Luego de todas las palabras elogiosas para el escritor, llamó la atención que después del sonado discurso que diera hace dos o tres años en la Feria del libro de Buenos Aires, donde el autor dejó clarísimo el debate que existe en torno a la literatura y el dinero, apareciera lo que Guillermo Saccomanno (ganador por Arderá el viento), llamara “pregunta capciosa”.
Ciudad de México, 23 de enero (MaremotoM).- Nada nos produjo más alegría que el premio Alfaguara para el escritor Guillermo Saccomanno (1948). Tanto así que nos comimos toda la conferencia de prensa para poder escucharlo luego, sin librarnos de determinados obstáculos: El discurso larguísimo de Pilar Reyes, la directora, el discurso larguísimo y siempre narcisista de Juan Gabriel Vázquez, ni hablar de las autorreferencias de Leila Guerriero, pero premios son premios y a aguantarse.
Luego de todas las palabras elogiosas para el escritor, llamó la atención que después del sonado discurso que diera hace dos o tres años en la Feria del libro de Buenos Aires, donde el autor dejó clarísimo el debate que existe en torno a la literatura y el dinero, apareciera lo que Guillermo Saccomanno (ganador por Arderá el viento), llamara “pregunta capciosa”.
Qué raro, esos medios de comunicación que aparecen como los organizadores de la moral que hay que llevar (siempre para la derecha, porque a los zurdos, ya lo dijo el Presidente Javier Milei, los vamos a matar a todos) queriendo saber en qué se gastará el premio, “ahora con la situación que hay en el país”. Qué decirte, querida. Comprará libros, en eso lo gastará, dijo el premiado.
Una periodista de El País le preguntó por “las referencias constantes que hay a David Lynch. Dijo Guillermo: “Es un director que siempre he admirado, que lo he visto una y otra vez, me dolió un poco su desaparición hace unos días, pero creo que su cine sigue vigente. La creación de Twin Peaks, tal como lo hizo con ironía y con compasión, este último un sentimiento que se ha perdido y que creo que en la literatura debe imperar, debe recuperarse. No hablo de la piedad, de tener lástima, hablo de comprender a través de la compasión y creo que David Lynch tiene con su gramática de lo absurdo, ese trabajo con lo surreal, donde la normalidad se comprende a partir de la distorsión de la normalidad”.
Nuestra admirada Silvina Friera, del diario Página 12 Argentina, quiso saber qué relaciones hay entre Arderá el viento y su novela anterior, Cámara Gesell. “En la llamada Villa, como llaman los lugareños más antiguos de Gesell, han transcurrido muchos relatos, muchas novelas, cuentos; para mí es una cantera, es un lugar donde me nutro de voces, de historias, está relacionada con Cámara Gesell, esta novela tenía una ambición más, una visión mucho más amplia de abarcar todo el invierno, donde el pueblo piensa que cuando empiece la temporada, cuando empiece el verano, con el turismo se va a salvar. En Arderá el viento es una historia netamente de invierno, aunque hay momentos de verano, pero más concentrada en una familia y sus relaciones que se van abriendo como pseudópodos y permiten incorporar a distintos personajes, algunos vinculados a la droga, otros vinculados a la prostitución, otros a narco, a la corrupción de un concejo deliberante, en fin, delicias de la vida cotidiana en un pueblo. Como decía Truman Capote, tal vez lo que se trata en estos casos es discernir sapos reales en jardines imaginarios y sapos imaginarios en jardines reales. Esta es la disyuntiva en la que pivotea la novela todo el tiempo”.
“Creo que las sociedades se fascistizan en los pequeños pueblos, no solo en las grandes ciudades, de acuerdo a las tendencias que estamos viendo ahora. Pensemos en el atraso de las poblaciones rurales, las poblaciones del interior, donde la educación es deficitaria, donde imperan los partidos conservadores, donde hay caudillismo. Pensemos que nuestro país es un país que en su interior tiene gobiernos feudales, entonces no hay vuelta en esto. Creo que son pueblos donde el importante es el terrateniente o el importante es aquel que llegó a comprar mediante medios espurios y turbios un territorio que le puede servir, como en el caso de Benetton, en el caso de las petroleras. La Patagonia es un claro ejemplo, la política extractiva de cómo funciona en el interior”, explicó Saccomanno.
“¿Qué fue lo más complejo de la escritura de esta novela?”, preguntó un periodista de Chile y contestó el autor: “Lo más complejo fue escribirla. La escribí en muy pocos meses, desde enero a julio-agosto y después me llevó mucho tiempo la corrección para llegar a la fecha de entrega”.
Guillermo Saccomanno, Premio Alfaguara de novela 2025, por Arderá el viento
Fue un año con muchos problemas de salud para Guillermo, que tuvo una secuela de COVID, después dos pulmonías a repetición, trastornos neurológicos, dos internaciones y una tercera coincidía, en el medio de una mudanza. “Por suerte estaba mi compañera Malala, que me acercaba el té con limón y las aspirinas y me dosificaba los medicamentos. En el medio de una mudanza, ir perdiendo parte de tu biblioteca mientras estás escribiendo una novela, es complicado. Como dice Borges, hay una calle que ya no caminaré, hay muchas cosas que no haré y hay libros que no volveré a leer, que confío que en algún lugar están”.
Por suerte se ganó el premio y a leer Arderá el viento, que promete.











