Este año 2025 se han cumplido quince años de la publicación de un libro fascinante: El mundo bajo los párpados, un ensayo dedicado a los sueños con el que el reconocido editor Jacobo Siruela se estrenaba como escritor. Rescato para la ocasión una reseña de 2012 que ha permanecido inédita hasta hoy.
Ciudad de México, 9 de septiembre (MaremotoM).- Jacobo Siruela (Madrid, 1954), reconocido editor de dilatada trayectoria, ha debutado como escritor en 2010 con la publicación de El mundo bajo los párpados, un magnífico ensayo sobre un tema tan básico como universal, los sueños y la experiencia de soñar, un don que la vida otorga a todos los seres humanos, sin distinción de clase, género o etnia.
Editado e ilustrado con el cuidado y la elegancia que caracterizan el sello Atalanta, este libro se inicia con una elocuente cita de G.C. Lichtenberg: “Toda nuestra historia es únicamente la de los hombres despiertos; nadie hasta ahora ha pensado en una historia de los hombres que duermen”.
Un texto que cumple un doble propósito, ya que sirve tanto como declaración de intenciones -la de escribir la historia de los hombres que duermen o el papel de los sueños en la historia humana- como para señalar una crítica cultural a una civilización o ideología, la del racionalismo materialista, que niega el espíritu y ha restado valor e importancia a la imaginación y a lo onírico.
A partir de este doble punto de partida, la obra se estructura en cinco capítulos en donde Jacobo Siruela “explora los diferentes significados del verbo soñar en relación con la historia, lo sagrado, las dimensiones interiores de la conciencia, las paradojas y complejidades del tiempo y el punzante enigma de la muerte”.
Cada uno de estos episodios nos introduce en un viaje a través de la historia y la psique humana, con paradas significativas en épocas y regiones diversas, con numerosas referencias y menciones que van desde Mesopotamia, el antiguo Egipto, la Grecia clásica, el Imperio Romano, la Edad Media y las épocas modernas y contemporáneas, sin dejar de asomarnos a la Persia y la India antiguas y la China milenaria.
Todo ello tan profusamente documentado e ilustrado, que el autor tardó ocho años en recopilar, seleccionar y ordenar la ingente cantidad de información, datos e ilustraciones en los que se sustenta esta obra. De hecho, solo de ilustraciones, se incluyen 308, todas muy variadas y sugerentes, como las imágenes de Les rêves et les moyens de les diriger, del marqués d’Hervey de Saint Denis (página 152) o el grabado del siglo XV, Ars bene moriendi (página 280).
Sin embargo, más allá de esos años de trabajo documental y de escritura, las ideas y conceptos expuestos en El mundo bajo los párpados vienen de mucho más atrás, de una búsqueda iniciada por el autor en su juventud, y de la cual hay numerosas huellas en su trabajo anterior como editor.
Ya lo señalaba Andrés Ibáñez en su reseña de este libro, al recordar una conversación de los años noventa en que Siruela le explicaba los sueños de René Descartes, incluidos también en esta obra. Estamos, entonces, ante un libro muy personal, donde Jacobo Siruela nos entrega, a través de una prosa diáfana y, en ocasiones, hasta didáctica, gran parte del aprendizaje y el pensamiento que ha cultivado a través de su vida.
En efecto, El mundo bajo los párpados no solo es un libro que habla del papel que los sueños han tenido a lo largo de la historia y que nos relata anécdotas sorprendentes del mundo onírico de grandes próceres y prohombres, como Otto von Bismarck o Abraham Lincoln.
Tampoco es un libro que se contente con llamar la atención sobre los efectos beneficiosos de poner atención a nuestros sueños, de registrarlos e interpretarlos, ya que a través de ellos, como mínimo, podremos captar las señales que nos envía nuestro subconsciente. Y se trata mucho menos de solo enumerar fenómenos sobrenaturales o de difícil explicación asociados a los sueños. Este es un libro que va mucho más allá, señalando, a través de la disección profunda del fenómeno físico y psíquico de los sueños, la naturaleza del hombre y del universo, la esencia del significado de cuerpo y espíritu y la constatación, por parte del autor, de que, bajo la apariencia del mundo real, visible y palpable, de carne y hueso en el cual habitamos y respiramos, existe otro mundo, invisible, inverificable, libre de nuestras limitaciones terrenales, como la del tiempo.
Es lo que afirma, por ejemplo, en uno de los episodios más interesantes del cuarto capítulo, Sueño y tiempo, en donde Siruela narra las investigaciones llevadas a cabo por el filósofo Arthur Schopenhauer, el psicólogo Carl Gustav Jung y el físico e ingeniero John William Dunne, alrededor de los misteriosos pero innegables sueños premonitorios: “Durante muchos años, Jung pudo confirmar psicológicamente la existencia de un puente sutil entre el mundo externo y el interno, pero no se atrevía a sacar una conclusión teórica de ello.
En la época antigua, medieval y renacentista se tenía una clara conciencia de este nexo entre ambos mundos a través de la ley de correspondencias que operaba en la astrología, la alquimia o los pronósticos de la magia natural. El mundo era entendido entonces como un inmenso organismo vivo en el que todas las cosas estaban interrelacionadas sin tomar en cuenta las distancias. Como afirma el neoplatonismo, todo está interconectado –lo de arriba y lo de abajo, lo material y lo espiritual– según las relaciones de simpatía que existen en todo el universo. El descubrimiento cartesiano del yo racional arrancó definitivamente al ser humano de esta totalidad psicofísica. El mundo fue entonces despojado de cualidades; se transformó en objeto puro, y la materia en una extensión inanimada en donde todos los fenómenos naturales debían contemplarse en términos cuantitativos” (Pág. 224).
Reivindicación de la astrología, la alquimia, la magia natural y el neoplatonismo, para manifestar la necesidad de volver, no a la superstición, sino a la espiritualidad, la imaginación y la creatividad, poniendo sobre la mesa las evidencias de fenómenos “inexplicables” asociados al sueño y cuya confirmación Siruela encuentra en los nuevos descubrimientos realizados en el terreno de la física cuántica. Todo para restaurar, en sus palabras, la antigua unidad entre lo interior y lo exterior, entre el cuerpo y la psique.

Y no es que Siruela pretenda convencer de nada al hombre moderno, marcado por el materialismo y el escepticismo, pero sí lo insta a escuchar las señales del subconsciente y a creer, a volver a creer en su propio mundo interior, a la vez que desenmascara el carácter superficial y gregal de su incredulidad: “Lo inefable siempre choca contra cierto dogmatismo racionalista, pues todo lo que se refiere a la otredad y no tiene explicación queda inmediatamente asociado a las viejas supersticiones del pasado. […] El escepticismo es el mejor refugio de la inteligencia, pero también puede ser el más estéril, ya que la calidad del escepticismo solo puede apreciarse en una mentalidad abierta y cáustica; de lo contrario, el escéptico no utiliza su reserva como consecuencia de una actitud crítica, sino como una máscara gregaria tras la cual se oculta simplemente el lugar común” (página 196). A lo cual podríamos agregar: “Imbuido, pues, en esta seca visión de las cosas, el ser humano resulta perfectamente irrisorio, pues a pesar de toda su hiperconciencia a cuestas y su labrada coraza de escepticismo, suele estar dispuesto a creer en cualquier cosa, salvo en la verdad” (pág. 65).
El lector que se zambulla en las páginas de este libro, tendrá que asumir, entonces, el reto de creer o no creer, de negar o vislumbrar, de cerrar una puerta o abrir una ventana. Pero, independientemente de lo que prefiera elegir, podrá disfrutar de un viaje fascinante por el tiempo y el espacio de la mano de un narrador que conoce en profundidad cada uno de los temas con que nos ilustra. Incluso, si nos fijáramos solo en las citas con que el autor inicia cada uno de los capítulos y subcapítulos de los que se compone esta obra, ya podríamos pintar un cuadro multicolor y representativo de parte de lo mejor del espíritu humano en distintas épocas y latitudes. Pongo dos ejemplos llenos de carga poética. El primero, un poema de un aborigen de Australia: “El hombre blanco no sueña. / Vive de otra manera. / El hombre blanco es diferente. / Su camino es el suyo”. Y el segundo, del poeta irlandés W. B. Yeats: “Cuando los acontecimientos sobrenaturales comienzan a producirse, un hombre primero duda de su propio testimonio, pero cuando se repiten una y otra vez, duda del testimonio de toda la humanidad”.
Polémico y fascinante, El mundo bajo los párpados es un libro importante, llamado a marcar una época y que difícilmente será olvidado por quienes tengan el placer de deambular por sus páginas y dejarse llevar por su arrebato.











