La hoguera

Los 10 años de Voy al teatro se celebran con La hoguera en Guadalajara

La hoguera goza de una brillante actuación de principio a fin, de tal suerte que no es ninguna casualidad que haya sido elegida para celebrar los 10 años de Voy al teatro en compañía de todos aquellos que somos (y seremos) asistentes asiduos al arte dramático. No nos queda más que agradecer el empeño que se pone en este trabajo y decir al unísono: ¡Tercera llamada, tercera, felicidades!

Ciudad de México, 5 de marzo (MaremotoM).-

A Javier Muñoz Castillo, por la pintura del teatro

Todos los pretextos para celebrar son buenos, pues nos permiten tiempo de calidad para compartir con la gente que nos quiere y nos apoya en nuestras andanzas. Hace 10 años Alan Gutiérrez, director de la plataforma Voy al teatro, vislumbró la posibilidad de generar una red de difusión teatral que apoyara el trabajo de los creadores escénicos en Jalisco y hoy, después de una década, tiene la ventura de ser una realidad nacional.

Es decir, actualmente podemos consultar en esa plataforma la cartelera de las distintas opciones que hay en todo el país, lo cual, sin duda, es una tarea harto difícil, pero que se ha logrado con el empeño y dedicación constante junto con un equipo que ha apoyado a Alan Gutiérrez en este camino.

El sábado 24 de febrero, en el teatro Alarife Martín Casillas —remodelado recientemente, cabe señalar— tuvo lugar el convite con La hoguera, dirigida por Alberto Magaña. Es una obra que “arde” de principio a fin y engarza las historias de una familia consumida por sus pasiones y secretos a los que hemos sido convidados.

Todo inicia con seis cuerpos que salen de una hoguera en el centro del escenario para traer a la vida tres momentos anacrónicos, cuyo entramado será unido por el espectador en la medida que se nos ofrecen datos relevantes de cada uno de los personajes: una madre que se erotiza con los asesinos en serie y tiene trillizas con uno de ellos; las hijas que no lograron encontrar la compañía de un hombre en sus vidas y un hijo de ellas que dará un fin calcinante a las tres mujeres.

El primer acto es la historia de las hermanas, trillizas, Claudette (Meli Ortega) Claudia (Azucena Evans)  y Claudina (Metzil Robles), que van entretejiendo un discurso de la soledad y la imposibilidad del amor porque son abandonadas o rechazas por aquellos hombres que formaron parte de su vida sentimental. Claudette se solaza en preparar galletas que saben “a culo” y le enseñó a preparar Héctor, un hombre que un buen día desapareció así como así.

Claudia, por otro lado, se enamora de un cartero al que constantemente se le insinúa cada que va a dejarle la correspondencia; sin embargo, a ella no le basta con verlo una vez al mes, de tal suerte que toma la decisión de escribirse cartas a ella misma con la intención de que el mensajero llame a su puerta con más frecuencia para seducirlo hasta que finalmente se unen amatoriamente y ella queda embarazada de un hijo que le oculta a sus hermanas y del que no
sabremos nada los espectadores.

Claudina tiene un hijo de nombre Gabriel y el padre, Henri, desaparece una mañana dejándolos a su suerte. La soledad, entonces, abraza a las hermanas como las llamas de esa hoguera en la que se consumen en sus delirios cotidianos.

Se llaman constantemente por teléfono para preguntarse cosas triviales; sin embargo, uno de los diálogos más significativos es esa pregunta que le formula Claudina a Claudette: “¿Eres feliz?” (una pregunta que inmediatamente nos lleva a pensar en nuestros conceptos de felicidad en pareja cuando anhelamos entregarnos amorosamente a otra persona con la idea irrefrenable de ser correspondidos, por desgracia no siempre ocurre felizmente) y la hermana le contesta que la ventaja de estar sola es que nadie puede decepcionarla, por lo tanto se conforman con estar infelices juntas. Así, en esa infelicidad en la que hallan, serán consumidas por las llamas provocadas por el niño Gabriel: arden en su propia hoguera.

El segundo acto es el encuentro de Carol (Kärlek Ramos) y Clemente (Andrés David) que gira en torno al amor, al encuentro afortunado de dos que “andaban sin buscarse pero sabiendo que andaban para encontrarse” — parafraseando a Julio Cortázar y su Rayuela—, (re)conociéndose en una reunión insípida que los lleva pasarla mejor en el café de enfrente jugando Dragones y
Reyes… de ese encuentro afortunado comienzan las salidas al cine y se acrecientan las emociones compartidas que los llevarán a un extraño romance de idas y vueltas entre la inseguridad y la certeza de la querencia.

La hoguera
La hoguera celebró los 10 años de Voy al Teatro. Foto: Cortesía

A Carol le resultará difícil entregarse totalmente al amor, pues tiene un apego con su gato Kiki, quien murió atropellado por el camión de la basura y lo extraña por dos razones de peso: a) porque la acompañó durante muchos años y b) porque cuando se entera de que no era hija de sus padres Kiki fue su única familia.

A Clemente esa noticia no parece molestarle, de tal suerte que decide suplir al compañero gatuno y lamerle los pies como lo hacía él antes de ser atropellado. Carol sucumbe al deseo y se entrega al hombre, pero le pide que no sea perfecto porque ella “odia la perfección”, Clemente le asegura que no lo será y entonces le confiesa que fue el responsable del incendio en el que murieron su madre y sus tías, lo adoptó una familia y dejó de llamarse Gabriel y le nombraron
Clemente. Carol se siente identificada porque ambos son adoptados y encuentra resonancia en esa unión entre ambos.

El tercer acto corresponde a un maravilloso monólogo de Carolina (Karina Hurtado), la madre de Claudia, Claudina y Claudette. En él nos revela cómo inicia su deseo por los asesinos en serie, siente una especie de seducción inexplicable que intenta despojar de sí, mas no le es posible.

Un día se entera de que hay uno suelto en la ciudad y no le queda más remedio que seguir su instinto e ir a su encuentro. En efecto, al reconocerse, ambos se funden en un momento sexual de altos vuelos en el que ella alcanza el mayor de los éxtasis y de ese momento queda embarazada de las trillizas.

La hoguera goza de una brillante actuación de principio a fin, de tal suerte que no es ninguna casualidad que haya sido elegida para celebrar los 10 años de Voy al teatro en compañía de todos aquellos que somos (y seremos) asistentes asiduos al arte dramático. No nos queda más que agradecer el empeño que se pone en este trabajo y decir al unísono: ¡Tercera llamada, tercera, felicidades!

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