María José Cuevas

MARÍA JOSÉ CUEVAS: LA MIRADA QUE DESNUDA EL MITO DE JUAN GABRIEL

El documental de Netflix no busca clausurar la figura de Juan Gabriel, sino devolverle su misterio. En un tiempo saturado de biografías complacientes, María José Cuevas ha conseguido un retrato que conmueve sin idealizar, que explica sin justificar.

Ciudad de México, 3 de noviembre (MaremotoM).- En el cine de María José Cuevas hay una obsesión luminosa: retratar lo que el tiempo y el poder suelen borrar. Desde Bellas de noche (2016), donde rescató del olvido a las vedettes mexicanas que encarnaron el deseo y la libertad en los años setenta, la documentalista ha demostrado que el arte también puede ser un acto de justicia.

Ahora, con su nuevo documental —una producción de Laura Woldenberg estrenada por Netflix—, Cuevas alcanza una cima emocional y estética: un retrato monumental e íntimo de Juan Gabriel, el artista que marcó para siempre la historia de la música popular mexicana.

El documental, de dos horas de duración, se titula Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero y propone un viaje a través de los claroscuros de una figura que parece imposible de abarcar. Desde el niño que creció en la pobreza en Parácuaro y conoció el abandono, hasta el hombre que se reinventó como símbolo de libertad, el filme reconstruye una vida entre la humillación y el triunfo, entre el dolor y la euforia.

María José Cuevas
Cuevas accedió a material inédito del archivo personal del artista. Foto: Cortesía

Cuevas accedió a material inédito del archivo personal del artista, entrevistas nunca vistas, grabaciones caseras y registros de sus conciertos más memorables. Todo ello conforma una narrativa donde la voz del propio Juan Gabriel guía el relato, entre la confesión y la filosofía popular.

La directora no lo idealiza ni lo reduce a su leyenda: lo mira en su humanidad. Su película es también una exploración sobre la vulnerabilidad del genio, sobre la necesidad de amar y ser amado, sobre el costo de la entrega total.

Bellas Artes: la emoción colectiva

El clímax del documental es inevitablemente el regreso de Juan Gabriel a Bellas Artes, ese espacio que alguna vez le negó la legitimidad por prejuicio y que terminó rindiéndose ante su talento. Cuevas filma el momento con una mezcla de respeto y temblor.

Es difícil no llorar cuando Juan Gabriel canta en Bellas Artes, cuando su voz, quebrada y luminosa, llena de flores y aplausos, parece abrazar al país entero. Es ahí donde la película alcanza su fuerza espiritual: el artista que vuelve a casa y convierte el arte popular en rito de redención.

La cineasta construye la secuencia sin sentimentalismo, dejando que las imágenes —las lágrimas, los coros, los rostros anónimos— hablen por sí solas. Lo que ocurre ahí no es solo un concierto: es una reconciliación histórica entre el pueblo y su artista más amado.

En otro momento del documental, Cuevas recupera una entrevista donde Juan Gabriel plantea una pregunta que resuena como provocación y testamento:

“¿Debe un artista que tanto le ha dado a su pueblo pagar impuestos?”

No lo dice con arrogancia, sino como quien busca una justificación moral. La escena, que podría leerse como capricho o desafío, abre un debate sobre el valor social del arte y la relación entre el genio individual y el Estado.

Laura Woldenberg —productora también de Las tres muertes de Marisela Escobedo y 2020, ambos reconocidos por su sensibilidad política— ha dicho que lo que le interesó del proyecto fue “mostrar la complejidad de un hombre que fue amado y juzgado con la misma intensidad”.

María José Cuevas: una autora con mirada propia

Hija del pintor José Luis Cuevas y de la modelo Bertha Damián, María José se ha convertido en una de las voces más personales del cine documental latinoamericano. En Bellas de noche, exploró la dignidad de la vejez y la persistencia del deseo; en su nuevo trabajo, enfrenta la figura monumental de Juan Gabriel desde la fragilidad.

Su estilo combina la cercanía del testimonio con la precisión de una mirada estética. Cuevas filma con respeto, pero sin miedo. Donde otros solo ven espectáculo, ella encuentra una historia sobre la soledad y la entrega.

El documental de Netflix no busca clausurar la figura de Juan Gabriel, sino devolverle su misterio. En un tiempo saturado de biografías complacientes, María José Cuevas ha conseguido un retrato que conmueve sin idealizar, que explica sin justificar.

A través de su cámara, “El Divo de Juárez” aparece no como un monumento, sino como un ser humano que se atrevió a cantar su herida ante millones. Y en esa herida, en esa vulnerabilidad hecha voz, sigue habitando la verdad del arte popular mexicano.

“Mientras exista alguien que me escuche, yo seguiré cantando”, dice Juan Gabriel en una de las últimas escenas. Cuevas deja la frase suspendida sobre los créditos, como si el eco del cantante siguiera resonando en todos los que alguna vez, al escucharlo, también sintieron que esa canción era suya.

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