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PALESTINA LIBRE: ALTO AL GENOCIDIO EN GAZA

A lo largo de la historia, el pueblo palestino ha sufrido una serie de despojos: primero la expulsión de sus tierras, luego la constante amenaza de despojo, la construcción de asentamientos ilegales y, finalmente, la represión brutal y sistemática de su derecho a la autodeterminación.

Ciudad de México, 3 de octubre (MaremotoM).- La situación en Gaza, esa pequeña franja de tierra rodeada por muros y bloques de cemento, se ha convertido en un escenario de sufrimiento humano indescriptible.

Mientras Israel continúa su ofensiva militar, miles de vidas palestinas están siendo destruidas, ya sea por las bombas, por la desnutrición o por la imposibilidad de acceder a cuidados médicos esenciales. Pero la violencia no se limita al suelo palestino: en las aguas del Mediterráneo, el cerco también es implacable. Los barcos que intentan acercarse a Gaza, aquellos que intentan llevar ayuda humanitaria o incluso ofrecer apoyo simbólico a la población, son detenidos, secuestrados o atacados por el ejército israelí. Estos barcos y con ellos la esperanza de miles de personas, se ven obligados a regresar con las manos vacías. Este bloqueo no es sólo físico, es político, económico, y profundamente humano.

A lo largo de más de 15 años de bloqueo, Israel ha demostrado, no nada más su desprecio por el derecho internacional, sino también por la vida misma de los palestinos. A lo largo de la historia, el pueblo palestino ha sufrido una serie de despojos: primero la expulsión de sus tierras, luego la constante amenaza de despojo, la construcción de asentamientos ilegales y, finalmente, la represión brutal y sistemática de su derecho a la autodeterminación. El control militar de Gaza, la desproporcionada violencia ejercida sobre civiles, la asfixia de la economía local, y el corte de acceso a recursos básicos como electricidad, agua y alimentos, todo ello configura un panorama que la comunidad internacional no puede seguir ignorando.

El bloqueo israelí sobre Gaza es un acto de guerra prolongado. A pesar de que las Naciones Unidas y diversas organizaciones internacionales han condenado en múltiples ocasiones la ocupación y los ataques de Israel, el peso de las sanciones o medidas concretas sigue siendo nulo. Las grandes potencias del mundo, como Estados Unidos y la Unión Europea, han mantenido un silencio cómplice o, peor aún, han brindado apoyo político y militar a Israel, permitiéndole continuar con una política de exterminio y deshumanización. El cerc

Gaza
Foto: Cortesía

Desde el comienzo del bloqueo en 2007, después de que Hamas tomara el control de la franja de Gaza, la comunidad internacional ha sido testigo de un sufrimiento indescriptible. La prohibición de los barcos que intentan llegar a Gaza no únicamente impide la llegada de alimentos, medicinas, y otros suministros esenciales, sino que también restringe el derecho de los palestinos a recibir apoyo y solidaridad de la comunidad internacional. Barcos como los que formaron parte de la Flotilla de la Libertad en 2010, que intentaban llevar ayuda humanitaria a Gaza, fueron atacados por las fuerzas navales israelíes en alta mar, resultando en la muerte de varios activistas turcos. Este tipo de agresión, sin consecuencias a nivel internacional, refleja un escenario donde Israel no sólo actúa con impunidad, sino que lo hace con la complicidad de los poderosos del mundo.

Lo que el bloqueo naval de Gaza demuestra es el carácter imperialista y colonialista del proyecto sionista. Israel no sólo quiere dominar el espacio terrestre, sino que también quiere controlar la vida de los palestinos en todas las dimensiones posibles, negándoles incluso la posibilidad de recibir ayuda externa. De hecho, uno de los principales objetivos del bloqueo naval es evitar la construcción de una infraestructura que permita a Gaza sobrevivir de manera independiente. La construcción de puertos, la llegada de barcos comerciales o la simple posibilidad de que Gaza pueda desarrollar su propia economía están sistemáticamente bloqueadas por las fuerzas israelíes.

Martín Gak
Cuerpos de palestinos que murieron en un ataque israelí son trasladados al Hospital Al-Shifa, en Gaza, el 21 de junio de 2025. / AA

Al hacer esto, Israel condena a Gaza a la pobreza perpetua, al hambre y a la miseria, mientras permite que su propia economía se fortalezca gracias al expolio de los recursos de la región.

Hace un par de días, la armada israelí interceptó y detuvo al menos 20 barcos de la Global Sumud Flotilla en aguas internacionales cuando intentaban acercarse a Gaza con ayuda humanitaria y con la misión de romper el bloqueo.  Se denunció que las embarcaciones fueron sometidas a agresiones como cañones de agua, disparos de luces cegadoras y sabotaje de las comunicaciones antes del abordaje.  Algunas embarcaciones, incluidas Alma, Sirius, Adara y Aurora, fueron confiscadas o remolcadas y sus tripulantes trasladados al puerto de Ashdod, en Israel, para su eventual deportación.  A pesar de esto, unos 24 barcos siguen navegando hacia Gaza, reclamando ser víctimas de una acción militar ilegal y denunciando que el bloqueo impide la asistencia vital a cientos de miles de personas atrapadas en el enclave.

Mujeres de Gaza
Las madres palestinas que perdieron a sus hijos, cónyuges y familiares en Gaza bajo los intensos ataques israelíes celebran el Día de la Madre con dolor y tristeza. / AA

El silencio cómplice de las Naciones Unidas, de la Unión Europea y de Estados Unidos frente a estos crímenes de guerra es, en sí mismo, una forma de apoyo al régimen israelí. La comunidad internacional ha fracasado estrepitosamente en su responsabilidad de proteger a los pueblos oprimidos. Las resoluciones de la ONU han sido ignoradas sistemáticamente por Israel y las sanciones que podrían haber sido impuestas se diluyen en una maraña de intereses geopolíticos, en su mayoría dominados por Estados Unidos, que no está dispuesto a presionar a Israel debido a sus propios intereses estratégicos en la región.

La solución al problema palestino no puede seguir diluyéndose. La retórica de los “acuerdos de paz” y de las “negociaciones” se ha demostrado un ejercicio inútil y vacío de contenido. No hay posibilidad de negociación cuando uno de los actores tiene todo el poder, todo el control y usa su fuerza militar y económica para arrasar con cualquier intento de resistencia o autodeterminación palestina. El bloqueo naval es apenas un aspecto del cerco más amplio que Israel ha impuesto sobre Gaza, pero es también uno de los más explícitos. La violencia directa y la destrucción de infraestructura es clara, pero el bloqueo es la muerte lenta. Gaza ha sido sometida a una opresión sistemática y prolongada que en cualquier otro contexto sería reconocida como un genocidio.

La solución a la cuestión en Palestina no puede basarse en las medias tintas ni en una “solución de dos estados” que no hace más que perpetuar el statu quo. El pueblo palestino tiene derecho a una nación libre, soberana y reconocida en las fronteras de 1967. La ocupación debe cesar, los asentamientos deben ser desmantelados y el derecho de retorno de los refugiados palestinos debe ser garantizado. Es imposible que el pueblo palestino pueda alcanzar una paz verdadera mientras se mantenga bajo el yugo de la ocupación y el bloqueo. La lucha por Palestina es una lucha por la justicia, por la autodeterminación de los pueblos y por el derecho a vivir sin la amenaza constante de violencia.

A nivel global, los pueblos del mundo deben presionar a sus gobiernos para que asuman una postura firme contra el genocidio que Israel lleva a cabo contra los palestinos. El boicot a Israel, las sanciones económicas y la ruptura de relaciones diplomáticas son medidas que deben ser adoptadas, no nada más como castigo por sus violaciones de derechos humanos, sino como una forma de demostrar que la comunidad internacional está dispuesta a actuar ante la barbarie. El ejemplo de Sudáfrica, donde el aislamiento internacional fue un factor determinante para la caída del apartheid, debería ser seguido. El apartheid israelí, con sus muros, sus checkpoints, y su apartheid de acceso a recursos, debe ser erradicado, y sólo con una presión internacional implacable podrá el pueblo palestino ver la luz al final de este túnel de sufrimiento.

El cerco sobre Gaza no es únicamente un acto de violencia física, sino también un acto simbólico de deshumanización. Los barcos detenidos por Israel son testigos de una resistencia que persiste, de una lucha que no se deja apagar ni por los muros ni por las bombas. Sin embargo, para que esta lucha se convierta en una victoria, es necesario que las naciones del mundo se unan en solidaridad con el pueblo palestino y exijan que Israel detenga su genocidio. No basta con condenas vacías, ni con promesas incumplidas. Sólo con acción decidida, con el aislamiento político y económico de Israel, se podrá garantizar una Palestina libre y soberana, donde los derechos humanos sean la norma, no la excepción. La lucha por Palestina es la lucha por la dignidad de todos los pueblos.

Palestina Libre.

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