir consecuencias. Esa diferencia va a generar un conflicto inesperado. Él sería capaz de todo por ella, lo cual resultará fatal.

8.
Cerezas en París, de Magali Velasco (UANL)
Lo cierto es que Cerezas en París es ante todo un ejemplo de la buena escritura, de ese lenguaje que poco a poco vamos cultivando y podríamos llamar “lenguaje literario” o un lenguaje donde tranquilamente me acomodo para poder decir lo que en lenguaje común no me animo o no me sale.

9.
Los reyes de la casa, de Delphine de Vigan (Anagrama)
Mélanie Claux y Clara Roussel. Dos mujeres conectadas a través de una niña. Mélanie ha participado en un reality show televisivo y es seguidora de sus sucesivas ediciones. Cuando se convierte en madre de un niño y una niña, Sammy y Kimmy, empieza a grabar su día a día y cuelga los vídeos en YouTube. Crecen en visitas y seguidores, llegan los patrocinadores, Mélanie crea su propio canal y el dinero fluye. Lo que al principio consistía sin más en grabar de tanto en tanto las andanzas cotidianas de sus hijos se profesionaliza y tras la fachada de este canal familiar tierno y edulcorado hay rodajes interminables con los niños y retos absurdos para generar material. Todo es artificio, todo está en venta, todo es felicidad impostada, realidad ficticia.

10.
Del famoso y nunca igualado corrido del Quicón Uriarte, de Miguel Tapia (Ediciones Era)
Esta novela, escrita en una prosa en la que predominan el humor y la ironía, posee un lenguaje rico en localismos norteños del español antiguo, así como dichos, maldiciones y otras expresiones populares modernas. Su enérgico ritmo nos lleva, de la mano del entrañable protagonista, a ser los primeros escuchas de una tonada legendaria: “Y a pesar de que no siempre / lo acompañó la cordura, / el Quicón es el ejemplo: / cada hombre es el más hombre / si camina con orgullo y / si pelea con respeto”.

11.
El último carnaval, de Hernán Lara Zavala (Alfaguara)
El último carnaval narra los años de formación de Adrián, desde su adolescencia a finalesde la década de los cincuenta, en la colonia Del Valle, pasando por su etapa como estudiante en la Universidad Nacional Autónoma de México, hasta llegar al descubrimiento de su vocación como escritor y su vida como joven adulto. Muchos serán los acontecimientos que lo marcarán a lo largo de este tiempo —la amistad, los primerosencuentros sexuales, el rock, la literatura—, pero ninguno más importante que Magdalena y la experiencia del amor.

12.
La vida de los muertos, de Sandra Becerril (editorial Otro Tipo)
La reina del terror, Sandra Becerril, presenta La vida de los muertos (editorial Otro Tipo), la historia de Sebastián, un adolescente que desea alejarse de los humanos, esos seres que percibe como sombras que algunas veces emiten sonidos tan agudos que lo lastiman hasta las lágrimas.

13.
La infancia del mundo, de Michel Nieva (Anagrama)
Este libro La infancia del mundo, de Michel Nieva, inaugura una forma de narrar y otros referentes que no son los habituales para construir una narrativa. Si antes pensábamos en una película de Andrei Tarkovski para formar nuestra personalidad y nuestros intereses, hoy los jóvenes como Nieva (1988), piensan precisamente en los videojuegos.

14.
Ciudad Victoria, de Salman Rushdie (Random House)
A raíz de una insignificante batalla entre dos reinos anclados en el olvido de la India del siglo XIV, una niña de nueve años tiene un inesperado encuentro que cambiará el curso de la historia. Tras presenciar la muerte de su madre, la niña, Pampa Kampana, se convierte en receptáculo de una diosa que empieza a hablar por su boca. La diosa le otorga poderes que escapan a la comprensión de Pampa Kampana y le confía que va a ser fundamental en la erección de una gran ciudad llamada Bisnaga, literalmente “ciudad de la victoria”, la maravilla del mundo.

15.
A través del bosque, de Laura Alcoba (Alfaguara)
“Laurita, pensé que vos y tu mamá estaban muertas”, le escribió María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani. Laura Alcoba, exiliada en Francia desde los 10 años, quería volver a visitar un espacio en el que transcurrió una parte de su infancia, la casa operativa en La Plata, un criadero de conejos donde se imprimía Evita Montonera. En ese lugar mataron a Diana Teruggi, la nuera de “Chicha” Mariani y se apropiaron de su hija de tres meses, Clara Anahí.

16.
El lado izquierdo del sol, de Cristian Lagunas (Random House)
Cristian Lagunas ejerce el acto de la dramaturgia al contar la vida del japonés Yukio Mishima. Pareciera ser que tanto la muerte como lo previo del suicidio emergen de las páginas de El lado izquierdo del sol (Literatura Random House) como una doblez del tiempo. Esto es lo que pasó, dice Cristian Lagunas, con su prosa soberbia y su lucidez escalofriante.

17.
Litio, de Imanol Caneyada (Planeta)
Litio expone la triste realidad que subyace a la explotación del litio en México, donde la riqueza de la tierra puede convertirse en una maldición para aquellos que la poseen.
Cuando la minera canadiense Inuit Mining Corporation descubre uno de los yacimientos de litio más grandes del mundo en una pequeña localidad de Sonora, Ana Ochoa y otros pobladores serán presionados para vender sus tierras a precios irrisorios.

18.
Qué hacer con estos pedazos, de Piedad Bonnet (Alfaguara)
Una vieja cocina va a ser remodelada en casa de Emilia. No porque ella quiera, es una idea de su marido, que tomó la decisión sin consultarle. Él planea una cocina moderna y ella, antes que entrar en una batalla, acepta resignada la demolición.

19.
En la tierra somos fugazmente grandiosos, de Ocean Vuong (Anagrama)
En la tierra somos fugazmente grandiosos (Editorial Anagrama) destaca la prosa poética y emotiva. El autor utiliza el formato de una carta dirigida a su madre, quién no sabe leer, para confesarse y explorar temas profundos y conmovedores relacionados con la identidad, la inmigración, la aceptación, el amor, la vida y la muerte. (ZA)

20.
Hijos perdidos, de Carlos Rubio Rosell (MalPaso)
Un trágico accidente propicia la celebración de una cena en la que un hombre se reúne con los hijos que ha dejado atrás en su búsqueda de un camino propio y sin ataduras. Durante el encuentro, en una casona repleta de fantasmas, se producen una serie de diálogos en los que se revelarán dudas, reproches, anhelos, preguntas y respuestas entre padre e hijos sobre los destinos que hubieran seguido sus vidas de haberse consolidado como una auténtica familia, eso que Borges denominó “las imposibilidades vivas” y “las posibilidades muertas”, hasta dejar al descubierto, al final de la velada, la dramática verdad que oculta la historia del padre.

21.
Mar es la tierra, de Héctor Celis (Anagrama)
“El aporte de una novela como esta es que la violencia se ha tratado de muchas maneras, pero he visto muy pocas veces que esa conexión de violencia extrema se enarbole con la desgracia ecológica que estamos viviendo. Y no es poca cosa”, dice Héctor Celis.

22.
Los ojos de mi padre, de Isabel Ibáñez (Suburbano)
Hugo y Lorena Torres Maya deben reconocer el cadáver de su hijo Gerardo, quien ha muerto en un accidente de coche. ¿Dónde estaba y con quién la noche en que murió?, es la pregunta que cercena el corazón de Hugo.
Los ojos de mi padre es una novela que profundiza en la transformación de las masculinidades en el siglo XXI desde la mirada de un hombre de clase media de 59 años, cuyo objetivo en la vida fue trabajar, casarse, subir en la escala social y dejar un patrimonio para su hijo.

23.
Lecciones, de Ian McEwan (Anagrama)
Una autobiografía ficticia que corre paralela a los grandes acontecimientos de la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI en Gran Bretaña y en la que los meandros de la historia van de la mano con las peripecias vitales de un personaje que comparte muchos rasgos con el autor.

24.
Papel con sello de agua, de Goran Petrovic (Sexto Piso)
“Decidí el nombre Novela delta a todo el ciclo porque todo el texto empezó a comportarse como una gran confluencia de agua de diferentes cursos de agua por lo que habrá novelas que solo son manantiales o arroyos, habrá otras que son ríos lentos de aguas mansas pero anchos y habrá novelas rápidas, habrá de novelas subterráneas, habrá cascadas de agua y después todo va a confluir a esa delta que querrá abrazar el mundo como el agua abraza al mundo. La primera novela de esa serie es Papel con sello de agua”, dijo Petrovic.

25.
La orquesta imaginaria, de Rodrigo Díaz Cortés (MalPaso)
El escenario de un estallido en el que las jóvenes cabalgan, como las valkirias de Wagner y en esa partitura alucinada el Astronauta, un hombre de andares lunares con un volante en las manos, juega un rol esencial: conduce en su autobús a los fantasmas, quizá las víctimas de la violencia política y la marginación, hacia un destino mejor. Con esos acordes de sueño y realidad, ternura y ferocidad, Rodrigo Díaz Cortez compone la música de un relato demoledor. La verdadera banda sonora de la revuelta chilena de 2019, dice la editorial MalPaso, en la publicación de un libro que se hizo durante la pandemia y es una novela maravillosa, acaso –como dice el propio autor- la mejor que ha realizado hasta la fecha.

26.
Ahí viene el lobo, de Martín del Campo (FCE)
Ahí viene el lobo es un libro del mexicano David Martín del Campo. Cuenta la vida de Axel Moritz, uno de los fotógrafos más reconocidos en nuestro país. Fue un refugiado de la Alemania nazi, atestiguó la evolución de la fotografía en pleno siglo xx y fotografió a varios Presidentes mexicanos. Ese es el tema del argumento y del desarrollo del personaje. Además, se recrea toda una época en el arte, la política y el contexto mundial con sus anécdotas y con las aspiraciones sociales de muchos.

27.
Donde el silencio, de Luisgé Martín (Anagrama)
En el mundo del siglo XXI, construido sobre autopistas de cemento y autopistas de la información, cabe preguntarse si es posible esconderse en alguna parte, si es posible apartarse de la modernidad y el bullicio. Todas esas preguntas son las que se hace Luisgé Martín al comienzo del viaje por España que relata Donde el silencio, una búsqueda del silencio que es al mismo tiempo una exploración del sentido de la felicidad.

28.
Voces en la sombra, de Beatriz Rivas (Alfaguara)
Beatriz Rivas lo ha vuelto a hacer de nuevo, tejer una trama a lo largo de la historia y construir un tejido por donde mirarse las mujeres, por donde saberse hablados los lectores y al mismo tiempo edificar una estructura que sostenga toda su literatura.

29
No te veré morir, de Antonio Muñoz Molina (Seix Barral)
“La ficción y la no ficción, para mí, son las dos caras de la literatura. Y las dos son igual de atractivas, porque no depende de mi voluntad. Hay veces en las que quieres contar las cosas como son y hay veces en que quieres transformar la experiencia en ficción. En la ficción vives una especie de trance, estás descubriendo cosas que no sabías y eso es lo que más me gusta”.

30.
Le dedico mi silencio, de Mario Vargas Llosa (Alfaguara)
Toño Azpilcueta pasa sus días entre su trabajo en un colegio, su familia y su gran pasión, la música criolla, sobre la que lleva investigando desde su juventud. Un día, una llamada le cambia la vida. Una invitación para ir a escuchar a un guitarrista desconocido, Lalo Molfino, personaje del que nadie sabe demasiado pero de gran talento, parece confirmar todas sus intuiciones: el amor profundo que siente por los valses, marineras, polkas y huainos peruanos tiene una razón más allá del placer de escucharlos (o bailarlos).











