A los 74 años, de regreso en Colombia después de años de residencia en Barcelona, Laura Restrepo sigue escribiendo con la certeza de que la literatura, si bien no salva, puede impedir el silencio. Soy la daga y soy la herida es la confirmación de esa apuesta: una novela que no suaviza la herida, sino que la nombra para que no quede oculta.
Ciudad de México, 26 de agosto (MaremotoM).- Laura Restrepo vuelve a la escena literaria con una obra que no concede respiro. Soy la daga y soy la herida (Alfaguara, 2025) es una novela feroz, escrita como una fábula negra donde un verdugo obedece órdenes de un poder invisible —el Abismo— en un mundo atravesado por guerras, genocidios y silencios culpables.
La escritora colombiana, reconocida por títulos como Delirio (Premio Alfaguara 2004), Pecado y Los divinos, explica que la chispa inicial fue un intento frustrado por entrar en Gaza con Médicos Sin Fronteras.
“Nombrar para no callar —dice—. Ese fue mi impulso. Si no podía estar físicamente allí, al menos podía estar con la literatura. El mal no es un hecho aislado: está en la vida cotidiana, en la cultura patriarcal, en la indiferencia frente a los refugiados, en las democracias que cierran sus puertas. Quise que la novela fuera un espejo donde esa violencia se reconociera sin anestesia”.

El personaje central es Misericordia Dagger, un verdugo que ejecuta órdenes sin rostro. Restrepo lo concibió como símbolo de una época donde obedecer parece suficiente para borrar la responsabilidad.
“El verdugo es apenas un engranaje —explica—, pero al aceptar sin pensar, al ejecutar sin cuestionar, se convierte en parte esencial de la maquinaria del mal. Me interesaba explorar esa obediencia ciega que también encontramos en la vida real”.
Restrepo define su obra como una “tragicomedia universal” y un nuevo género literario que ella llama “brutal noir”: una mezcla de sátira, mitología, simbolismo, violencia y humor negro. Una propuesta literaria que confronta al lector con los delirios de gobiernos autoritarios y las banalidades del terror contemporáneo.

La autora regresa así a una línea que atraviesa toda su obra: la relación entre el mal y la impunidad. En Los divinos mostró el cinismo de la élite bogotana frente a un feminicidio; en Pecado indagó en la culpa y la fragmentación moral a través de relatos breves. Soy la daga y soy la herida lleva esa indagación más lejos, con un lenguaje que mezcla sátira política, parábola moral y noir despiadado.
“No me interesa quedarme en los límites de un género —afirma Restrepo—. Después de tantos libros decidí moverme con absoluta libertad: ensayo, ficción, periodismo. Lo que me importa es que la literatura siga siendo un espacio de resistencia, un lugar donde las preguntas incomoden”.
A los 74 años, de regreso en Colombia después de años de residencia en Barcelona, Laura Restrepo sigue escribiendo con la certeza de que la literatura, si bien no salva, puede impedir el silencio. Soy la daga y soy la herida es la confirmación de esa apuesta: una novela que no suaviza la herida, sino que la nombra para que no quede oculta.











