Jaime Bayly

RESEÑA | Los genios, de Jaime Bayly

Hace 48 años, el 12 de febrero de 1976, Mario Vargas Llosa, en una escena de celos, le dio un puñetazo en el rostro, “preñado de rabia”, a su amigo, vecino y compadre Gabriel García Márquez, en una sala reservada en el auditorio de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica de México, a la espera de la proyección del documental La odisea en los Andes, cuyo guion había escrito el ahora Premio Nobel peruano y quien era entrevistado por la reportera María Idalia, del periódico Excélsior.

Ciudad de México, 14 de febrero (MaremotoM).- Gabo se acercó a abrazar a su “hermanazo”, pero sorpresa, le respondió con un golpe en el ojo izquierdo, que luego quedó inmortalizado en una foto de Rodrigo Moya.

“-¡Esto es por lo que le hiciste a Patricia! -gritó Vargas Llosa”. Así inicia la hilarante novela del escritor y presentador de televisión, el peruano Jaime Bayly, que en 238 páginas hace un retrato de los dos Premio Nobel que va más allá de ese hecho que cambió el rumbo de la amistad entre estos dos literatos del boom latinoamericano, asunto que además sucedió en el mismo día en que murió su otro compañero argentino Julio Cortázar, con ocho años de diferencia, en 1984, y que este 2024 se cumplen 40 años de su ausencia.

Jaime Bayly
Los genios brilló en Guadalajara. Foto: FIL

Mario Vargas Llosa decidió que nunca hablaría de esto, de todo aquello que sucedió entre su esposa Patricia y Gabo, su amigo, una noche de copas en Barcelona sin la presencia del autor de libros como Pantaleón y las visitadoras, hasta pienso que el título de su última novela, Le dedico mi silencio, podría ser por el autor de Cien años de soledad, quien era además un escritor que siempre quiso ser cantante y este libro con el que Vargas Llosa termina su labor como novelista a sus 87 años de edad, es uno donde cuenta la historia de la música peruana. Un libro que busca la reconciliación con su país.

Gabo murió y se llevó a la tumba también esta historia que solo se reconstruyó a partir de lo que dijeron todos alrededor, pero que nadie quería decir más. Bayly, amigo de la familia Vargas Llosa, poderoso escritor peruano, que ha viajado al lado del Premio Nobel Peruano, decidió escribir esta novela que profundiza en el carácter de estos dos titanes de la literatura latinoamericana, también muestra las debilidades de estos dos hombres de vidas extraordinarias.

Este 12 de febrero concluí la lectura de Los genios, de Jaime Bayly, la cual me divirtió mucho y me hizo reflexionar sobre todo en la figura de Mario Vargas Llosa, de quien estoy leyendo su última hazaña literaria. Ese soldado de la literatura, que no se va entre las ramas en sus posiciones políticas y quien vi el año pasado en la Bienal que lleva su nombre, acá en Guadalajara, y donde anunciaba que estaba por publicar su última novela, Le dedico mi silencio.

Mario Vargas Llosa
La historia de un hombre que quiere ver al país unido por la música. Foto: Cortesía

Bayly escribió una novela llena de anécdotas, manchadas de política, de música, de cine, de viajes y de literatura alrededor de esos genios. “Para Mario, Dios existe: él. Hay dos Dioses en su universo: él y yo. Pero a mí me ve como un Dios fallido, defectuoso: un Dios con las ideas políticas equivocadas”, le dice Gabo a Patricia, la esposa de Vargas Llosa, en la página 141.

Tuve la oportunidad de conversar con Jaime Bayly en diciembre pasado, en la Feria Internacional de Libro de Guadalajara. No sé si fue la mejor entrevista, porque yo me encontraba un tanto nervioso y además fue totalmente inesperada, pues fue por una serie de momentos de suerte que logré platicar con él durante una hora. Bayly fue muy generoso, nos sentamos en una mesa que se encontraba en un salón casi privado, me dijo que había leído mi revista (Los Cínicos), que, obvio, le gustó, mientras una mesera, a quien él le dio una propina en dólares, nos trajo refresco, café y jugo, platicamos como si fuéramos conocidos de toda la vida, ja ja ja.

Pero todo indicaba que esa entrevista no se iba a realizar, porque para empezar había que aproximarse a su agente literaria que si no le caes, te puede complicar todo, por fortuna estaba borracha y creo que eso ayudó a que se relajara. También al subir al piso donde Bayly prácticamente era solo para él, fue porque antes, afuera del elevador, me encontré al politólogo Leonardo Curzio, a quien saludé con familiaridad, porque nos conocemos de una charla que tuve con él para un programa de radio y vaya, soy su lector. Así que yo y mi colega Roberto Estrada, quien me acompañaba, pudimos subir sin problema alguno porque íbamos con Leonardo Curzio, quien luego de pasar su llave del Hotel Barceló en el panel del ascensor, le pedí que si podía apretar el botón al piso 19.

Al salir del elevador, nos sentamos en un sillón para esperar al escritor y de una puerta, como si fuera un chusco programa de tele, apareció un tanto sorprendido, con un jugo de naranja en las manos, el enorme Jaime Bayly. Nos miró, nos dijo que si lo estábamos esperando a él, le contestamos que sí. Recordó mi nombre porque la noche anterior yo me había acercado a él, previo a su presentación del libro, en la Expo Guadalajara, y le expresé mi intención de entrevistarlo. Me dio su tarjeta, me pidió que le escribiera y que, en mi insistencia de continuar platicando con él, lo dejara solo porque estaba a una hora de presentar Los genios y necesitaba estar solo. Me pareció un tanto exagerada su solicitud pero la respeté, solo que al ratito me acerqué para pedirle una foto. Me dijo que sí y le tomé una foto con mi celular, luego me dijo: -“búscame, José Antonio, ahora por favor déjame estar solo”.

Estuve en la presentación, la cual además fue en viernes a las 9 de la noche, en el salón más apartado de la Expo Guadalajara, creo que ningún libro en los 9 días de la FIL, ninguno estuvo programado a esa hora, pero como era venta nocturna, todo estuvo abierto hasta las 11 de la noche. Yo iba acompañado de la promotora musical Minerva Hernández, con quien fuimos a buscar algunos libros para su hija, luego la invité a que fuéramos a ver a Bayly, que como buen showman no tuvo presentador y realmente nos tuvo botados de la risa una hora.

Todo terminó, yo no tenía dinero para comprar el libro, no tenía entrevista pactada con Bayly y no parecía que las cosas fueran a cambiar, pero fue al día siguiente que previo a la presentación del libro de Mónica Maristain, el cual yo la acompañé en la mesa, que cuando la agente literaria de Bayly se acercó a Mónica en el restorán del Hotel Barceló, lugar al que llegué por otro motivo, dije que yo también quería entrevistarlo, Mónica me apoyó y magia, me dieron el libro y la hora para entrevistarlo.

Aunque al final todo indicaba que eso no sería, pues la hora pactada se atravesó con la presentación del libro de Mónica Maristain donde yo debía estar lloviera tronara o relampagueara el cielo. Esperando a Bayly que terminara una entrevista con otro colega, me retiré del pequeño bar dentro del Hotel Barceló, donde yo me encontraba para que fuera mi turno, le dije a la agente literaria que debía irme, me dijo ligeramente arrastrando la voz que no me preocupara que ella me llevaba a Bayly a la sala de prensa de la FIL, luego de presentar el libro de Mónica, algo que sonaba totalmente irreal.

Terminando la increíble presentación de Los mexicanos ejemplares, de Mónica Maristain, salí de la Expo Guadalajara, crucé la avenida, me metí al Hotel Barceló acompañado de Roberto Estrada, me encontré a la agente literaria que prácticamente dormía en la barra y le dije que venía para la entrevista con Bayly: “te está esperando en el piso 19″ -me dijo-. Así que busqué como llegar hasta ahí, mientras la agente literaria ya estaba zigzagueando rumbo a las escaleras eléctricas para dejar del hotel.

Hablé con Bayly de Los genios, de Gabo y Vargas Llosa, de Javier Milei, a quien él apoyó para presidente de Argentina, le cuestioné eso y le recordé que Milei prácticamente le dijo “elefante” por ser bisexual cuando lo entrevistó, me dijo, por otro lado, que él no estaba de acuerdo con el gobierno de AMLO, también hablamos de Cuba y de que su familia quería que él fuera presidente del Perú, pero él no quiso.

Ahora que esté de vuelta la página de la revista Los Cínicos, que por el momento se encuentra fuera de servicio, les comparto esa charla, la única charla que quería tener yo y la que pensé que nunca sería, porque semanas antes de la FIL Guadalajara, me enteré que venía Bayly, algo que según nos dijo fue casi un milagro, pues no va a muchas ferias.

Que ojo, yo ya había conversado con Bayly hace como diez años, pero por un libro que me llegó sin esperarlo, que yo poco sabía de él, que fue en el stand de la editorial y que no era este libro que estoy seguro que para Jaime ha sido uno fundamental, pues nadie iba a poder escribir esta historia con la libertad y la ironía como lo hizo él, pues muchos escritores peruanos le temen a Mario Vargas Llosa, le temen que su carrera literaria sea enterrada tras alguna crítica que le disguste al Nobel, como Julio Meza, escritor peruano que era muy amigo mío y que hizo un cuento dedicado a Vargas Llosa, pero con “i” griega, la historia de un hombre empresario que no tiene ni manos ni pies y que un día despertó teniéndolas, lo que hizo que su negocio de motivador en silla de ruedas se derrumbara y las marcas que lo respaldaban lo querían demandar, porque tener ahora manos y pies les tiraba el negocio multimillonario.

Ese empresario se llamaba Vargas Yosa, con i griega, repito, pero Julio Meza le daba miedo que Vargas Llosa supiera de su cuento editado por una editorial mexicana, Ediciones Periféricas, de Nahum Torres y María Amor, que forma parte del libro La máquina del orgasmo infinito.

Jaime Bayly
El puñetazo fue una idiotez machista. Foto: FIL

Jaime Bayly trae un libro con el que logra hacer lo mejor que se puede hacer con algo que ni Vargas Llosa ni García Márquez quisieron hablar, insisto, y esto es hacer una novela y donde Bayly baja a ras de suelo a esos dioses de la literatura y los muestra en su dimensión más humana, llena de defectos. Me cuenta Bayly que Mario Vargas Llosa ya leyó el libro, que lo supo porque dice que le contaron que el Premio Nobel fue por un ejemplar a alguna librería. Que le mostraron fotos de ese momento.

Atrás de la primera página, donde está el título de la novela, en letras muy pequeñitas, se lee lo siguiente: “Este libro no es un texto histórico ni una investigación periodística. Es una novela, una obra de ficción, que entremezcla unos hechos reales, históricos, con unos hechos ficticios que provienen de la inventiva del autor”.

Así o más real.

Comments are closed.