Con una prosa certera y afilada, TIM narra la vulnerabilidad de un ser al límite de su conciencia en combate consigo mismo y el mundo que le rodea. Como si de una metáfora de nuestro presente se tratara, el relato se construye y deconstruye una y otra vez hasta colocar al lector ante el abismo de lo verdadero y del concepto último de identidad.
Ciudad de México, 18 de julio (MaremotoM).- Vuelve Ray Loriga, Premio Alfaguara de Novela, con una historia al borde del abismo sobre los límites de lo humano.
El narrador de TIM (Alfaguara) de esta historia despierta en una cama que no reconoce en una habitación que no siente propia. Está amaneciendo y no sabe dónde está, ni que le impide levantarse, le cuesta abrir los ojos e identificar los ruidos y las voces que llegan desde el exterior. En su duermevela, trata de engarzar un recuerdo con otro hasta componer un mosaico en el que solo una constante parece anclarlo a la realidad: la relación que le une a Elisa y Tim.
Con una prosa certera y afilada, TIM narra la vulnerabilidad de un ser al límite de su conciencia en combate consigo mismo y el mundo que le rodea. Como si de una metáfora de nuestro presente se tratara, el relato se construye y deconstruye una y otra vez hasta colocar al lector ante el abismo de lo verdadero y del concepto último de identidad.
En una conversación íntima con la Cadena SER, en el programa que conduce Pablo Tallón, desgranó con humor, sinceridad y ese brillo filosófico que lo caracteriza, sus pensamientos sobre la escritura, la identidad, el humor, la fiesta de la vida y hasta las varices.

Un escritor con linternita: la mirada de Jabois
Manuel Jabois lo definió así: “Si no es el tipo más elegante y generoso de la literatura contemporánea, el que lo sea se debe parecer mucho a él”. Y añadió que escribe “con una linternita muy inteligente, alumbra lo que no debe y eso es la literatura”.
Loriga, al escuchar el elogio, se limitó a sonrojarse y agradecer con humildad. “Me encanta que lo diga Jabois, que es un magnífico escritor, pero claro, es buen amigo”, reconoció entre risas.
TIM: una novela que elimina muros de carga
En Tim, el protagonista permanece tumbado en la cama, reflexionando, recordando, hilando pensamientos como mensajes en botellas lanzadas al mar. La novela prescinde de la clásica estructura de planteamiento, nudo y desenlace. “Intenté quitarle el muro más gordo a una novela: la trama”, explicó Loriga. “Quería ver qué pasaba si eliminaba eso, como un vértigo narrativo”.
Y sí, le preocupaba que el experimento no funcionara, pero el humor fue su salvavidas: “Si un libro no funciona pero al menos es divertido, se puede leer. El humor es una forma elegante de saltar charcos”.
Identidad, fiesta y duda: Loriga desde el sofá
Para Loriga, los personajes se construyen desde las dudas más que desde las certezas. “Yo tengo una noción de mí bastante relativa. Nos definimos por la mirada de los otros”, confesó. Su narrador, como él mismo, está lleno de huecos, zonas oscuras, una identidad que se proyecta y se esfuma.
Y cuando la charla giró hacia las fiestas –esas metáforas de la vida– soltó una de sus perlas: “Solo hay dos maneras de salir de una fiesta: odiando a los demás o odiándote a ti mismo. Yo soy de los que se va odiándose a sí mismo”. Loriga, un cronista de las derrotas cotidianas, de lo que no encaja, es más un observador que un protagonista. “Nunca encajo del todo, ni como gracioso ni como callado”.

Loriga no esquiva hablar del ego en el mundo literario: “Los escritores tendemos a recomendar colegas muertos porque no son competencia. Los derechos de autor mueren a los 70 años”. Y aunque celebra excepciones como Rosa Montero o la fallecida Almudena Grandes, admite que en el oficio escasea la generosidad.
Sobre la Feria del Libro, fue tajante: “Ya no es la feria de la literatura, es la feria del libro. Y libro puede ser cualquier cosa, desde cupcakes hasta autoayuda. Escribir libros no siempre significa hacer literatura”.
Guionista, director y letrista ocasional (escribió una canción para Cristina Rosenvinge), Loriga ha probado otros terrenos creativos, pero hoy, afirma, ya no le pican tantos gusanillos: “A esta edad ya no hay gusanillos, hay calambres. O varices”.
Eso sí, no descarta escribir más guiones, pero su barco navega claramente en aguas literarias. “Mi pasión es leer. Por ende, escribir. No quiero hacer otra cosa. Seguiré escribiendo mientras pueda”.
Ray Loriga (Madrid, 1967), novelista, guionista y director de cine, ganador del Premio Alfaguara de Novela 2017. Es autor de las novelas Lo peor de todo, Héroes, Caídos del cielo, Tokio ya no nos quiere, Trífero, El hombre que inventó Manhattan, Ya sólo habla de amor, El bebedor de lágrimas, Rendición (Premio Alfaguara de novela), Sábado, domingo, Cualquier verano es un final y TIM. También de los libros de relatos Días extraños, Días aún más extraños y Los oficiales y el destino de Cordelia y del ensayo Sombrero y Mississippi. Su obra literaria, traducida a diecinueve idiomas, es una de las mejor valoradas por la crítica nacional e internacional. Como guionista de cine ha trabajado, entre otros, con Pedro Almodóvar y Carlos Saura. Ha dirigido las películas La pistola de mi hermano, adaptación de su novela Caídos del cielo, y Teresa, el cuerpo de Cristo. Ha colaborado en publicaciones como Ajoblanco, El Europeo, El País y El Canto de la Tripulación.











