Susan Sarandon

SUSAN SARANDON, DEL CINE AL ACTIVISMO

Siempre arriesgada en sus elecciones, capaz de habitar personajes vulnerables y al mismo tiempo potentes, la actriz consolidó un lugar de respeto en una industria que pocas veces reconoce a las mujeres con trayectorias largas.

Ciudad de México, 29 de agosto (MaremotoM).- Susan Abigail Sarandon, nacida en Nueva York en 1946, es una de esas figuras que desbordan el límite de la pantalla.

Su carrera actoral la ha llevado a ser reconocida como una de las intérpretes más sólidas y versátiles de Hollywood, con una filmografía que cruza géneros y décadas.

Desde The Rocky Horror Picture Show en 1975 hasta Thelma & Louise en 1991, pasando por la conmovedora Dead Man Walking en 1995 —que le valió el Oscar a Mejor Actriz—, Sarandon ha construido un legado en el que la calidad dramática se combina con un magnetismo inconfundible.

Siempre arriesgada en sus elecciones, capaz de habitar personajes vulnerables y al mismo tiempo potentes, la actriz consolidó un lugar de respeto en una industria que pocas veces reconoce a las mujeres con trayectorias largas.

Susan Sarandon, de todos modos, no es solo una estrella de cine. Desde hace décadas, ha hecho de la política y la justicia social una extensión natural de su vida pública.

Susan Sarandon
Susan Sarandon, de todos modos, no es solo una estrella de cine. Foto: Cortesía

En 1999 fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF y más tarde recibió la misma distinción por parte de la FAO, organismos con los que trabajó en campañas contra la pobreza y la desnutrición infantil.

A lo largo de los años, ha sido una voz incómoda y firme: se opuso a la guerra de Irak, apoyó el movimiento Occupy Wall Street, marchó contra las políticas migratorias de Donald Trump y en 2018 llegó a ser detenida en el Senado de Estados Unidos durante una protesta por la separación de familias inmigrantes.

Su activismo no es retórico: lo ejerce con la misma entrega que su trabajo como actriz.

En tiempos recientes, Sarandon ha vuelto a estar en el ojo mediático por su defensa de Palestina. En 2023, tras participar en una manifestación pro-palestina en Nueva York, fue expulsada de su agencia de representación y perdió varios proyectos en Hollywood. Ella misma declaró entonces que había sido usada como ejemplo de “lo que no hay que hacer si quieres seguir trabajando”. No obstante, la actriz, lejos de amedrentarse, redobló su compromiso. En 2024 firmó una carta, junto a más de 380 personalidades del cine como Pedro Almodóvar, Javier Bardem y Alfonso Cuarón, en la que se condenaba el genocidio en Gaza y se exigía a la comunidad cultural internacional no guardar silencio ante la crisis humanitaria.

 

Hoy, a sus 78 años, Susan Sarandon se suma a la llamada Global Sumud Flotilla, la mayor flotilla civil de ayuda a Gaza, que partirá en el segundo semestre de 2025. Con ello, no solo reafirma su condición de activista, sino que une su destino al de cientos de voluntarios que buscan romper el bloqueo y llevar ayuda humanitaria al pueblo palestino.

Se trata de un gesto de coherencia que refleja cómo ha elegido vivir sus últimos años de vida pública: lejos del glamour vacío, cerca de las causas que definen la dignidad de los pueblos.

Esa coherencia ha marcado también sus decisiones artísticas. En paralelo a sus luchas políticas, Susan Sarandon nunca dejó de actuar en cine, teatro y televisión, escogiendo papeles que desafiaban los estereotipos de la industria.

En 2017 sorprendió en Feud, la serie que reconstruía la rivalidad entre Bette Davis y Joan Crawford, interpretando con inteligencia a una Bette Davis madura, luchadora, feroz. Esa capacidad de dar matices y hondura a sus personajes es la misma que ahora despliega fuera de la pantalla, donde cada acción pública se convierte en un acto performático de resistencia.

La actriz sabe que ha pagado un precio por sus convicciones: pérdida de contratos, proyectos cancelados, silencios incómodos en una industria cada vez más regida por intereses económicos, pero también ha ganado algo invaluable: la autoridad moral de ser una artista que no se limita a entretener, sino que vive conforme a lo que predica. “La libertad de expresión es un derecho que todos tenemos”, dijo recientemente en una audiencia en la que defendió a un activista palestino-estadounidense. Y esa frase resume la tenacidad con la que ha enfrentado tanto la cámara como la calle.

Susan Sarandon
El barco zarpa el domingo, con Susan adentro. Foto: Cortesía

Susan Sarandon representa hoy una rara síntesis: una actriz de prestigio indiscutible que, lejos de acomodarse en el confort de los premios, ha decidido encarnar la disidencia, el compromiso y la solidaridad. Su lucha política y su calidad actoral se funden en un mismo gesto, y su presencia en el barco de la solidaridad hacia Gaza confirma que, para ella, el cine y la vida no son territorios separados, sino capítulos de una misma narrativa: la de alguien que se niega a callar ante la injusticia.

Comments are closed.