Paul Preciado

Mi cambio de nombre es un acto poético, dice Paul Preciado

Paul Preciado dijo que “los libros son procesos de trabajo colectivo, mi nombre está en el frente, pero esta disforía del escritor, establece que yo soy muchos y una de esas partes que soy es Anagrama”, editorial de la que presentó Dysphoria Mundi.

Ciudad de México, 14 de febrero (MaremotoM).- Leo en alguna frase que es el filósofo más lúcido de su generación. Otros, que es el filósofo de moda. Hay quienes consideran que sus conferencias están plagadas de puros lugares comunes que suenan bien hoy.

Sin embargo, hay algo en principio que lo hace pionero. No porque se haya cambiado de sexo (Antes era Beatriz y digo cambiado de sexo pensando que por suerte él no leerá esta reseña, pues a lo mejor lo digo mal), sino porque con el tema del género, del patriarcado, del neoliberalismo y de este mundo que se cae a cachos, aparece como una voz disidente y al mismo tiempo integradora.

No sé si lo que piensa es totalmente adecuado (tengo que repensar cada cosas que dice), pero sí que es necesario pensar en lo que él proclama como un “texto mutante, hecho de ensayo, filosofía, poesía y autoficción, que busca capturar las convulsiones del fin del capitalismo patriarco-colonial”.

Así, Anagrama describe Diysphoria Mundi, un término que comienza a ser apreciado por los estudios y descubierto por los ignorantes, tanto así que fui presurosa a consultarle a Jesús Ramírez Bermúdez si lo había leído.

Paul Preciado
Editó Anagrama. Foto: Cortesía

Vale decir que Jesús hizo el año pasado un texto también revolucionario (La melancolía creativa, en Debate), poniéndose al frente de las enfermedades neurológicas y de nuestras neurosis, por si hacía falta, en momentos que es necesario saber qué es la melancolía y que es esta determinación al suicidio, que es considerada “la otra pandemia”.

Diysphoria Mundi se presentó hace dos meses en Madrid y Paul Preciado habló mucho describió las modalidades de un presente revolucionario: no algo que sucedió en un pasado mítico o que sucederá en un futuro mesiánico, sino algo que nos está sucediendo. Dice la editorial: “La fascinante hipótesis que nos propone Preciado aquí consiste en generalizar la noción de disforia para entenderla no como una enfermedad mental, sino como un abismo epistémico y político: el que separa el antiguo régimen capitalista, patriarcal y colonial, que conduce inexorablemente a la extinción, de una nueva forma de vida que hasta ahora había sido descalificada como improductiva y anormal y que ha acabado revelándose como la única salida posible”.

PRESENTACIÓN DE DYSPHORIA MUNDI, POR PAUL PRECIADO

Paul Preciado dijo que “los libros son procesos de trabajo colectivo, mi nombre está en el frente, pero esta disforía del escritor, establece que yo soy muchos y una de esas partes que soy es Anagrama”.

“Esta monumental obra de Preciado es la de un bibliófilo que pone todos sus recursos al servicio de un tiempo y de un mundo hoy día irreversiblemente dislocados. Movilizando teorías del lenguaje, la conciencia, la tecnología y la inmunología para narrar la historia de ese mundo, el libro de Preciado hace añicos las estructuras binarias responsables de la destrucción del amor y del futuro. Aquí una canción, allí un poema: el suyo es un pensamiento que trasciende el género y los géneros, que nos deshace en el mejor sentido de la palabra. Un compromiso implacable contra las peores formas de disolución”, ha dicho Judith Butler, en un sentido que Preciado es también ella, tomándolo como lo confirma en el prólogo una de sus fuentes.

Paul Preciado festejaba ese día su primer cumpleaños trans porque ya le habían dado el pasaporte con la nueva identidad “y pensaba lo importante que es ese papel, esa prótesis administrativa, que permite que nos inserten como ciudadanos. Me parecía tan importante que se está discutiendo en España la ley trans y me parece obsceno las críticas que están surgiendo desde la órbita feminista, que le niegan un documento de identidad”, afirmó.

Cuestionó la figura de Michel Foucault, el llamado el teórico de la sexualidad, fundamentalmente porque en esos tiempos no era un “activista gay”. Se calificó como siempre inspirado por la ciencia ficción. “Aunque yo no fui discípulo de Foucault, sí fui discípulo de Jacques Derrida y tuve acceso a los instrumentos teóricos de un autor argelino, para el que el francés no era su primera lengua y hay muchos elementos “derridianos” que siguen atravesando mi trabajo”, afirmó.

Paul Preciado
Con 40 años estaba aprendiendo mi nombre. Foto: Cortesía

En el libro se pregunta si es posible crear otras tecnologías de gobierno, otras tecnologías del cuerpo, otras tecnologías de inscripción que no funcionen como tecnologías de la violencia.

“Esta es una gran pregunta, así dicha que estamos aquí como filosofando, pero eso tiene que ver con el nombre que te dieron desde el nacimiento. Está inscripto y escrito. El nombre es una inscripción, es un acto de gobierno y es un acto de verificación. Si llego a la entrada y digo soy Paul, la gente dirá que este debería ser un hombre. Pero si llego a la entrada y digo soy Beatriz, la gente dirá, pues mira, algo pasó… Es brutal. Para mí el nombre propio solo puede ser dado como es dada una palabra de ficción. Y tengo esa experiencia. Cuando cambié mi nombre, durante mucho tiempo pensé que guardaría mi nombre femenino porque siempre me había identificado como filósofa feminista y no hay muchas filósofas feministas. Nunca pensé que el cambio de nombre era un acto poético. Cuando empecé a llamarme Paul la realidad había cambiado a mi alrededor”, afirma.

“Con 40 años estaba aprendiendo mi nombre. Esa nominación aparte de ser un acto político era un acto poético”, agrega.

“¡Qué lujo es ser no binario y trans, teniendo en cuenta de lo disfórica que es la condición de ser mujer! En este libro si yo las interpelo como algo los interpelo como cuerpos vivos enfrentados a la violencia histórica a esas tecnologías de la muerte, que hemos heredado del colonialismo patriarcal en los últimos cinco siglos”, afirma.

El libro es interesante no sólo porque narra las experiencias del cambio de sexo del autor, sino porque provoca las líneas médicas y filosóficas con las que el cuerpo y la identidad se juzgan. Es la filosofía para un mundo dislocado.

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