Me da tristeza que unos jóvenes vean cercenados sus sueños por la negligencia de autoridades, empresa y todos aquellos que participaron en la organización. Consciente, inconscientemente; voluntaria o involuntariamente, colaboraron en esta tragedia y necesitan dar muchas explicaciones que, seguramente nos escamotearán.
Ciudad de México, 7 de abril (MaremotoM).- Como padre, me uno al dolor que embarga a los padres de los periodistas fallecidos el sábado pasado en el festival: Berenice y Miguel Ángel.
Me da tristeza que unos jóvenes vean cercenados sus sueños por la negligencia de autoridades, empresa y todos aquellos que participaron en la organización. Consciente, inconscientemente; voluntaria o involuntariamente, colaboraron en esta tragedia y necesitan dar muchas explicaciones que, seguramente nos escamotearán.
Desafortunadamente, siempre tiene que haber una tragedia para llamar la atención y tratar de resolver problemas como los que vive el periodismo musical.
Asumo que, como periodista de la “vieja guardia”, hay temas que desconozco, pero he visto como la profesión se ha demeritado y desvalorizado gracias a muchos que llegaron, metieron mano, descompusieron las cosas y luego se fueron y dejaron todo el patio trasero sucio y desordenado.
Desde entonces las cosas funcionan mal. Algunos de los que participaron en ese desaseo, probablemente son ahora editores o directores de su propio medio, no lo sé, pero sí lo son deberían tener más consideración para sus colegas; pero no lo hicieron y no lo harán.
Tal vez sea el momento de dejar de ser la carne de cañón y de recuperar la poca o mucha dignidad que un periodista musical (me revienta el calificativo, lo saben) tenía antaño, porque se tuvo. Reconozcamos que es un gremio débil y desunido; pero, tal vez, jóvenes periodistas, deseosos, conscientes y amantes de este trabajo, sea el momento de tratar de recomponer la situación y de ponerle un alto a quienes creen que ir a un festival y cubrirlo es una experiencia inolvidable y no deben pagar. No confundan señores de los dineros, que nos guste la música no signifique que con eso podamos pagar cuentas.
Sí, a partir de ahora debe ser inolvidable, NUNCA, pero NUNCA, las muertes de Berenice y Miguel Ángel deben olvidarse y que esta sea la oportunidad de quienes ahora laboran en el periodismo musical de poner un hasta aquí a malos promotores que confunden publicidad con información y a editores o dueños de medios que se coluden con los organizadores y envían a la gente sin pensar que pueden perder la vida.
A todos esos que ahora se lavan las manos y caminan como si fueran los grandes señores solo porque tiene dinero, yo les exijo tener tantita madre y dar la cara en este problema.











