The Long Shadow

RESEÑA | The Long Shadow: la crueldad de la bestia de Yorkshire y la incompetencia policial

The Long Shadow (2023) es la narración de un lugar inhabitable y en constante paranoia, enredado en una investigación policial de juzgado de guardia, contando con el consentimiento y bendición de las familias. TLS, trata en detalle, la convulsa década, a la búsqueda de un asesino despiadado y escurridizo.

Ciudad de México, 25 de octubre (MaremotoM).- Hay un lugar en la vieja Gran Bretaña que ha traído de cabeza a los gobiernos de los años 70, 80 y casi 90. Inicialmente, a los laboristas de  Callaghan y a posteriori, a la dama de hierro, Mrs. Thatcher.

Hablamos del mayor territorio del norte de la isla; Yorkshire y sus tres condados metropolitanos del norte, sur y oeste. Leeds, Sheefield y Northallerton. Cuna del laborismo británico y espina dorsal de lo que se llamó el powerenergy /Made in UK de la década, del subidón industrial British, de finales de los 50 y principios de los 60.

Carbón, Acero, textil, ferrocarril y transporte fluvial de mercancías tiraban de aquel auge económico hasta el frenazo, en seco, de la crisis del petróleo en 1973 y la entrada en la UE, del club de Bruselas. Vinieron los años agrios y duros, que dejaron a esta rica región, completamente, devastada; sin economía, sin orgullo y sin vida. A ello, hubo que sumarle a un nuevo elemento enturbiado y criminal: el destripador de Yorkshire generó una nueva, verdadera y cruel industria de asesinatos y caos, entre las mujeres del Yorkshire de todos los ámbitos.

The Long Shadow
The Long Shadow, una película de este año. Foto: Cortesía

Fueron los días oscuros de ese monstruo que tuvo en vilo a todo un imperio. El escritor  David Peace, originario de Leeds, escribió una obra de culto; la trilogía Red Riding. A partir, de esos demoledores y macabros asesinatos como un telón de fondo evocador (Peace era un cazador de ambientes para quien el Destripador era el auténtico catalizador del estado de ánimo en su novela, muy en una línea de pseudo James Ellroy Noir y trilogía criminal de Los Angeles).

Posteriormente, construyó, GB84, una novela de alto contenido político centrada en la lucha entre los mineros liderados por Arthur Scargill y el gobierno de Margaret Thatcher (1983 está trufado de titulares de la campaña que la mantendría en Downing Street).

A partir de estos condimentos nos encontramos con unos trabajos audiovisuales, donde lo mejor, del audiovisual británico BBC, ITV o TV5 han creado maravillas como Happy Valley, The Pembrokeshire Murders, A Confession, Steeltown Murders o la fascinante Sherwood, ficción emitida por una cadena pública señala, sin ningún tipo de ambigüedad, donde el gobierno de Thatcher utilizó al SDS; un grupo de élite activo desde 1968 hasta 2008, como policía política, no para combatir el crimen organizado, pues tal es su función, sino para desestabilizar grupos de índole política que no eran de su agrado.

Y nos damos de bruces con la maravilla que acaba de realizar ITV, The long Shadow (2023), una serie que se distingue de la manada de dramas sobre asesinos en serie, y mucho menos de documentales, de los cuales, todas las plataformas de streaming tienen una sobrada cuota.

La regla general es que, por mucho que los creadores enfaticen que su firmamento se centrará en las víctimas y no en el perpetrador de los crímenes, de alguna manera todos terminan esclavizados precisamente por esa persona. Hay hombres canosos de Yorkshire bebiendo pintas en lúgubres clubes de trabajadores. A finales de la década de 1970, Leeds no era el Minerva, evidentemente. Empero, demasiado desgarrador, el hecho de que tantas mujeres hubieran sido obligadas a prostituirse (una presa fácil para el asesino) por la escasez de recursos familiares. Aun así, es difícil no sentir que la serie amplía la caricatura del “norte sombrío”, pintando a Leeds como una obscura rapsodia de papel tapiz manchado de nicotina y propiedades municipales privadas de sol.

The Long Shadow (2023) es la narración de un lugar inhabitable y en constante paranoia, enredado en una investigación policial de juzgado de guardia, contando con el consentimiento y bendición de las familias. TLS, trata en detalle, la convulsa década, a la búsqueda de un asesino despiadado y escurridizo.

Desde una perspectiva honesta, se presenta un drama potente, sobrio y desgarrador, sin una sola nota falsa. Los primeros episodios se concentran en presentarnos su situación en general, mientras las terribles dificultades financieras llevan a la asediada esposa y madre a vender sexo y la ponen fatalmente en la mira del mismísimo serialkiller/Sutcliffe.

El primer episodio se centra en la segunda víctima, Emily Jackson (Katherine Kelly), a quien su marido (Daniel Mays) sopesaba la idea de prostitución de Emily (entre la desesperación y la acumulación de facturas), en una balanza por la que ella; es quien toma ventaja en esa decisión. Kelly es fascinante, cada mirada comunica dolor, miedo y frustración.

Sin embargo, la propia Jackson se ve finalmente reducida a una larga lista de arquetipos: madre, descarta a las víctimas como “sólo” prostitutas, cuando sabemos que esposa, prostituta y víctima ante la ley parece los mismo. No obstante, toda la atención está puesta en la policía que investiga el asesinato.

El actor irlandés Michael McElhatton aparece como un engreído jefe superior de toda policía de Yorkshire: en otra interpretación de luxe para enmarcar. El inefable Toby Jones es el afable detective, avergonzado, Dennis Hoban, aunque exagera la credulidad al sugerir que la mayoría de los policías estaban del lado de las mujeres; que el asesino apuntó inicialmente. Como se muestra aquí, solo un policía deshonesto, así tenía esa actitud generalizada, de quienes trabajaban en la investigación.

El asesino no aparece, como es debido. Después de ella, está Marcella Claxton (Jasmine Lee-Jones), que sobrevive a un ataque con martillo por parte del hombre que pronto será etiquetado como “el Destripador de Yorkshire” por los medios, aunque el apodo, odiado por las familias, apenas se utiliza en The Long Shadow.

Aborta a los cuatro meses como consecuencia del ataque. De regreso a casa desde el hospital, la vemos tocar suavemente su terrible herida en la cabeza, tratando de verla en el espejo y medir su extensión, con el catre vacío al fondo: una evocación conmovedora de la extensión literal y metafórica del trauma; cuánto queremos encontrar sus límites y cuán imposible puede ser hacerlo.

No es simplemente la pobreza lo que lleva a los Jackson a soluciones extremas, sino que las presiones sociales y el deseo de no perder la cara frente a los vecinos están dibujados con cuidado y precisión. También lo son los sutiles prejuicios que alejan a Irene Richardson  de la oportunidad de conseguir un trabajo como niñera que podría haberla salvado de convertirse en la tercera víctima del asesinato de Sutcliffe.

Después del asesinato de Wilma McCann (la joven actriz Gemma Laurie) y la investigación que llevará cinco años para detener a Sutcliffe a pesar de que la policía lo entrevistó nueve veces, la atención se centra en Emily Jackson (Katherine Kelly). La pesquisa policial gira en torno a las historias de las mujeres y, aunque toca muchos temas familiares, maternidad, paro crónico de una industria descacharrada, donde todos los hombres andan ociosos entre el pub y sus viviendas.

The Long Shadow
Esto está mucho mejor hecho otras series de un cariz similar. Foto: Cortesía

La presencia de personas como Toby Jones, David Morrissey y Lee Ingleby como los diversos detectives que a lo largo de los años se ocuparon del caso; nos da una idea sobre la calidad del producto, pues, esto está mucho mejor hecho otras series de un cariz similar. Hay una grandísima producción y se nota, en cada detalle: vestuario, attrezzo o la fotografía. Hemos llegado a esperar que se muestren virulentas escena llenas de misoginia y racismo en dramas ambientados en décadas anteriores y que involucran a la policía (o cualquier otra institución difícil de manejar y dominada por hombres), pero The Long Shadow logra arraigarlos de manera más silenciosa y con paso firme. Es una forma de vida, una forma de pensar más que una sucesión de grandes casos (aunque todavía tiene sus momentos, como cuando la entrevista de los detectives en el hospital con Claxton se convierte en un interrogatorio, cuando su cortesía diseñada frente a un afrobritánico la mujer comienza a desquiciarse).

Pensemos, que en 1975, las investigaciones están a cargo del oficial Dennis Hoban (Toby Jones), pero a lo largo de la serie veremos a otros investigadores tomar las riendas ante los fracasos de sus antecesores, entre ellos George Oldfield (David Morrissey), que ocupa la última parte de la historia.

Conforme se van desarrollando los asesinatos y la investigación, da la impresión de que estamos más ante una crónica social que ante un True crime, sobre todo cuando las mujeres salen a las calles, cansadas de la incompetencia de la policía, “reclamando las noches” frente a la orden de quedarse en casa, en un emocionante montaje, mientras suena la versión de Peggy Lee de la canción de Paul Simon “Bridge over the troubled wáter” (1970), una de las favoritas de Jacqueline Hill (Daisy Waterstone), la última víctima del asesino.

En este sentido, podemos decir que The long shadow  (2023) es la mejor serie dirigida por Lewis Arnold, y eso que ha sido el responsable de lo mejor que se ha hecho en Gran Bretaña en los últimos años, dirigiendo producciones destacadas como (Des, 2020 el drama de Dennis Nilsen protagonizado por David Tennant)), citada anteriormente, o Time BBC (2021) y Sherwood (2022). Hay un estilo reflexivo que impregna toda la historia y que transforma un thriller policial en un profundo estudio de las consecuencias de una sociedad limitada por los prejuicios. Escrita por George Kay (cuya última aparición fue la muy diferente y divertida en el secuestro de Hijack Apple Tv (2023)  protagonizada por Idris Elba) y dirigida por Lewis Arnold, joven cineasta que se ha curtido en el canal británico con las series citadas anteriormente. Pero quizás lo más sorprendente es que esta historia contada con los resortes de la narrativa clásica, ya que Kay, siendo responsable de algunos éxitos que tienen una textura completamente diferente, como el caso de la exitosa Lupin (Netflix, 2021).

La escritura de GK es mucho más sutil y elaborada, evitando caer en el sensacionalismo para centrarse en la descripción del entorno social y las consecuencias del pánico provocado por la sucesión de trece asesinatos a lo largo de cinco años. Su nombre merece ser olvidado tanto como subrayar que se recuerde a las víctimas. Pero es difícil ver cómo TLS ayuda con eso. El caso del Destripador de Yorkshire es un ejemplo de incompetencia policial y misoginia que tiene las suficientes fracturas tanto para Irlanda como para el Reino Unido. Se observará a lo largo de todos los episodios una torpeza que llega al paroxismo de la desidia. The Long Shadow (al menos hasta ahora, que ya está más lejos que la mayoría) rompe con la regla general. Más que cualquier interpretación de un caso notorio que uno recuerda, siendo, un chavalín. Pues, la atención está en las mujeres. En concreto, las mujeres vivas. Y, cuando se van, las personas que dejan atrás. Todo esto significa que entendemos mejor cómo la investigación salió tan mal tantas veces, e incluso “los buenos” creyeron que las muertes de trabajadoras sexuales (y asumiendo que cualquier mujer cerca de una zona de calle conocida lo era) no valía la pena generar muchos esfuerzos, y por ende, el de cualquier mujer borracha, y claro la noche es muy fiera y a lo mejor, recibió lo que se merecía. Empero, ahora que podemos ver los que significa e interpretar mucho mejor sus actitudes descendientes y la reiteración con la que insidiosamente siguen actuando contra las mujeres. Excelentes y enormes escenas sexistas/racistas o una clara división entre los malos policías y los esos pocos —angelicales— que han logrado trascender sus épocas nos permiten creer que las cosas son diferentes ahora. La sutileza y el cuidado de The Long Shadow parecen negarnos ese consuelo equivocado. Ya que la mirada amplifica el interés más allá del retrato del culpable, la hace mucho más profunda y absolutamente más relevante que la mayor parte de las series basadas en crímenes reales. Lo dicho, estamos ante una gran serie y todo un documento sociológico de historia criminal contemporánea del Reino Unido, pero no se olviden, delante de una ficción de un nivel magistral. Los dos primeros episodios son dignos de los mejores films del mismísimo David Fincher.

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