Hay artistas que no llegan al flamenco: el flamenco los encuentra. Ese es el caso de Sebastián del Buen Ayre, bailaor argentino cuya historia personal parece escrita entre las calles de Buenos Aires y los compases que laten en Cádiz, Sevilla y Granada. Su nombre artístico evoca su ciudad natal, pero también un destino: el de un artista que convirtió la mezcla cultural en un modo de vida.
Ciudad de México, 17 de noviembre (MaremotoM).- El nombre artístico de Sebastián del Buen Ayre no solo rinde homenaje a su ciudad natal: sintetiza un recorrido vital que une Buenos Aires con Andalucía, América Latina con Europa y la tradición flamenca con los lenguajes contemporáneos. Bailarín, creador escénico y artista con más de treinta años de trayectoria internacional, Sebastián ha llevado su arte a escenarios de Europa, América del Norte y Sudamérica, construyendo una estética donde la raíz flamenca convive con búsquedas personales, ritmos alternativos y una investigación continua sobre el cuerpo y el sonido.
Su relación con el flamenco nació sin antecedentes familiares. En su casa no había guitarras ni cantaoras; había, en cambio, una mezcla cultural rioplatense que despertó en él una percepción temprana del ritmo, la percusión corporal y la expresividad. Descubrió el flamenco en la adolescencia y —como él mismo dice— “ya no me pude separar más”. Desde entonces inició un entrenamiento riguroso que lo llevó a estudiar con maestros de España y América, trabajar con figuras como Antonio Canales y sumarse a un linaje que reconoce en Carmen Amaya uno de sus faros fundacionales.
Cree que el flamenco y el tango comparten una raíz profunda: ambos nacieron del mestizaje, del encuentro entre culturas europeas, afrodescendientes y latinoamericanas. “La cultura africana es fundamental; sin ella no habría tango ni flamenco”, afirma. Esa mirada histórica atraviesa su baile y explica su obsesión por el ritmo como columna vertebral del movimiento: “El bailaor también es un músico. El cuerpo hace percusión. El oído tiene que ser muy fino”.

Una trayectoria que busca romper moldes
Sebastián del Buen Ayre no es un conservador del flamenco: es un custodio de su raíz y, a la vez, un explorador de sus posibilidades. Sus treinta años de carrera lo han llevado a perfeccionar la técnica tradicional, pero también a investigar otros lenguajes: la electrónica que escuchaba de adolescente, el jazz, la escena alternativa de los noventa y los recursos visuales contemporáneos. Esa mezcla, lejos de alejarlo de la tradición, lo impulsa hacia una interpretación más amplia del arte flamenco como disciplina viva y universal.
Ha trabajado como solista, director, coreógrafo y maestro, reuniendo alrededor de su obra a músicos y bailarines de varias partes del mundo. Su presencia en México se ha vuelto constante: el país, dice, lo recibe siempre con los brazos abiertos y se ha convertido en uno de sus territorios creativos favoritos.
Noises Flamenco: una experiencia inmersiva en el Lunario
Este 11 de diciembre presentará en el Lunario del Auditorio Nacional Noises Flamenco, un espectáculo que él mismo concibe como una experiencia sensorial total. No se trata solo de flamenco en escena: es un entorno expandido, un dispositivo artístico donde el público se sumerge dentro del movimiento, la música y las proyecciones que conforman la dramaturgia del montaje.
“El espectáculo le permitirá al público sumergirse dentro de la escena y vivirla a través de una experiencia sonora donde el flamenco es el hilo conductor, enriquecido con otros géneros”, explica. “La música, el vestuario y todos los elementos presentes crearán una propuesta innovadora en la que el espectador irá mucho más lejos”.
En Noises Flamenco, la biografía musical del artista aparece en primer plano. “Será una velada en la que el público disfrutará las distintas músicas con las que he interactuado a lo largo de mi vida”, añade. “Son sonidos que me han hecho comprender el universo de ritmos que enriquecen mi arte flamenco y mi propio lenguaje”.
El espectáculo reúne a un equipo de cerca de treinta artistas: músicos provenientes de España, Estados Unidos y México; un cuerpo de baile; artistas invitados; y un diseño visual y sonoro que transformará el Lunario en un espacio envolvente. “Este espectáculo es una idea original que se deriva de mi investigación personal y artística —detalla—. El flamenco es la arista principal, pero se ve enriquecido por otras disciplinas y sonidos. El vestuario hará que cada pieza musical tome vida única en el escenario”.
Volver al Lunario es, para él, una alegría: lo considera un espacio cercano, íntimo y perfecto para este tipo de propuesta. “Volver aquí después de recorrer tantos escenarios es un privilegio”, afirma. “Este espectáculo viene a proveer una visión más del acervo infinito del arte flamenco actual. Me siento encantado de tener un magnífico equipo de artistas nacionales e internacionales que darán vida a esta propuesta”.
Un artista que expande el canon
Sebastián del Buen Ayre pertenece a esa generación de creadores que entienden el flamenco como un arte universal, capaz de dialogar con otros lenguajes sin perder profundidad ni rigor. Su baile parte de la tradición, pero no se detiene en ella: explora, convoca, abre puertas.
Noises Flamenco será su manera de mostrar esa expansión: un puente entre su formación clásica, sus búsquedas contemporáneas y su deseo de acercar el flamenco a nuevos públicos. Una noche donde el cuerpo, el ritmo y las raíces dialogan con la tecnología, la música alternativa y la emoción pura.
Los boletos ya están disponibles. La experiencia —como su baile— promete quedarse en la memoria.











