“Camina la utopía, aunque la nieguen”, escribió alguna vez. Ese verbo, caminar, parece resumirlo todo. Los libros de Galeano siguen andando entre ferias, aulas, redes, lectores jóvenes que descubren en sus páginas un modo distinto de decir el mundo. Tal vez por eso su palabra, más que memoria, es todavía movimiento.
Ciudad de México, 16 de octubre (MaremotoM).- En el marco de la Feria Internacional del Libro en el Zócalo, el sello Siglo XXI presenta Historia incompleta de México, una ambiciosa obra coral que, bajo la coordinación editorial de Rocío Martínez y con prólogo de Paco Ignacio Taibo II, reúne voces fundamentales del pensamiento latinoamericano. Entre ellas, resalta la del uruguayo Eduardo Galeano, quien aparece con un texto de 1970 sobre La muerte de Artemio Cruz y la Revolución Mexicana, publicado originalmente en el semanario Marcha.
Ese rescate, explica el escritor Román Cortázar, se inscribe en un momento crucial de la vida del autor de Las venas abiertas de América Latina: “Coincide con esas famosas noventa noches en las que escribió Las venas abiertas. Es un texto que ya anuncia su mirada sobre México, mezcla de admiración, crítica y solidaridad”.
Cortázar conoce de cerca la herencia de Galeano. En 2016 y 2018 trabajó junto a Elena Villagra, compañera del escritor, en la organización del archivo que hoy resguarda la Universidad de la República en Montevideo. “Durante un mes completo —cuenta— trabajamos todos los días organizando las tesis, los libros, las cartas, los textos que dejó a mano. Hoy es el Archivo Eduardo Galeano–Elena Villagra y se está digitalizando, incluyendo dedicatorias y notas de amigos como Rius o Gelman”.
El escritor recuerda que Elena Villagra insistió en mantener ese legado en Uruguay: “Peleó para que el archivo no se vendiera al extranjero. Ella quería que permaneciera en el país y ahora está bajo cuidado académico, con un trabajo muy serio de preservación”.

Ese acercamiento derivó en su libro Eduardo Galeano. Las orillas del silencio (Siglo XXI Editores, 2023), un ensayo literario y biográfico que busca entender al hombre detrás del mito, al periodista, al narrador de lo cotidiano. “No es una biografía como tal —dice Cortázar—, sino un ensayo sobre su escritura, sobre la manera en que Galeano convirtió su vida en literatura. Intenté hacer una cosa muy suya. Después de leerlo tantos años, uno incorpora su ritmo, su cadencia. Si alguien dice que escribo ‘galeanísticamente’, quiere decir que algo hice bien”.
Consultado sobre la presencia de Galeano en la cultura contemporánea, Román Cortázar no duda: “Es muy vigente y por varias razones. La más visible es la política, su posición ideológica, que continúa resonando entre los movimientos contestatarios, las periferias, las causas que van contra el sistema: la Palestina ocupada, el zapatismo, las villas miserias de Sudamérica, pero lo más importante es su literatura. La crítica le debe todavía una revaloración literaria profunda”.
Galeano, dice Cortázar, escribía “con libertad absoluta, hibridando géneros, haciendo una maraña de cosas extraordinarias”, aunque fue etiquetado como “el que escribió Las venas abiertas, el del fútbol, el intelectual de izquierda”, su obra “es mucho más compleja, más poética y más cercana a la vida”.

A una década de su muerte, los libros de Eduardo Galeano mantienen una vitalidad inusual. “Siguen vendiendo tanto como cuando estaba aquí”, asegura Cortázar. “Eso no ocurre con todos los autores. Con Benedetti, por ejemplo, las ventas se desplomaron tras su muerte; con Galeano no. Sus libros tienen piernas fuertes. Caminan solos”.
En ese sentido, Historia incompleta de México recupera al Galeano que supo mirar al país desde su costado rebelde y luminoso: el México de Zapata, de los muralistas, del pueblo que no se resigna. Un Galeano que sigue hablándonos —como en Memoria del fuego o Los hijos de los días— con su estilo inconfundible, hecho de fragmentos, pasión y humanidad.
En la actualidad, cuando el país se debate entre la desigualdad persistente, la violencia estructural y las nuevas formas de colonialismo económico, la voz de Galeano vuelve a cobrar sentido. México fue para él un territorio simbólico, un espejo de América Latina. Allí veía el dolor de los pueblos originarios y la esperanza que resiste.
“Camina la utopía, aunque la nieguen”, escribió alguna vez. Ese verbo, caminar, parece resumirlo todo. Los libros de Galeano siguen andando entre ferias, aulas, redes, lectores jóvenes que descubren en sus páginas un modo distinto de decir el mundo. Tal vez por eso su palabra, más que memoria, es todavía movimiento.











