Tito Fuentes: del ruido a la fragilidad, la entrevista que muestra su voluntad de seguir vivo. El hombre que incendió escenarios con Gimme the Power o Frijolero, hoy se presenta roto, vulnerable, humano. En esa humanidad hay un nuevo tipo de resistencia.
Ciudad de México, 6 de septiembre (MaremotoM).-El rock mexicano tiene historias de excesos y de gloria, pero pocas veces se ha mostrado con tanta crudeza y vulnerabilidad como en la entrevista que el escritor, editor y standupero Arturo Flores realizó a Tito Fuentes, guitarrista y voz de Molotov. Una conversación descarnada donde el músico habla de su deterioro físico, sus operaciones, el coma inducido de tres días que casi lo deja muerto y el lento regreso a una vida donde la música ya no ocupa el mismo lugar, pero la voluntad de seguir vivo lo empuja a reinventarse.
Arturo Flores, periodista, escritor y standupero
Para Arturo Javier Flores González (Ciudad de México), el aburrimiento es algo que no va con él. A sus 46 años se define como un contador de historias. Su pasión por escribir lo llevó a ganar el Premio Nacional de Novela Justo Sierra O’Reilly 2011, en la Bienal de Literatura en Yucatán, por su obra Te lo juro por Saló.
Es conferencista, autor de tres novelas, cuentos y dos libros de comedia. Además de su faceta como escritor, es standupero, profesor de la UNAM y editor en jefe de Playboy México. Su estilo combina humor corrosivo y observación aguda, lo que le ha permitido adentrarse en mundos incómodos y dar voz a personajes que difícilmente aceptarían entrevistas convencionales. En esta ocasión, su pluma y grabadora encontraron en Tito Fuentes a un interlocutor dispuesto a desnudarse emocionalmente, lejos de la imagen desafiante y contestataria de Molotov.
El derrumbe físico y la autocrítica
“Estuve muerto casi tres días”, confiesa Tito. Una complicación médica lo llevó a un coma inducido que lo dejó oficialmente “muerto en vida” durante dos días y medio. Esa experiencia lo marcó: “Fue mucho rostro, mucho descuido, la consecuencia de mis actos”, admite con una honestidad brutal. Tres décadas de excesos, alcohol y drogas pasaron factura en un cuerpo que hoy arrastra once cirugías, perforaciones, huesos que se salen del rostro y una voz que ya no le responde.
Lo notable de la entrevista es que Tito no se esconde: acepta sus errores, habla de su autodestrucción silenciosa y reconoce el privilegio que tuvo con Molotov, pero también la cárcel emocional en la que se convirtió repetir los mismos éxitos durante treinta años. Su relato no busca conmiseración: es testimonio de una vida al límite que ahora necesita encontrar nuevos cauces.
Si la música se le escapa, el arte plástico aparece como salvación. Tito relata su incursión en la pintura y en el collage como formas de canalizar el dolor: “Cuando no sabía cómo decir lo que me pasaba, buscaba imágenes. Eso quiero decir”. Con su marca Ola, prepara intervenciones gráficas y hasta una línea de ropa sarcástica, con humor ácido, tan suyo. La creación, sea en notas o en trazos, es para él la única manera de seguir respirando.

Uno de los pasajes más fuertes de la entrevista llega cuando Tito reflexiona sobre la polémica canción “Puto”. Acepta que la letra arrastra indefendibles resabios homofóbicos y de masculinidad tóxica, pero insiste en que su personalidad nunca fue así. “Con el tiempo me di cuenta que estaba pegándole a una generación. Yo empecé terapia a los 38 y la terapia me salvó la vida”. Hoy defiende el derecho de los hombres a llorar, a hablar de salud mental, a abrazar la fragilidad sin miedo.
La entrevista de Arturo Flores es un hallazgo porque no maquilla la realidad: Tito Fuentes ya no canta como antes, su voz está dañada, su cuerpo también, pero lo que emerge es algo más poderoso: la voluntad de seguir vivo, de reinventarse en el arte, de acompañar a sus hijos y de reconocerse como alguien que cayó y se levantó. “Sí me voy a levantar más”, dice con ironía, pero también con determinación.
Tito Fuentes, el hombre que incendió escenarios con Gimme the Power o Frijolero, hoy se presenta roto, vulnerable, humano. En esa humanidad hay un nuevo tipo de resistencia.











