The Flaming Lips

The Flaming Lips, el espíritu de la psicodelia

Los músicos de EEUU hicieron una parada en Querétaro para reflexionar sobre uno de sus discos más queridos: Yoshimi Battles the Pink Robots. La banda interpretó parte del álbum brindando a los fanáticos un regalo poco común

Ciudad de México, 10 de octubre (MaremotoM).- La primera sorpresa fue llegar a Querétaro y no encontrar una convención de turistas de la CDMX atiborrando la central de autobuses local. Las hordas de melómanos enfundados en camisetas de bandas de rock, shorts de jeans, chamarras de cuero y tenis brillaron por su ausencia previo al acontecimiento de música alternativa del año en la región centro-norte del país, el Pulso GNP. Por mi parte, obedecí el llamado de la psicodelia. Me juré que ahí donde Wayne Coyne y compañía pusieran un pie, así fuera amenizar la final de un concurso de bandas patrocinado por alguna empresa mexicana de telecomunicaciones, ahí estaría yo.

Las carreteras no saben nada de música

La ley es la misma para todos y se aplicó a todos de la misma manera. El tramo en reparación en la Autopista México-Querétaro provocó que un viaje de tres horas se convirtiera en uno de poco más de cuatro. Además, el viaje de la terminal de autobuses al Ecocentro Querétaro, programado para 20 minutos en auto, duró poco más de 50. La convención ausente tomó forma de éxodo, todos nos pusimos de acuerdo, sin saberlo, para llegar a la misma hora al festival. Desesperado, como buen cronópata recién convertido, miraba por la ventana del taxi cada vez que éste detenía su marcha. Ver la cara de desesperación del taxista que se aventuró a hacer el viaje sin saber que había un concierto programado en el Autódromo de Querétaro fue una clara invitación a terminar la última parte del recorrido a pie.

Austin TV
El ánimo cambió cuando Austin TV presentó Rizoma en el escenario secundario. Foto: Cortesía / Liliana Estrada

Se dice que llegar temprano a un concierto es un antimanifiesto. Cumplir involuntariamente con aquella declaración pública de principios e intenciones, hizo que me perdiera a Los Dynamite.

Después de cruzar el umbral que separa al mundo de los piadosos de la música del resto de los mortales fui directo al stand de merch oficial por mi camiseta de los músicos de Oklahoma. Amablemente, al no encontrar una camiseta de los músicos que ofrecieron al mundo, hace 21 años, el mítico Yoshimi Battles the Pink Robots, el dependiente me ofreció una de Morat. La decepción me orilló a caminar junto a las huestes de nativos que se encaminaron a ver a Allison. Todo nacido entre finales de los ochenta y principio de los noventas del siglo pasado llevó un look de emo de Myspace —con su cabello largo en capas disparejas y fleco en la frente— escondido detrás de su corazón de adulto funcional.

El ánimo cambió cuando Austin TV presentó Rizoma en el escenario secundario. Enfundados en trajes blancos con máscaras del mismo color, la banda de post-rock instrumental, formada a principios de siglo en la Ciudad de México, fue un buen preámbulo. Entre los queretanos había muchas personas que no los conocía o no los había escuchado en vivo, pero pasaron la prueba de fuego. Roy Rogers encendió los animos y Rucci puso fin al breve pero alegre espectáculo.

Todavía faltaban varias horas para The Flaming Lips. Visité la zona de alimentos, desde ahí la vista daba a la entrada. Se podía observar cardúmenes de personas llegando. Al final, los organizadores hablan de 40 mil asistentes al festival, desplazándose entre los tres escenarios y la carpa dedicada a los comediantes. Resultó igual de impactante que ver un documental del salmón nadando en contra de la corriente. El folk, la música regional mexicana, el rap, el rock alternativo​, el power pop​, el metal gótico y la psicodelia, estuvieron presentes en el Ecocentro Querétaro.

A las 18:35 horas se subió División Minúscula. Javier Blake hizo cantar a pulmón suelto, con: Las luces de esta ciudad, Veneno es antídoto (S.O.S.), Sismo y Sognare al escenario Bacardí.  Una hora más tarde me asaltó una duda, quedarme a ver a Siddhartha, moverme al escenario principal a esperar a Morat o hidratarme. No hubo necesidad de tirar una moneda al aire. Café, un sillón cómodo y un poco de agua para aguantar las próximas horas.

División Minúscula
A las 18:35 horas se subió División Minúscula. Foto: Cortesía Liliana Estrada

A Siddhartha lo he visto en otros festivales y a Morat los vi desde las pantallas del segundo escenario. Debo reconocer que hubo momentos impresionantes cuando los intérpretes colombianos de Cómo te atreves y Cuando nadie me ve iluminaron el cielo queretano con fuegos artificiales y drones, quizá ese fue uno de los mejores momentos del evento, junto con la presentación de Amy Lee y compañía casi al final de la jornada.

Al caer la noche, llegó el momento psicodélico. Logré llegar hasta el frente del escenario Bacardí. Deseaba ver a Wayne Coyne y sus robots rosas lo más cerca posible. El Pulso GNP fue la primera fecha del Yoshimi Battles the Pink Robots World Tour 2023 en México. No lo sé con certeza, pero es probable que se uno de los mejores discos del primer cuarto de siglo, vio la luz el mismo año que Turn on the Bright Lights, de Interpol; One by One, de foo Fighters; Songs for the Deaf, de Queens of the Stone; y A Rush of Blood to the Head, de Coldplay.

Tenía tanta emoción de escuchar el disco en vivo que cuando sonó Fight Test mi cerebro ya estaba en otro planeta. Eso se extendió hasta One More Robot/Sympathy 3000-21. El característico uso de sintetizadores, guitarras acústicas, beats electrónicos y rock alternativo, acompañado con cuatro gigantescos robots rosas inundaron el escenario y contagiaron al público que no dejó de cantar con la banda y vitorear cada uno de los temas. Los primeros acordes de Yoshimi Battles The Pink Robots, Pt.1 me sacaron del trance y me llevaron a otro inundado de letras que hablan de la melancolía, el amor, las emociones artificiales, el pacifismo y la decepción.

Más emocionado que Charlie Bucket cuando entra a la fábrica de Willy Wonka, fui testigo de los cantos y brincos de los espectadores. Es verdad, las presentaciones de los músicos de Oklahoma no son para todos los públicos, pero los que asisten no pueden dejar de disfrutarlo. Si hay un disco que pueda lograr un extraordinario equilibrio entre experimentación desenfrenada y una buena dosis de pop comercial ese es el Yoshimi Battles. Basta con poner atención en cada uno de los tracks para percibir la esencia del disco completo. Wayne Coyne cantó con actitud y se movió por el escenario con soltura dando gracias al final de cada tema.

El setlist dio un giro de noventa grados con relación a las presentaciones anteriores del grupo. En lugar de continuar con In the Morning of the Magicians dio un brinco hasta Do You Realize??

The Flaming Lips
Es imposible pedirle a los Flaming Lips que no haga un setlist de puros éxitos porque, de alguna manera, todas sus canciones lo son. Foto: Cortesía Liliana Estrada

Es imposible pedirle a los Flaming Lips que no haga un setlist de puros éxitos porque, de alguna manera, todas sus canciones lo son. Quizá no son las mejores canciones de la historia del rock, pero sí de los corazones de los asistentes que asitieron al Pulso GNP solo para escucharlos. She Don’t Use Jelly dio un respiro a los fans solo para recuperar un poco de energía. Fue The Yeah Yeah Yeah Song la que destapó la cloaca emocional es música que es perfecta para nuestros tiempos… If you could blow up the world with the flick of a switch / Would you do it?.

Es difícil decir cuál fue el punto más álgido de la noche. Ver a Wayne Coyne disfrazado flor, Mujer Maravilla, cantar desde el interior de una esfera gigante, tirar globos gigantes hacia el público, mientras interpretaba: Are You a Hypnotist??, Pompeii Am Götterdämmerung y A Spoonful Weighs a Ton hizo que el boleto por asistir al festival valiera cada centavo.

The Flaming Lips
The Flaming Lips. Foto: Cortesía Liliana Estrada

Entonces llegó el final. Muchos, entre los que me incluyo, esperábamos una rola más del  Yoshimi Battles, Ego Tripping at the Gates of Hell quizá, pero no. Coyne nos abofeteó con ternura. Cerró su participación interpretando el momento más emotivo de la noche, Race For The Prize, tema de Soft Bulletin, le arrancó las lágrimas a más de uno. Al final del concierto estaba tan emocionado que me acerqué al escenario principal para descansar y quedé prendido. Evanescence me atrapó y no me dejó ir. Toda la gente se quedó a verlos a ellos y después a Capital Cities. Amy Lee no decepcionó a su público, la batería de Will Hunt sonó impecable y Emma Anzai es una de las mujeres bajistas del rock que todo el mundo debe escuchar.

Al final, me costó abandonar el Ecocentro Querétaro. Lo regular es que al final de un concierto todo mundo salga disparado, como las esquirlas de una granada, en distintas direcciones. Pero la noche del sábado fue distinta. Tocaron los Flaming Lips. Miré a los ojos a uno de los espíritus de la psicodelia.

 

 

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