Pussy Riot

Pussy Riot vs Putin | La apagada revolución de las bromistas rusas

En la televisión oficial del Kremlin “el fenómeno Pussy Riot” se mostró como un ejemplo de la decadencia de la juventud, “homosexual, libertina y contaminada con los valores liberales occidentales”. En solo 15 años, la crítica juguetona y provocativa de los nuevos rusos contra las políticas ultraconservadoras de Vladímir Putin fue reprimida. Un escarmiento generacional se ha impuesto en Rusia.

Ciudad de México, 26 de mayo (MaremotoM).- Muerto Alexéi Navalni, el abogado anticorrupción que sobrevivió a dos envenenamientos pero no la cárcel siberiana, la oposición rusa está diluida. Artistas feministas, periodistas pacifistas, políticos ultraizquierdistas y hasta estrellas del ajedrez engrosan cada vez más la lista negra de “agentes extranjeros” o “extremistas” de Putin; no obstante, el 15 de junio de 2024, la gran mayoría de los ciudadanos del país más grande y nuclear del mundo votaron por quinta vez a Vladímir Putin como presidente y a Rusia Unida como el partido oficial.

De diciembre de 2010 a marzo de 2012, el régimen de Vladimir Putin fue sacudido por manifestaciones masivas convocadas, entre muchos; por el escritor punk Eduard Límonov (1943- 2020), que había regresado de un largo exilio en Francia y lideraba La Otra Rusia, una organización civil que promovía ejercer el derecho a la libre reunión consagrado en el artículo 31 de la Constitución de la Federación Rusa.

La Otra Rusia convocó por el Facebook ruso VKontakte a miles de adeptos a tomar las calles de forma espontánea en “caminatas pacíficas”, pues en pleno siglo XXI, no puede haber reuniones de más de diez personas en las calles rusas sin permiso de la autoridad.

Muere Eduard Limónov, llamado el “fascista rojo”, a los 77 años en Moscú

A partir de entonces, los llamados flashmobs (Un flashmob, traducido literalmente del inglés como “multitud relámpago” (flash: ‘destello, ráfaga’; mob: ‘multitud’) es una acción organizada en la que un gran grupo de personas se reúne de repente en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente) comenzaron en las principales plazas moscovitas con cualquier pretexto, bailar, abrazarse, caminar. Ya para las mayores manifestaciones antireelección como las de la Plaza Bolotnaya el 10 de diciembre de 2011 estos ejercicios sacaron a las calles a cientos de miles de personas (230,000 según el Ministerio del Interior; 35,000 dijo la policía) en un despertar popular que exigía elecciones justas, recuento de votos, nuevos comicios, liberación de presos políticos y acceso de todos los partidos a la competencia.

Límonov no fue el único punki que plantó cara a Putin por aquellos días. Un grupo de artivistas, algunas de ellas colaboradoras de la guerrilla peterburguesa Voiná, llamadas Pussi Ryot, comenzaron a hacer videos de You Tube con canciones llenas de consignas antiPutin, antihomofóbicas, antimachistas y a accionarlas en lugares públicos como una cárcel de presos políticos a las afueras de Moscú; el área de cajas de un famoso centro comercial, el techo de algún trolebús de la ruta universitaria y hasta la estación del metro Aeropuerto, donde fueron arrestadas con todo y espectadores. Era el inicio de una insólita y kamikaze guerra mediática.

Cuando en la Plaza Roja estrenaron su canción Putin Enojado (Putin Zassal) en la que llamaron a amotinarse contra “la religión ortodoxa del pene erecto” y a “ser más inteligentes que los agentes de seguridad”, nadie anticipó que tenían en la mira “al corporativo Iglesia-Estado”, la Catedral de Cristo el Salvador, donde en febrero de 2012 ejecutaron una inocente “Oración Punk”, con la que pedían a la Virgen hacer a Putin feminista.

Algunos invocaban al verlas al espíritu noventero del “rocker de la Perestroika” Víctor Tsoi o el de la leyenda de punk siberiana Yegor Letov, líder de Grazhdanskaya Oborona (Resistencia Civil), mejor conocido como GROb –quienes por sus letras combativas y sus discos ilegales fueron asesinados en accidentes o recluidos en psiquiátricos de por vida. La mayoría, sin embargo, sentenció: son “un fenómeno incomprensible, grotesco y de mal gusto para la mayoría de los rusos” y fueron acusadas de “vandalismo, blasfemia e incitación al odio religioso”.

Pussy Riot
En actividad en Moscú. Foto: Cortesía

Por su “inocente oración punk” en la marmórea Catedral de Cristo el Salvador, en febrero de 2012, Nadia Tolokonnikova y María Aliójina fueron condenadas a 7 años de prisión o a pedir perdón de rodillas al Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa Cirilo y al presidente Vladímir Putin. Ellas escogieron la cárcel.

La tercera arrestada, Ekaterina Samutesevich, rechazó seguir la defensa de sus derechos humanos y politizar su caso y fue acosada por la policía hasta que terminó pidiendo asilo en Suecia. Otras integrantes huyeron a Ucrania y Letonia.

Tolokonnikova –que atrapó las miradas del mundo por las playeras combativas que usó durante– fue enviada a Mordovia, la colonia penal femenil IK-2, “la peor cárcel de todas”, donde las torturas y el trabajo esclavo se practican desde tiempos soviéticos. Sobrevivió ahí a un intento de asesinato tras denunciar que el jefe del Servicio Federal de Prisiones, Valery Maximenko, se beneficiaba del trabajo esclavo de las internas, quienes eran obligadas a pasar 18 horas del día cosiendo.

Por su parte, Aliójina, dramaturga y comunicadora, fue recluida en Nizhny Novgorod, una “correccional” en la confluencia del Volga donde fue sometida a torturas diarias por el “grave crimen de no levantarse temprano”, lo que contó a detalle en su libro Riot Days, en 2015 y luego en una  la versión de “teatro cruel”  que horrorizó al sensible público de Broadway en 2016.

Con motivo de las Olimpiadas de Sochi en 2014, el dúo Pussy Riot fue amnistiado junto con cientos de presos políticos, pero dos años de condena en gulag les borraron la sonrisa de la boca. ¿Se habían inmolado para avivar la conciencia crítica de la Rusia de Putin?, como les escribió el esloveno Slavoj Zizek (Liubliana, 1949) en unas cartas publicadas por The Guardian.

LA MEDIOZONA DE LAS PUSSY RIOT

Al salir de sus respectivas colonias penales Nadia Tolokonnikova y María Aliójina descubrieron que en Rusia todo era más gris. Repudiadas por sus compañeras, que consideraron “agotado el proyecto artístico” y perdido su propósito desde que salieron del anonimato, quedaron solas frente al régimen.

Inmediatamente abrieron un sitio web llamado Mediazona con noticias judiciales para informar sobre la situación de los presos políticos en Rusia; crearon también una ONG de defensoría de derechos humanos en las cárceles rusas (Zona Prava) y hasta una tienda online de ropa y pasamontañas para “destruir el Patriarcado”.

Pussy Riot
Durante una actuación en Brooklin. Foto: Cortesía

Los medios oficiales las presentaron como un producto de la disidencia rusa financiado por Borís Berezovski desde Londres.

En una década sus videos políticos de lenguaje explícito en los que antes se oían frases como: “¡Putin se mea encima! o “¡Putin por el jabón!” dieron paso a obras estilizadas como I Can’t Breathe”, que recuerda las últimas palabras de Eric Garder, estrangulado por el oficial Daniel Pantaleo en Staten Island por oponerse al constante acoso policial o “Unicornio Freedom”, sobre el caso de la niña rusa Anya Pavilovska que enfrenta a sus 18 años cargos por postear “Nuestro presidente es un Pikachu”.

Se habían  propuesto desarrollar al máximo la “mercadotecnia punk”  en su canal de YT para acabar con la persecución judicial de los disidentes en Rusia, pero ellas mismas eran perseguidas “por aventar avioncitos de papel y obstruir el paso de peatones”; incitar a menores a participar en acciones ilegales o por hacer propaganda gay. Los arrestos domiciliarios eran el pan de cada día y aún encerradas en un clóset  lograron hacerse visibles durante las Olimpiadas de Sochi 2014 y llamar al boicot. En su video “Putin Te Dice Como amar a la Madre Patria”, muestran la violencia con la que varios integrantes fueron reprimidos en el balneario ruso.

Las chicas que antes llamaban a la revuelta fueron las campeonas de la libertad de expresión de Amnistía Internacional. Su “artivismo bromista” llegó también a la tercera temporada de la serie House of Cards, donde arruinaron la visita del presidente ruso como solo la ficción les permitiría hacerlo y en Zero Tolerance, una  exhibición en el Museo de Arte Moderno, MOMA  fueron el acto principal.  

En programas de entretenimiento como El Hormiguero se escuchó a María Aliójina decir “que no tenía miedo a Putin sino a que se olviden las cosas que hace con su ejército” y lanzó Mamá no veas la tele, te diremos la verdad, el video anti guerra de Ucrania que clama que “no hay nazis en Kiev”.

Fueron capaces de hacerse oír hasta en el mundo surreal de Los Simpson y hasta se presentaron en el escenario Doritos del Vive Latino 2018 en la Ciudad de México el mismo día en que se celebraban las elecciones rusas (15 de marzo ) en las que volvería a ganar Vladímir Putin y su partido Rusia Unida, pero eso no le hizo ni cosquillas a los oligarcas rusos.

Perseguidas judicialmente  en su país, las chicas tardan más en rentar un estudio que la policía en allanarlo con el pretexto de que realizan “actividades extremistas”. Si salen a grabar a sitios públicos son acosadas por policías pidiendo permisos inexistentes.

En su video Las cuatro lecciones que aprendí en la cárcel Nadia Tolokonnikova, cansada y deprimida denuncia que los acababan de correr del edificio y ni les devolvieron la renta. Visiblemente molesta compartió su cuarto aprendizaje: “Mientras más vives, más pueden ejercer violencia sobre ti”. El constante retraso de planes estaba afectando su salud mental.

“Pussy Riot”, en realidad Tolokonnikova y un VJ invitado, estuvo en uno de los escenarios alternativos del Vive Latino 2018 con otros tres videos “Elecciones” (Víbory)  Organy (Cuerpos)  y Bad Apples (Manzanas Podridas) y la concurrencia apenas se enteró que no se trataba de un concierto de punk sino de un acto político de protesta. Y si en esos años prepandémicos era necesario mostrarse como una niña indefensa con pasamontañas coloridos y mochilas de Hello Kitty a la espalda para evidenciar la desproporcional fuerza del régimen que se había desatado contra ellas, después del Gran Encierro la estrategia es presentarse como verdaderas “hechiceras” capaces de hacerle brujería a Putin.

En su exhibición audiovisual de 2022 Putin Ashes (La cenizas de Putin) en Los Ángeles, Tolokonnikova presentó una instalación que fue creada con cenizas de fotos del presidente ruso y hechizos que supuestamente Nadia aprendió en la cárcel. La muestra incluye un video en el que se convocó a mujeres agraviadas para acudir a maldecir a Vladímir Putin.

Poderosas y geniales, las hijas de Babá Yagá como en los cuentos rusos, aún llaman a sus hijas a la batalla. Con ese estilo jocoso del que hizo gala durante su juicio y que llevó a los curas ortodoxos a llamarla “pequeña bruja”, Pussy Riot espera un milagro:

“Somos las hijas de Dioniso navegando en un barril sin reconocer ninguna autoridad. Somos las rebeldes que clamamos por la tormenta y creemos que la verdad es una búsqueda sin fin. Dos años de cárcel es nuestro tributo por tener oídos abiertos y querer cantar en otro tono. Al final vendrá un milagro a la vida de los que creen infantilmente en el triunfo de la verdad, la asistencia mutua y la economía del dar”.

 

 

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