Sin duda una novela que sigue vigente y se queda en nuestra cabeza, dando vueltas y repitiendo cuestiones sobre el futuro: “¿Qué puede esperar un hombre reflexivo de la humanidad en esta Tierra, dada la experiencia del último millón de años?”.
Ciudad de México, 12 de agosto (MaremotoM).- Debo confesar que Kurt Vonnegut es uno de mis escritores favoritos, amo la manera que tiene para, a través de su narrativa, enfrentar temas que pudieran ser densos. En este libro, Cuna de gato (Editorial La Bestia Equilátera), deja ver su estilo plagado de ironía y humor negro, además de una perspicacia aguda para criticar el poder de la ciencia y la tecnología sobre el ser humano.
En esta historia, un escritor se propone investigar sobre la bomba atómica y para ello busca a los hijos de uno de sus creadores, el doctor Felix Hoenikker. A través de ese intercambio de cartas entre Jonás, el escritor y Newton Hoenikker, el hijo, los lectores podemos atestiguar los recuerdos sobre el día que la bomba fue arrojada sobre Hiroshima y las circunstancias improbables que lo llevarán a descubrir aberraciones científicas. El contacto con los otros hijos revelará la existencia de hielo nueve y la posibilidad siempre latente de provocar el fin de la humanidad, en aras de los avances científicos.

San Lorenzo es uno de los escenarios de la novela, una isla del Caribe desdeñada por el resto del mundo, habitada por la ignorancia y sumida bajo un dictador y una religión hecha a la medida llamada Bokononismo, plagada de mentiras útiles.
La novela se compone de capítulos cortos cuya narrativa se entreteje con la ciencia ficción y la crítica social, arrojando fuertes reflexiones sobre la ética, la vida, la muerte y el poder destructivo de las creencias, tanto científicas como religiosas.
Sin duda una novela que sigue vigente y se queda en nuestra cabeza, dando vueltas y repitiendo cuestiones sobre el futuro: “¿Qué puede esperar un hombre reflexivo de la humanidad en esta Tierra, dada la experiencia del último millón de años?”.
Aunque esta obra se publicó en 1963, tuvo que pasar el tiempo para que se convirtiera en una de las obras más elogiadas del autor, sin duda uno de los grandes del siglo XX. Esta versión es una traducción de Carlos Gardini y la portada fue realizada por el ilustrador argentino Liniers.
El libro lo pueden encontrar en cualquier librería del país en su versión física y digital.











