Piedad Bonnett nació en Amalfi, Colombia, en 1951 y a pesar de que es una poeta consagrada en su país de origen, que es una escritora conocida, en Latinoamérica y en España vio la luz con su libro de 2013 Lo que no tiene nombre (Alfaguara).
Ciudad de México, 21 de julio (MaremotoM).- Piedad Bonnett le dijo a la BBC en Arequipa, un sitio donde transcurría el Hay Festival que “si me pusieran a elegir, prefiero una vejez llena de amigas, de gente feliz, riéndose, sin la carga de un marido poco empático”.
Así describía su nueva novela Qué hacer con esos pedazos (Alfaguara), que compitió en la reciente Bienal Mario Vargas Llosa, que finalmente recayó en la novela de David Toscana, El peso de vivir en la tierra (Alfaguara).
Una vieja cocina va a ser remodelada en casa de Emilia. No porque ella quiera, es una idea de su marido, que tomó la decisión sin consultarle. Él planea una cocina moderna y ella, antes que entrar en una batalla, acepta resignada la demolición.
Piedad Bonnett nació en Amalfi, Colombia, en 1951 y a pesar de que es una poeta consagrada en su país de origen, que es una escritora conocida, en Latinoamérica y en España vio la luz con su libro de 2013 Lo que no tiene nombre (Alfaguara).

Allí relataba con profundas reflexiones y una narración a destajo el suicidio de su joven hijo, Daniel, quien con 28 años se arrojó desde la ventana de un quinto piso en Nueva York.
No sólo revela la “utilidad” de una familia que ayuda a pasar el duelo y la pérdida con cierta dignidad, sino que también acuña su pensamiento de que “la vida es física”, para exponer su sentido de la vida y con ello el dolor de la existencia.
Desde Canción de tumba (Random House), de Julián Herbert, donde relata la muerte de su madre, La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero, que narra el fallecimiento de su marido, Héctor Abad Faciolince en El olvido que seremos (un homenaje a su padre asesinado, Alfaguara) O Joanne Didion en El año del pensamiento mágico (Random House), en el que trata con cierta distancia emocional la muerte repentina de su marido, el también escritor John Gregory Dunne, pareciera ser que estos son los mejores libros de los escritores citados.

Hay una carrera antes y luego la pérdida. Por supuesto, el libro que enaltece esa experiencia y que funciona muchas veces como un consuelo para el autor. La literatura, no siempre, es la madre refugiadora, la madre que todo lo acaricia.
La pregunta es si luego de ese libro consagratorio habrá más palabras para el autor comprometido con ese dolor insano, terrible.
La respuesta es de Piedad Bonnett. Una historia de maltrato, que ella llama “el minimaltrato, que las mujeres aceptamos con una pasividad aterradora, sin armas para enfrentarlo” reina ahora en la literatura latinoamericana.
Bonnett, que odia la autoridad masculina, odiaba a Dios, que le exigía tantas cosas, también odia “todo tipo de autoritarismo. Hacia las monjas también”, destruye en este libro lo mismo que había construido en Lo que no tiene nombre.

La familia como gran portadora de los “minimaltratos”, de los castigos y prevenciones, guardiana de un orden que agobia y asfixia, ya no es la que consuela y comparte las peripecias del duelo.
Qué hacer con estos pedazos, una novela que revela la madurez de una escritora sensible, que tiene una voz propia para expresar sentimientos escondidos y que sin duda constituye una de los mejores libros de este año en Latinoamérica.











