La noticia circuló rápidamente en redes sociales y en medios mexicanos que dieron por válida la versión, hasta que la propia Sabina Berman lanzó la primera advertencia sobre la falsedad del reportaje. Días más tarde, el periodista Ricardo Raphael pidió disculpas públicas a Gutiérrez Müller por haber confiado en esa fuente sin verificar.
Ciudad de México, 21 de agosto (MaremotoM).- En tiempos de sobreinformación, la mentira también se ha vuelto una mercancía. La reciente publicación del diario español ABC aseguró que Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente Andrés Manuel López Obrador, se había mudado a vivir a España, concretamente a la exclusiva zona de La Moraleja, y que su hijo, Jesús Ernesto, estudiaría allí. Nada de esto era cierto.
Según el periodista Ricardo Raphael, los autores de la nota del diario ABC fueron Joan Guirado y David Yagüe.
La noticia circuló rápidamente en redes sociales y en medios mexicanos que dieron por válida la versión, hasta que la propia Sabina Berman lanzó la primera advertencia sobre la falsedad del reportaje. Días más tarde, el periodista Ricardo Raphael pidió disculpas públicas a Gutiérrez Müller por haber confiado en esa fuente sin verificar.
La respuesta de Beatriz
La primera dama honoraria respondió con contundencia a través de una carta publicada en redes sociales: “El ABC de allá, que es el equivalente al Reforma, a El Universal, etcétera, etcétera, etcétera —calumniadores profesionales de la derecha más rancia y corrupta— están fanatizados por completo y quieren vengarse de ya saben quién”, escribió Gutiérrez Müller.
Y añadió: “Soy independiente de la política. No estoy en eso. Me dedico, desde hace décadas, a la docencia e investigación en una universidad pública de mi país, donde continúo trabajando y desde luego no me he ido a vivir allá ni a ningún otro lado. Tampoco Jesús Ernesto. Estoy enamorada de ese hombre y de mi hijito. Somos una familia muy unida a la cual han vilipendiado por los ideales de ese loco hermoso llamado AMLO”.

Noticias falsas: un patrón global
El caso de ABC no es aislado. A lo largo de los últimos años, las noticias falsas han tenido un papel decisivo en la opinión pública. Desde las armas de destrucción masiva en Irak, que nunca aparecieron y justificaron una guerra, hasta la fabricación de notas en procesos electorales —como ocurrió en Estados Unidos con Donald Trump y en Brasil con Jair Bolsonaro—, el fenómeno es recurrente.
En México, recordemos también el supuesto “departamento de lujo” de Claudia Sheinbaum en Santa Fe que nunca existió o las campañas que inventaron viajes, fortunas y propiedades para figuras de la política y la cultura. En todos los casos, la mentira encontró eco en sectores de la prensa, amplificada por redes sociales y multiplicada por la polarización.
La responsabilidad periodística
El episodio obliga a una reflexión profunda: ¿qué hacer frente a las noticias falsas? El primer paso es no dar por válida ninguna información sin verificación múltiple. El segundo, reconocer los errores públicamente, como hizo Ricardo Raphael, aunque el daño ya se hubiera producido.
El periodismo tiene una función esencial en la vida democrática, pero cuando abandona el rigor y se deja llevar por la agenda política o por la prisa del clic fácil, se convierte en arma de difamación. Lo que ocurrió con Beatriz Gutiérrez Müller no solo lastimó su vida privada, sino que mostró cuán vulnerables somos todos frente a la desinformación.
Pensar frente a la mentira
El público también tiene una tarea: aprender a leer críticamente, contrastar fuentes, reconocer que no toda información en redes sociales o en la prensa es veraz. La mentira seguirá circulando, pero la sociedad puede reducir su impacto si ejercita la desconfianza razonable y la verificación.
Como concluye Gutiérrez Müller, lo que está en juego no es solo la reputación de una familia, sino el derecho a vivir en un espacio público menos envenenado por la falsedad.











