Luc Besson

LUC BESSON: DE GENIO VISUAL A DIRECTOR IMPREDECIBLE

A casi tres décadas de su última gran obra indiscutida, Luc Besson encara un estreno que podría ser su reivindicación o una confirmación de que su época dorada quedó definitivamente atrás.

Ciudad de México, 13 de agosto (MaremotoM).- Durante los ochenta y noventa, el cine europeo tuvo en Luc Besson a uno de sus más audaces narradores visuales. Con una filmografía que combinaba fuerza estética, personajes memorables y un estilo inconfundible, el francés se ganó un lugar entre los directores más influyentes del cine contemporáneo.

Sin embargo, en las dos últimas décadas, su carrera ha transitado por un terreno irregular, alternando éxitos comerciales con producciones olvidables. El inminente estreno de Dracula: A Love Tale vuelve a ponerlo en la mira: ¿puede recuperar la magia de su era dorada o es un director condenado a vivir de su leyenda?

La era dorada (1985–1997)

Besson irrumpió en el panorama cinematográfico con Subway (1985), una historia de amor y crimen ambientada en el metro parisino, que ya mostraba su interés por los entornos urbanos estilizados y las narrativas veloces. El gran azul (1988) consolidó su nombre a nivel internacional, combinando una trama intimista con imágenes hipnóticas del buceo en apnea.

En los noventa, su sello se volvió inconfundible. Nikita (1990) redefinió el thriller de acción con una protagonista femenina letal y vulnerable a la vez. El profesional (1994) se convirtió en película de culto, gracias a la química entre Jean Reno y la joven Natalie Portman, mientras que El quinto elemento (1997) demostró que la ciencia ficción podía ser pop, colorida y profundamente original, marcando un hito estético en el género.

La era irregular (1999–2020)

Tras ese periodo brillante, Besson entró en una etapa donde la ambición visual muchas veces superó a la fuerza narrativa. Arthur y los Minimoys (2006) inició una saga infantil que, aunque exitosa en taquilla, fue criticada por su guion liviano. Lucy (2014) triunfó comercialmente pero fue tachada de simplista en su desarrollo científico-filosófico.

El punto más debatido de esta etapa fue Valerian y la ciudad de los mil planetas (2017): un espectáculo visual sin precedentes en el cine francés, pero con una historia que muchos consideraron dispersa y carente de emoción. Anna (2019) intentó regresar a la senda del thriller de espionaje al estilo Nikita, pero no logró revitalizar el género ni su propio prestigio.

Luc Besson
La obra maestra de Briam Stoker, otra vez a la pantalla. Foto: Cortesía

Un regreso bajo la sombra de la duda

Con Dracula: A Love Tale, Besson se adentra en el gótico-romántico, retomando una figura literaria universal y apostando por un enfoque más emocional que de terror puro. Lo acompaña un elenco de peso, encabezado por Caleb Landry Jones y Christoph Waltz, y la música de Danny Elfman.

El reto es doble: revitalizar un personaje que ha sido adaptado hasta el cansancio y, al mismo tiempo, demostrar que todavía puede conjugar sus dos mayores virtudes —la fuerza visual y la narración sólida— sin caer en los excesos que marcaron su cine reciente.

A casi tres décadas de su última gran obra indiscutida, Luc Besson encara un estreno que podría ser su reivindicación o una confirmación de que su época dorada quedó definitivamente atrás.

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