¿Será este el disco que consolide a Rosalía como una de las grandes creadoras europeas de su tiempo? Quizá. Lo cierto es que LUX no busca certezas. Es un álbum que ilumina y confunde, que emociona y descoloca, que habla en lenguas y reza en silencio. Una experiencia total, radical y profundamente humana.
Ciudad de México, noviembre de 2025.— Después de tres años de silencio discográfico, Rosalía regresa con un disco que se aparta de todo lo que se espera de una estrella del pop global.
LUX, su cuarto álbum de estudio, es una exploración de lo espiritual, lo femenino y lo divino, pero también una declaración de independencia artística. No hay aquí fórmulas ni concesiones: hay riesgo, fe y una voluntad de trascendencia que convierte al disco en un acontecimiento más que en un simple lanzamiento musical.
ROSALÍA ILUMINA LA OSCURIDAD: BERGHAIN, PRIMER MOVIMIENTO DE SU UNIVERSO SONORO
El primer adelanto, “Berghain”, llegó a finales de octubre como un relámpago. La canción —un encuentro entre Rosalía, Björk y Yves Tumor— mezcla tres idiomas, la London Symphony Orchestra y la energía electrónica de un club berlinés. El video, filmado entre sombras y luces estroboscópicas, termina con una paloma blanca sobrevolando el escenario: un símbolo que condensa la intención de LUX, ese intento de hallar pureza en medio del ruido.
“God has given me so much, the least I could do is make an album for him”, dijo la cantante al diario Le Monde, cuando presentó el proyecto en París. No se trata de un disco religioso, sino de una búsqueda íntima, casi ascética. Rosalía lo define como “una obra sobre la mística femenina, la transformación y la trascendencia”.
LUX está dividido en cuatro movimientos y contiene 18 canciones en su edición física. Se cantan en español, catalán, inglés, alemán, árabe, hebreo y ucraniano. Participan voces como Estrella Morente, Sílvia Pérez Cruz, Carminho y Caroline Shaw, además de la orquesta dirigida por Daníel Bjarnason.
Rosalía trabajó más de dos años en el álbum. En una entrevista confesó que, durante parte del proceso, “guardaba el teléfono en una caja” para poder concentrarse. En esas sesiones aisladas, entre partituras y sintetizadores, fue moldeando un sonido que combina lo clásico y lo urbano, el canto litúrgico y la percusión digital, la rumba y el fado, la oración y la pista de baile.
Una obra contra los algoritmos
Para Pepa Blanes, jefa de Cultura de Cadena SER, LUX es “un disco contra los algoritmos”, un álbum que exige una escucha atenta en tiempos de inmediatez. The Guardian lo calificó con cinco estrellas y lo definió como “una experiencia cautivadora e inmersiva”. En El País, el crítico Jordi Bianciotto escribió: “Rosalía rompe las costuras del pop con un salto al vacío intenso y fascinante”.
No todas las reseñas fueron entusiastas: Infobae España la consideró una obra “tan arriesgada como pretenciosa, que a ratos da dolor de cabeza”, pero incluso quienes dudan del resultado reconocen la ambición del gesto: en un panorama dominado por la repetición, Rosalía vuelve a apostar por el desconcierto.

El título del álbum —LUX, luz en latín— parece un manifiesto. Rosalía se ilumina para exponer sus contradicciones: la fama y el agotamiento, la fe y la carne, la oración y el deseo. En una de las canciones, canta: “No hay cuerpo sin caída, ni alma sin herida”, un verso que podría resumir todo el disco.
Durante su paso por México, la artista compartió anécdotas menos solemnes: probó por primera vez el pozole y las enfrijoladas, se enamoró del agua de horchata y aseguró que escuchó la mezcla final de LUX en una terraza de la colonia Roma. “México siempre me ha dado suerte”, dijo.
Desde Los Ángeles hasta Motomami, Rosalía ha construido una identidad que incomoda y fascina a partes iguales. En LUX, esa inquietud alcanza su punto máximo. Ya no busca complacer: busca sentido. No canta para TikTok ni para el algoritmo, sino para su propio misterio.
El disco es también una respuesta al desgaste de la fama. “El precio a pagar por la industria musical es muy alto”, admitió. LUX suena, entonces, como una liberación: una artista que se despoja de su propio personaje para encontrarse otra vez con la música.
¿Será este el disco que consolide a Rosalía como una de las grandes creadoras europeas de su tiempo? Quizá. Lo cierto es que LUX no busca certezas. Es un álbum que ilumina y confunde, que emociona y descoloca, que habla en lenguas y reza en silencio. Una experiencia total, radical y profundamente humana.
Como escribió un crítico: “Rosalía no hace pop. Hace milagros con un micrófono”.











